'Petricor', el documental que retrata el TCA en tres generaciones diferentes

La directora mallorquina Victòria Morell graba durante tres años a mujeres de diferente edad con trastornos de conducta alimentaria

Un cigarro asomando por la ventana, una de las protagonistas desnuda con los ojos cerrados en una bañera, la conversación de otra de las protagonistas con la psicóloga delante de un café y con ventanal de fondo, un sencillo cambio de sábanas. La cuidada fotografía y el hilo de banda sonora del documental Petricor acompaña tres historias duras pero con grietas de luz de mujeres de diferentes generaciones con trastornos de conducta alimentaria (TCA)

Neus, una joven madre de 30 años, Cuca, de 49, y María Luisa, de 78, se enfrentan a los demonios detrás de sus trastornos de conducta alimentaria (TCA) hablando con una psiquiatra que hace de hilo de conductor del documental con su trato amable acompañado de palabras contundentes y sus reflexiones al mismo tiempo prácticas y profundas, escarbando en el pasado de las historias sin dejar de incidir en cómo abordar el presente y futuro más inmediato. 

El documental, que llenó tres sesiones en el festival Atlántida y pasará por otros alrededor de España, lo ha dirigido una mujer que también ha sufrido un TCA. La directora mallorquina Victoria Morell explica a Código Nuevo que para ella fue duro enfrentarse de nuevo a la enfermedad: “Sumergirme en un trastorno que yo tengo latente, grabando tantas terapias y momentos en los que se confronta a las protagonistas fue duro y fue como un espejo. Se hablaba de cosas más allá del trastorno, como la soledad, los miedos, los vacíos, con las que también me sentía identificada”. 

Morell reconoce que incluso tuvo que pedir ayuda psicológica en algún momento del rodaje, que duró tres años, porque volvía a tener “momentos de no querer comer o de desactivar el malestar con comida”. “En ocasiones me he ido muy removida, con mucho malestar de los rodajes, porque hasta que no te vas y lo procesas no sientes paz”, añade Victòria. Con todo y con eso, fue una experiencia gratificante y le dio paz el hecho de “poder ofrecer una mirada más allá del prejuicio que muchas veces sientes del entorno, que te pregunta si estás delgada, por qué no te gustas o te dicen que comas y se te pasará”. 

Justo lo contrario que sintieron algunas de las espectadoras: “Llenamos tres sesiones en el festival de Atlántida y en Filmin la película estuvo tres días. En ese tiempo, recibí muchísimos mensajes de personas con TCA que se habían sentido acompañadas al ver el documental”, remata.