'También esto pasará', el libro que defiende la pena como un bonito estandarte

Me duelen todos los caminos recorridos con mi madre. La muerte, tan cabrona, nos expulsa de todas partes.

También esto pasará - Milena Busquets

A Blanca, para superar la muerte de su padre, le hicieron como se les hace a los niños para hacer fácil lo difícil; le contaron un cuento chino. Había una vez un emperador que reunió a todos los sabios del mundo y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones, para todas las personas, en todos los ámbitos de la vida. La elegida fue “también esto pasará” – que da título a la novela–. Pero olvidaron decirle tres palabras que también acabaría necesitando mucho: también esto dolerá. Ahora Blanca (el alter ego de la autora Milena Busquets) ha perdido a su madre y a todo lo que va con ella; la tarta de Sacha para cenar, sus largas y zarrapastrosas túnicas de verano y su cara absorta cuando tenía un libro entre las manos.

También esto pasará es un homenaje póstumo. Una novela que nace y muere en un cementerio. Una terapia. Una deuda de Milena con su madre. El duelo hecho libro, pero sin el drama que se le presupone. Porque, ¿qué es el duelo? Hemos oído hablar de él por activa y por pasiva y nos han contado que tiene cinco etapas pero, cuando llega, siempre nos pilla en cueros y con la lección sin aprender. Blanca tiene 40 años, dos hijos, dos ex maridos, un amante y una pérdida irreparable: su madre. Y con el fin de encontrar lo que queda de ella —y de perderse— se marcha al pueblo catalán Cadaqués para rememorar sus veranos de atardeceres rosados y de sal en la piel en los que la pena no tenía cabida.

Desde tu muerte, y desde antes, tengo la sensación de que lo único que hago es ir rapiñando amor, hacerme con la menor migaja que encuentro por el camino, como si fuesen pepitas de oro.

El mar cura. Pica, escuece, salpica. La marea te devuelve lo que te quita. Y Blanca va a Cadaqués porque “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida” (no lo digo yo, lo dice Chavela Vargas). Allí se reencuentra con viejos amigos, bebe, fuma, coquetea y se deja llevar. E intenta paliar el dolor por la ausencia de su madre con sexo. Y es que, en el fondo, la antítesis de la muerte es el sexo. Pocas cosas te pueden anclar más a la vida, a su vertiente más bestia y real; la de sentir.

Blanca no quiere estar triste. Dice que la pena hace que todo pese dos toneladas. Y es verdad. Pero la pena, como el dolor, el hastío y la desidia forman parte de la vida, de esa vida que no se muestra en Instagram y que, por cierto, es la (más) real. Y hay que aceptarla. La pena fortalece y obliga a mudar la piel. A volver a empezar. A volver a reír. A volver a hacer todo lo que se solía hacer “antes de”. También enseña el verdadero significado de la palabra resiliencia, que no es otra cosa que la capacidad de adaptarte y de enfrentarte a situaciones adversas. Hay que defender la pena como un estandarte. Respetarla y protegerla de los “estarás bien” y de su imperativo, “tienes que estar bien”. Darle a la tristeza el margen justo para volver a renacer de las cenizas y reconocer, exhausta y a la vez erguida que, sin duda, también esto pasará.

También esto pasará (Anagrama), el best seller de Milena Busquets, ha sido traducido a más 30 idiomas y será llevada al cine próximamente.

Crédito de la imagen: Bianca Des Jardins