Oler Sobacos En El Bus Y Otros Dramas Y Alegrías De Ser Bajito

Y digo yo: ¿qué coño come esta gente? Sí, esos tíos grandes como torres que tienen que agachar un poco la cabeza para entrar por las puertas. O esas tías a las que no les hace falta ponerse tacón para sobresalir entre la multitud. Este es un artículo con vocación de “terapia grupal” para unir en la desdicha a todas las personas que estamos por debajo de la media de altura.

1. Nos tragamos los sobacos del personal

En el bus, en el metro, en cualquier aglomeración… Quedamos a la altura de las axilas de los demás y eso hace que nos traguemos su sobaco sin poder evitarlo ya huela bien o, joder, mal. 


2. Hacer pie en la piscina

Bueno, en la de niños, sí. Pero olvídate de mantenerte en pie con la cabeza fuera más allá del 1,70 de las piscinas. De todas maneras, ¿qué más da? ¿Acaso eres jugador profesional de waterpolo?


3. Las estanterías, esas grandes enemigas

¿Con qué fin las hacen tan altas? En el súper, en la cocina… Todo lo que está en los estantes de arriba es un reto para nosotros. Tenemos que tirar de banqueta, coger algún utensilio alargado para empujarlo poco a poco o pedirle a alguien más alto que nos alcance ese tarro, con el consiguiente cachondeo.


4. No ves un pijo en los conciertos

O te vas a la mismísima primera fila, u olvídate de verle el careto al cantante. Solo te queda disfrutar de esa maravillosa sensación de sentirte atrapado entre la gente saltando y saltando. Aunque siempre puedes recurrir, en caso de ser chica, a que tu amigo condenado a la friendzone te suba a su espalda. Y ahí sí que triunfas.


5. “Mamá, ¿me coges el dobladillo?”

Porque lo de comprar unos pantalones y llevártelos puestos de la tienda es imposible.

Pero, ey, tranquilidad. Que no todo va a ser malo. Los bajitos tenemos también muchas ventajas respecto a los altos. Ojo, algunos de los grandes líderes mundiales de la historia, como Alejandro Magno o Napoleón, no fueron precisamente personas altas. Así que es cuestión de tiempo que los bajitos nos convirtamos en los gobernantes de un nuevo imperio mundial. Y ahí sí que los altos se van a cagar. Al tema:

1. Solemos ser más carismáticos

Porque sabemos que los altos, solo por serlo, ya tienen mucho ganado, pero nosotros también queremos destacar, necesitamos otros puntos fuertes. Por eso demostramos más confianza en nosotros mismos y llevamos siempre colgado el cartel de “soy bajito, sí, pero también soy acojonantemente xxxxxx” (introdúzcase el adjetivo que se desee).


2. Viajamos más cómodos

Porque ellos dan con las rodillas en el asiento delantero, terminan entumecidos de estar tan doblados y la cabeza casi les roza con el techo. Nosotros, en cambio, viajamos como reyes porque tenemos espacio de sobra para estirarnos y recostarnos incluso en los aviones.


3. No hacemos que las chicas se pongan de puntillas para besarnos

Y eso a ellas les viene muy bien. Porque debe ser muy incómodo adoptar la postura de una bailarina de ballet para darle un beso a tu chico, digo yo. Con nosotros, ese problema no existe. Nuestros labios son más accesibles.


4. Somos más ágiles

Porque nuestras extremidades son más cortas. Seguro que tienes el típico amigo que es tan grande como torpe, que siempre anda dándose cabezazos con los marcos de las puertas y que realiza movimientos lentos y casi ortopédicos. Claro, tiene mucho que mover. ¡Se siente!


5. En las fotos, salimos en primera fila

Mientras los altos quedan recluidos a la última fila y sólo se les adivina la cabeza y un poco de cuello, nosotros aparecemos delante, de cuerpo entero, luciendo nuestra recogida aunque indiscutiblemente sexy anatomía.


6. Comemos menos

Obviamente, y por norma general, nos saciamos antes. Si a nuestro colega de 1,90 le hacen falta 14 pechugas de pollo para quedarse satisfechos, a nosotros nos vale con muchas menos. Y, ¿en qué se traduce eso? En ahorro de pasta. Con lo cual, los bajitos somos más ricos. Fin.


7. Vivimos más

Eso dice la ciencia, al menos. Las personas de estatura alta tienen, por lógica, más células y más tejidos que mantener. Por eso el cuerpo se ve obligado a trabajar más, se desgasta más y es más susceptible de enfermar.

Así que no hay por qué quejarse. Ser un poco retaco tiene muchas ventajas. Puede que tu estatura esté más cerca de la de Messi o Shakira que de la de Pau Gasol o cualquier súper modelo. Pero, ¿dónde se guardan las mejores esencias? ¿Eh, eh? Exacto, de toda la vida, en frascos pequeños.