Ojalá la generación ‘Ferdinand’ ayude a prohibir las corridas de toros

Ferdinand era aquel toro manso enamorado de las flores en un corto de Disney de 1938 y en el que el animal se negaba a embestir al torero. Casi ochenta años después, los creadores de Ice Age, Blue Sky Studios, lo han hecho protagonista de una película en 3D estrenada la semana pasada. Ambas se basan en El cuento de Ferdinando de Munro Leaf —que Franco prohibió en España por considerarlo propaganda pacifista—, pero la nueva peli tiene un potencial renovado para que padres e hijos hablen de tauromaquia y de otros temas que levantan ampollas.

Los toros del rancho en el que se cría Ferdinand entrenan para ser fuertes y bravos, porque quieren que un día un gran torero los elija para torearlos. Pero a él no le interesa pegar cornadas a todo lo que se mueve, así que el resto de toros lo marginan. Cuando a su padre lo matan en una corrida, Ferdinand escapa para vivir en libertad... por poco tiempo. Hasta aquí suena a la clásica historia de "protagonista incomprendido rompe moldes", pero lo interesante es que, cuando volvemos al rancho con un Ferdinand capturado, vamos percibiendo que los demás toros no son intrínsecamente violentos, sino que embisten por miedo al acabar en el matadero o simplemente porque así los han criado.

Una metáfora de nuestra sociedad

Como muchos otros animales, el toro solo ataca cuando se siente amenazado, así que Ferdinand no es un toro ‘raro’ por ser pacífico: es un toro fuerte y valiente, pero que no se ha dejado violentar. Como es habitual, la animación antropomorfiza a sus personajes y en la película se les atribuyen cualidades humanas a los toros, entre otras cosas, para lanzar un mensaje no solo animalista sino contra el bullying y a favor de la diversidad. "Lo raro es ahora lo normal", le dice Ferdinand a quien cuestiona que le gusten las flores en lugar de las embestidas. Además, consuela a uno de sus compañeros diciéndole que no hay ningún problema con que le vean llorar, y tiene la cabeza bien alta cuando suelta que "no querer luchar no significa ser un cobarde".

Si Ferdinand fuese un hombre, estaría desmontando los patrones de masculinidad impuestos y demostrando que no hay problema en no ser lo que los demás esperan de ti. El hecho de que el resto de toros también tengan sus particularidades ('Huesos' es delgaducho, 'Guapo' vomita cuando se pone nervioso, otro de ellos no ve bien,...), reafirma la importancia de la diversidad, pero también del respeto hacia los animales, porque lo que tienen en común los personajes no es su indiferencia al dolor o su violencia, sino que han sido los hombres los que les han instrumentalizado y manipulado. Pero, al final, Ferdinand demuestra que incluso el más cabrón de ellos (Valiente), merece un trato digno.

Descubrir la verdad es liberarse

En una de las escenas más reveladoras, Ferdinand intenta escapar de nuevo y descubre decenas de cuernos y espadas colgadas en la pared del rancho. Mientras mira horrorizado la exhibición de supremacía del hombre contra la naturaleza, se da cuenta de que hasta entonces todos ellos han vivido engañados. Sus compañeros habían creído que tenían posibilidades de vencer al torero, esa era su motivación para entrenar. Pero la supuesta ‘lucha’ contra el torero no es tal: el toro nunca tiene posibilidades de ganar. Aunque el enfrentamiento sea arriesgado para el torero, el que viene a la plaza a que lo estresen, lo torturen y lo maten es el toro, en lugar de estar mascando hierba como buen rumiante.

Entre metáfora y metáfora, el crío que vea la peli tendrá que hacer sus propias reflexiones, pero la gracia de Ferdinand es que no se trata de simple propaganda antitaurina. Lupe, una graciosa cabra gritona, quiere animar a Ferdinand a cornear como el mejor, y cuando él rechaza la violencia ella le dice que no piense en la corrida como una lucha, "sino como un baile". Este es, precisamente, un tema central en el actual debate sobre las corridas de toros en España: el teórico valor cultural de esta tradición

Quizás por eso todavía a tanta gente le cuesta aceptar que hay cosas que quedarían más bonitas si pasaran a la historia. Porque, aunque los gladiadores alzasen durante siglos sus espadas de forma hercúlea en el circo romano y a más de uno eso le pareciera glorioso o coreográfico, ¿permitirías ahora luchas entre esclavos en la plaza de Las Ventas?

Está claro que una película no hará milagros, porque hemos crecido con personajes como el Pato Donald, el cerdito Babe o las gallinas de Chicken Run y, sin embargo, el consumo de carne no ecológica (en su mayoría producida maltratando a los animales) sigue siendo excesivo. Pero tampoco podemos negar el poder transformador de la cultura de masas, y si las corridas ya se han prohibido en Canarias, Islas Baleares y Cataluña, quizás los niños que hoy ven Ferdinand serán los políticos o activistas que un día dejarán atrás esta tortura aplaudida en el resto del país. Si alguien quiere ver a un toro bailando, no le hace falta ponerle banderillas, puede ponerse esta película.