Si naciste en España en los 80 o 90, esta peli va sobre ti

'Las Niñas' refleja ese universo de la SúperPop, las Olimpiadas de Barcelona y un aroma rancio a Franquismo que poco a poco empezaba a desaparecer

Pocos años se pueden apuntar con el dedo representativos de tantos cambios como el 92 en España (algo que solo se puede decir bajando el listón desde lo que está siendo el 2020). En un lavado de imagen en toda regla de un país que se había quedado atrás tras una larga dictadura, el gobierno metía el turbo a la hora de colocarnos en el mapamundi, con las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla, y con todo el boom arquitectónico y social que eso suponía. De un día para otro éramos modernísimos. ¡Pasaron tantas cosas en 1992! Penélope Cruz y Javier Bardem protagonizaron la mítiquisima Jamón Jamón. Madrid era declarada Capital Cultural de Europa. Pocos meses más tarde, a finales del año, las niñas de Alcasser desaparecían camino a una discoteca, colocándolas a ellas en el punto de mira de la historia de ese año.

La otra España

Las Niñas se sitúa en la realidad paralela que pocas veces roza con lo que bombardeaba la tele, en los estantes de arriba que no han sido objeto de la limpieza porque no queda a la altura de los ojos. Con ellas vamos a una escuela de monjas de Zaragoza, provincia que existía más que Teruel, pero solo ligeramente. Ahí, por mucho que Jesus Gil se empeñase en aparecer en la tele rodeado de modelos en bikini, la herencia puritana del franquismo seguía viva en forma del tabú de la libertad sexual o del tener hijos fuera del matrimonio.

Celia, su protagonista, se entera de poco de todo este barullo social a sus 11 años. Las leyendas urbanas sobre el peligro de liarse con desconocidos (que en 10 años evolucionarían hasta convertirse en cadenas de email) la mantienen en su caparazón, donde callada y obediente nunca se cuestiona lo que las monjas y las películas de Marcelino Pan y Vino le enseñan. Su madre, joven, viuda e interpretada por Natalia de Molina, trabaja largas horas para intentar darle una educación digna que le permita salir adelante. Celia aún no muestra rastros de una pubertad ni física, ni mental, y todo lo que tiene que ver con chicos y hacerse mayor es algo que o bien la incomoda o simplemente no va con ella.

La llegada de Brisa a clase, la chica nueva que viene de la Barcelona moderna y olímpica, con su sujetador y sus canciones de Heroes del Silencio y Chimo Bayo, lo revoluciona todo. De su mano, y acompañada de las demás niñas, Celia choca con la rebeldía de la adolescencia y los primeros rastros de la edad del pavo, haciendo que se cuestione por primera vez todo a lo que antes simplemente asentía.

Un imaginario multigeneracional

Cogiendo el relevo de otras películas como Estiu 1993 en frescura y ternura, y también en venir siendo una clara apisonadora en los Goya del 2021. Porque aunque “peli costumbrista en Aragón” pudiese sonar a aburrimiento, esta ópera prima de Pilar Palomero no podría estar más lejos de esos prejuicios, con un casting lleno de futuros talentos y un guión redondo que hacen de esta una peli entrañable que va directa al corazón.

Las Niñas hace uso de un imaginario de recuerdos que nos han sido inducidos a lo largo de los años: ver a sus protagonistas leer tests de la SuperPop o cruzarse con campañas de condones pasadas de rosca que son tan o más tradición que los cantares regionales hacen que esta sea, de todas las películas sobre el coming-of-age que han ido saliendo en los últimos años, una de las que más cercanas se siente. Este contexto y códigos tan familiares se irían replicando 5, 10 o 15 años más tarde, en las vidas de todos nosotros en ese primer choque con los síntomas de la adolescencia. En mi caso me acuerdo de cuando en un campamento de verano me escondía en los probadores de la piscina al no tener mi bañador parte de arriba (a pesar de tampoco tener tetas). Esta adolescencia colectiva sucede sin que te des cuenta: alguien parecía haber mordido la manzana y de un día para otro sientes vergüenza de tu propio cuerpo, de la forma que hablas y hasta de la gente que te rodea. La autoconsciencia es una maldición que no deja títere sin cabeza.

Mejor acompañadas

Durante la época del Franquismo, la familia fue la institución clave para propagar la ideología, aquel modelo de familia tradicional e inamovible que se usaba como el ejemplo del bien. Estas niñas atacan por la banda esta idea: sin destrozar la importancia que se da a la propia familia, trasladan el poder del elemento institucional al elemento más básico de apoyo y de amor. La familia puede tener mil formas diferentes. A veces las familias son una madre y una hija. A veces son un grupo de amigas de 11 años, pintándose los labios antes de ir a una discoteca. El único requisito es que se dejen en herencia de generación en generación el secreto sobre la adolescencia y la vida: que nadie sabe cómo navegar en ella, solo que no tenemos por qué hacerlo solas.