Eso Que Hacen Algunas Parejas Y Por Lo Que A Todos (En Secreto) Nos Gustaría Matarles

10 a.m.

Foto en primer plano de un café con un post-it al lado en el que pone “Buenos días, princesa”. Comentario en la imagen: “Despertar cada día a tu lado es mi mejor regalo. Gracias por estar en mi vida”.

11 a.m.

Él cuelga una canción moñas en el muro de ella. Comentario: “Escuchar esto y pensar en ti”.

2 p.m.

Selfie de las últimas vacaciones en la playa. “Arena. Playa. Olas. Sonrisas. Paz. Todo esto, contigo. Eres la respuesta a todas mis preguntas. Te quiero”.

 6 p.m.

Foto de un atardecer. “Contigo hasta el fin. El mundo gira y nosotros reímos”.

9 p.m.

Foto mal encuadrada de una mesa con la cena preparada y una vela en el centro. “Llegar a casa después de un día de curro y encontrarte esto. Solo puedo decir que te quiero. #siemprejuntos #hastaelinfinito”.

¿Y ahora qué? ¿Vais a colgar una foto de cuando acabéis del polvo (si es que folláis) o puedo vomitar ya? Paraos a pensar un momento, mentecatos. ¿De verdad creéis que todos necesitamos conocer todas las fases de vuestro amor? Y lo más importante, ¿realmente estáis tan enamorados o tanta exaltación romántica trata de compensar vuestras carencias?

Ahora levanta la mano si tú también has tenido que eliminar a esa pareja de tu Facebook por miedo a morir de hiperglucemia, o si eres de los que hace pantallazos de determinadas publicaciones para que se conviertan en la mofa de un grupo de Whastsapp. Reconoce que sientes vergüenza ajena al leer esas frases propias de una taza de mister Wonderful acompañadas de bochornosos hastags. Admite que más de una vez has estado tentado de dejar un comentario tipo “Gracias, también incluiré esta publicación en la lista de cosas que no me importan una puta mierda”.

Están los que te enseñan por fases lo maravillosa que es la casa a la que se han mudado (#nuevavidajuntos #despertaratulado), los de los selfies dándose besos (#tequiero #siemprejuntos), los que hacen competencia a los blogs gastronómicos porque te cuentan TODOS y cada uno de los sitios a los que van a comer o cenar (#decenita #lomejorelpostre), los que van de modernos y muestran escenas cotidianas nada (pero nada) preparadas (#enelparque #yendoalikea #tuyyo). Hay algunas parejas que también tienen una cuenta de Youtube para contar su día a día. No voy a poner enlaces por respeto. ¡Y otras que tienen el Facebook compartido!

Hay estudios que determinan que estas parejas durarán más porque se quieren mogollón y otros que concluyen que esta sobreproyección de pastel se utiliza para compensar lo que les falta. Cada uno que se fíe del que quiera. Este de la universidad de Wisconsin Madison es de los primeros. Viene a decir que cuanto más amor proyectas en las redes, más te autoconvences de que estáis hechos el uno para el otro. “Lo que la gente expone de sí mismos en público influirá en lo que realmente piensan sobre sí mismos”, cuenta la investigadora. En el lado contrario del ring amoroso está este estudio de la Universidad de Brunel de Londres, que dice que aquellos que no paran de postear romanticadas muestran baja autoestima y narcisismo.

Lo peor llega el día del cumple de uno de los dos. Shakespeare se queda corto comparado con el torrente de amor y devoción que este tipo de parejas pueden llegar a volcar en las redes. Ejemplo ficticio: “Hoy cumple años este bichito. Mi vida. Eres la luz de mi día a día. La que me da fuerzas, mi otra mitad y la que mejor me entiende. Por eso quiero decirle en público que la quiero y que quiero pasar todos sus cumpleaños a su lado”. A lo que yo respondería que un post-it hubiera bastado (aunque si le hubiera puesto el post-it entonces habrían hecho una foto del post-it y la habría colgado igual).

Y dejo para el final lo mejor: EL DÍA DEL ANIVERSARIO. Ese día, no hay red social que soporte tanto amor, tanta pasión y admiración, tanta… PUTA INTENSIDAD. Por sus palabras, se puede deducir que el día que empezaron a salir juntos volvieron a nacer. “Llegaste y lo cambiaste todo. Gracias por poner mi mundo patas arriba”. Yo doy gracias a Mark Zuckerberg por incluir la discreta opción “dejar de seguir a”.