Las Películas Que Te Montas Gracias Al Whatsapp

Las relaciones de hoy van por impulsos emocionales, muy ligados a la batería de nuestros smartphones y a la tarifa de datos del momento. Nos cuesta arrancar, pero cuando pillamos el modo de operar no hay quien frene el chat de turno (abierto a discusiones de todo tipo).

El gran problema llega cuando utilizamos la pantalla táctil para ligar. Es ahí cuando se agravan los índices de impulsividad de nuestras manos. Las llamadas ‘cagadas’ de turno vía Whatsapp se han vuelto mainstream, sobre todo desde que dejamos volar nuestra imaginación más allá de lo que hay delante de nuestros ojos: una conversación vía chat.

Una cosa es el orgullo y otra el prejuicio. No es fácil coordinar ambos sentimientos, pero ha llegado la hora de poner los puntos sobre las íes y hablar claro sobre nuestras locuras tecnológicas.

Basta ya de tensiones, de angustias y de situaciones fuera de contexto. No es fácil, pero debemos frenar las películas que nos montamos con nuestros amigos, parejas y amantes. Si tuviésemos que dar por hecho todo lo que se nos pasa por la cabeza con un ‘ok’, un ‘besitos’ o un doble check sin respuesta acabaríamos peor de lo que ya estamos.

Se ha inventado una regla no escrita por la cual nos permitimos el lujo de sacar conclusiones bastante equívocas sobre nuestras conversaciones por Whatsapp, y eso sí rompe las reglas establecidas a lo largo de la historia de nuestra existencia como seres vivos. Es como si cuando sales del cine tras una cita y te despides, el ‘hasta luego’ fuese un ‘vete a la mierda’.

¿En qué punto hemos empezado a hacer un Lars Von Trier con todas las escenas de nuestras vidas? Juntamos frases inconexas, archivos adjuntos compartidos y descripciones de perfiles para llegar a conclusiones firmes, casi dogmáticas, sobre aquellos que conocemos (o eso nos pensamos).

Uno de los nuevos tópicos que hemos creado surge del ‘si no me escribe, paso’ (nunca, jamás). Ha nacido un nuevo ser que mide su autoestima según el flujo de mensajes que recibe vía Whatsapp, un comportamiento reacio a ir más allá de lo que tiene delante. ¿Y si todos pensáramos igual?

El ego es genial para determinados casos, pero lo cierto es que nos hemos vuelto unos dictadores del chat. Un emoticono fallido puede ser causa de ruptura, de indignación o de todo lo contrario. Acusamos a los demás de incitar al amor, al sexo y a las drogas y el rock and roll. Mileniales, nos hemos vuelto unos dignos y leemos el guion como nos da la real gana.

Utilizar las herramientas que nos da la tecnología de forma inteligente nos hará tener mejores relaciones, mayor calidad de vida y sobre todo nos hará ser menos dramáticos con todo. Igual deberíamos dejar de dar por hecho cosas, de imaginar qué nos quiere decir la otra persona y dejar de indignarnos por… nada.

Crédito de la imagen: Cake