El museo de las relaciones rotas que quiere ayudarte a pasar página

A dónde van a parar las promesas rotas, en qué lugar se amontonan las caricias perdidas o dónde mueren los ataques de risa que se transforman en heridas a las que uno debe enfrentarse cuando una relación termina. Porque una ruptura está llena de recuerdos amargos y promesas que ya nunca se cumplirán. Porque vuestros hijos nunca se llamarán Julia ni Pablo. Porque no conoceréis juntos el barrio Latino de París, no tendréis una habitación con paredes verde pistacho ni os compraréis una colección de cine clásico.

Nada de aquello será. Y todo lo que ha sido no es más que una maraña de recuerdos y trastos que buscan su camino al olvido. Ahora, en Zagreb (Croacia) existe un lugar en el que puedes volcar esos objetos que tanto significaron y aún te hacen recordar, el Museo de las Relaciones Rotas.

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El museo, efectivamente, está creado a partir de objetos llenos de amor y dolor donados por cientos de corazones rotos de más de 25 países con el fin de crear un lugar colectivo en el que superar el trauma emocional. La idea nació después de que Olinka Vištica y Dražen Grubišić se preguntaran qué hacía la gente con aquellos objetos que habían sido importantes durante su relación.

Les pidieron a varios amigos que contribuyeran con algunos de ellos junto a un breve comentario sobre que significaban y por qué habían sido importantes. La muestra ha estado temporalmente en 25 países y ahora el segundo centro permanente ha abierto este junio en Los Ángeles (Estados Unidos).

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Si eres tú quien quiere deshacerse de esas fotografías que tanto te duelen, de su taza de desayuno o del frasco de colonia que dejó olvidado en tu casa, puedes hacerlo. (No te apures, en el museo saben que el amor es un idioma universal, y por eso te permiten contar tu historia en tu lengua materna para recoger mejor los matices de tu amor).

Serás entonces parte de la historia emocional colectiva que ya se ha empezado a crear. Como las esposas rosas o el vestido de novia que ya tiene hueco en sus salas. O como el álbum de fotos que Jelka donó tras su divorcio. Vlado, su marido, se lo había hecho estando en el ejército justo después de la boda en 1975. Tras 25 años de matrimonio y dos hijos en común la dejó y se fue con otra mujer. Y Jelka encontró cierto alivio en desprenderse de aquel cúmulo de imágenes hirientemente jóvenes y decirle al mundo que eso, una vez, fueron ellos y su amor.

Porque los objetos duelen casi tanto como el silencio de los últimos meses. El peluche de aquella tarde en la feria, la caja de madera absurda y sin sentido que tanta ilusión te hizo, las entradas del primer concierto y la camiseta que usaba para dormir. Todo funciona como un escollo perenne ante el olvido y sin embargo cuesta horrores deshacernos de todo eso. Porque olvidar todos esos objetos implica también hacer eso que tanto nos cuesta, olvidar ese amor. Si también tienes objetos que duelen, quizá el mundo del arte sea un lugar para ellos.