Qué Le Pasa A Hollywood Que No Quiere Que Veas Cine Gay

Lo sabes porque se dice, se cuenta, se rumorea. En la próxima entrega de Frozen, a Congelator’s Queen la dibujarán totalmente lesbiana. Ya lo estoy viendo. Con lo amante de los tópicos que la productora de Mickey es, la pintarán aparcando camiones o enfundada en cuero arreglando motos. Pero lo mejor será verla haciendo arrumacos con alguna que por allí pase. Todavía es incógnita si su novia peinará en rubio o en moreno, será alta o baja, sílfide o más normalita y con sus lorzas de panceta. 

Sea como sea, denostado quedará el colectivo de singles que apostaba porque dejaran a Elsa soltera y feliz, criando gatos y escribiendo textos en revistas feministas. Aunque los que sí darán pena, penita pena, son los anticuados que, frente al movimiento pro-bollerismo de Elsa, levantaron su propia cruzada contra el giro gayfriendly de todo el asunto. Estarán con cartulina sujeta a un palo de madera, faltas ortográficas a rotulador y en círculo gritando frente a los cines, quemando los mismos disfraces de satén azul -imitación del vestidito de Elsa- a los que les subieron los bajos a sus hijas no hace tanto. Criaturitas. Qué culpa tendrán de todo esto.

Para estos padrazos, que sus hijos fuesen maltratadores o asesinos múltiples terroristas, sería un problemón, pero ya que exista la más mínima posibilidad de que salgan mariconsuelos, ¡¡¡pordióstelopido!!! Eso sí que no. El peor de los castigos divinos. La insoportable maldición satánicojudeocristiana jamás imaginada. Hijos, como son, de la más hipócrita y reverendísima pseudomoralidad.

Locas Ya

Hace nada fue la XXXIV edición del OutFest Los Ángeles, sobre cine LGTB. Destacaron la mexicana Te Prometo Anarquía (2015), la argentina Esteros (2016) o la estadounidense The Intervention (2016), que junto al último León de Oro de la Mostra de Venecia’16  para la venezolana Desde Allá (2015), son algunas películas del género que raramente veremos en cines. A nuestras salas no les va lo gay. Que todo esto es un negocio y, entendámoslo, no es el del LGTB un género comercial al que la peña acuda en masa.

Atrás -en el limbo- quedaron los 3 premios Oscar y los 178 millones de dólares que Brokeback Mountain recaudó en 2006, o la Palma de Oro en Cannes’13  y los muy respetables 2.400€ por sala y mes (en España), que La vida de Adèle llegó a recaudar en 2013. No hay que ser máster en física cuántica para percatarse de que esas cantidades no se debieron a los buenorros vaqueros, ni al interminable sex appeal de las chicas de pelo azul, sino por la feroz maquinaria propagandística que acompañó a las conocidas historias.

Estuvieron meses dando la brasa. Todos querían verlas. Y tu padre también, maricón. Son cuentos chinos. Si quieres mucha gente dejando salas perdidas de palomitas y envoltorios, baja precios y -como con las otras- promociona esas películas. Las gays, las lesbianas, las trans, las intersexo. Con Elsa lo petarán y no por ser ella la más espabilada, sino por el tremendo marketing de puro espanto con que ensalzarán a la muy reinona.

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