Películas y series cuyos personajes LGBT son realistas y no simples caricaturas

Cómo retratamos a los demás y a nosotros mismos dice mucho sobre nuestras relaciones sociales, así que los personajes de series y películas tienen una gran influencia. No basta con incluir algún rol homosexual o trans para que una producción se cuelgue la medallita de la diversidad. La inclusión pasa por la visibilización, pero también por la normalización. Para desestigmatizar al colectivo LGTB lo interesante es que los personajes de ficción tengan una personalidad trabajada (no estereotipada), y es más realista si en la trama les pasan más cosas más allá de su orientación sexual o su identidad de género. Aquí te dejamos algunos ejemplos de series y películas que han ayudado a representar dignamente la diversidad sexual sin hacer caricaturas ni simplificaciones.

Orange is the new black (2013-)

Además de engancharte a la primera, esta serie de Netflix es un buen martillo para cargarse estereotipos. Teniendo lugar en una cárcel para mujeres, las presidiarias lesbianas y bisexuales tienen perfiles diversos y complejos que se entrelazan con (pero no vienen determinados por) su sexualidad. Este elaborado abanico de personalidades y situaciones abre perspectivas más allá de la típica representación en pantallas de "la lesbiana". Otra de las joyas de OITB es el personaje de Laverne Cox, Sophia Burset, una mujer transgénero que va a la cárcel por fraude bancario para pagarse la operación de cambio de sexo. La fuerza de su interpretación y la crudeza de su historia han hecho empatizar a millones de personas.

Transparent (2014-)

Esta maravilla creada por Jill Soloway gira en torno a la vida de una familia de Los Ángeles tras descubrir que el padre, Morton (Jeffrey Tambor) es una mujer transexual. A partir de ahora será Maura, con sus complejidades e imperfecciones, y a sus hijos les sentará de forma desigual. Transparent habla de género e identidad, pero también del concepto de buen padre o buen/a herman@, de lo que significa ser judío y de traumas generacionales. La serie es divertida y triste por momentos, pero sobre todo es sensible e inteligente, y aunque retrate una historia concreta, te deja pensando en tu propia familia y en cómo reaccionarías si estuvieras en la piel de los personajes.

Glee (2009-2015) 

Las series con look mainstream que tienen una influencia neta positiva en el córtex de los jóvenes son más valiosas que algunos discursos políticos. La variedad de personajes con los que se han emocionado los seguidores de la serie musical Glee ha abierto muchas puertas a la comprensión, la tolerancia y el anti-bullying, sobre todo con el colectivo LGBT. Personajes como Kurt Hummel, un adolescente gay con un papel principal, son retratados con una profundidad y un cariño poco comunes. Él o el entrenador de fútbol transexual Sheldon (antes Shannon) Beist son solo algunos de los personajes que se han hecho un hueco en los corazones de muchos jóvenes y (esperemos) en más de un padre o madre.


Moonlight (2016)

Ganadora del Oscar a la Mejor Película el año pasado, Moonlight no trata solamente sobre ser negro, pobre y gay. El director Barry Jenkins tantea temas como la masculinidad y la represión a través de las etapas vitales de Chiron, un joven de Miami. Esta peli explora sutilmente las distintas identidades que conviven en una persona y nos muestra que algunos hechos que nos marcan (ir a la cárcel, ser drogadicto) no conforman una vida. Nos habla de decisiones, de la posibilidad de emanciparnos de nuestras circunstancias (un barrio violento, una madre drogadicta) en la difícil tarea de construirnos a nosotros mismos.

La vida de Adèle (2013)

Esta peli es poesía de principio a fin. A través de Adèle (Adèle Exarchopoulos) no vemos solo la vida de una adolescente que descubre su homosexualidad y el amor a través de Emma (Léa Seydoux). Vemos la existencia en todo su esplendor y su miseria. El director Abdellatif Kechiche te hace viajar con la misma intensidad por los momentos dramáticos, los tiernos y aquellos en los que parece que no esté pasando nada. Los colores, los matices e incluso lo más ordinario tiene una función en esta película, que no se limita a tratar un romance: nos abre un horizonte de emociones a través de la individualidad y la percepción de la protagonista.

Brokeback Mountain (2005)

Si este largometraje se ha convertido tan rápido en un icono es precisamente por el profundo impacto cultural que tuvo. A muchos conservadores los removió ver a los dos vaqueros Ennis (Heath Ledger) y Jack (Jake Gyllenhaal) desarrollar sentimientos tan delicados como sólidos entre ellos y protagonizando esa pedazo de historia de amor. Sus ocho nominaciones a los Oscars llegaron diez años antes de la legalización del matrimonio gay en EEUU, y el sabor agridulce de la trama despertó consciencias sobre todo en las zonas rurales en las que la represión y la desaprobación de la homosexualidad es todavía más evidente que en las metrópolis.

Hedwig and the Angry Inch (2001)

Cuesta mucho hacerle honor a un musical trasladándolo al cine, pero eso es lo que hizo John Cameron Mitchell con Hedwig and the Angry Inch. Esta película cuenta la historia de la cantante transexual Hedwig, líder de una banda de rock en Alemania del Este, y nos descubre el complicado pasado que la lleva a ser quien es. Aborda temas como los complejos de identidad y las diferentes maneras de abrazar esa identidad, sin necesariamente establecer una forma ideal de hacerlo. No nos intenta imponer una moraleja, pero sí propone ideas como que las performances a veces pueden ser tan opresivas como liberadoras.