Si el mundo se acabara, lo haría de esta manera

El fin de la civilización está perfectamente reflejado en la serie ‘El colapso’, una serie francesa de ocho episodios de unos 20 minutos cada uno que puedes encontrar en Filmin 

Aparece en pantalla una televisión con las noticias que podríamos ver cualquiera de nosotrxs una tarde en casa: discusiones en plató sobre la vida de los famosos, bombas en no sabemos bien dónde, una granja con gallinas colgando, debates políticos con diferentes perspectivas, plástico llenando los océanos, abuso de los recursos naturales… El caos se huele desde ese primer plano de la serie El colapso. El colapso del mundo tal y como lo conocemos de manera inmediata e inminente. Parece un reflejo de lo que podríamos estar viviendo ahora mismo, ¿verdad?

Pero, ¿qué serie es esta? ¿Por qué ha empezado a ser recomendada por tanta gente en redes sociales? ¿Por qué debemos verla? Un colectivo de cineastas franceses es quien está detrás de este bombazo. Son Guillaume Desjardins, Jérémy Bernard y Bastien Ughetto, conocidos como Les Parasites y acaban de salir de la escuela de cine. La tradición francesa revolucionaria y esa dosis de juventud disconforme con el orden mundial han tenido como resultado esta serie de ocho episodios de unos 20 minutos cada uno, con un ingrediente que te deja sin habla: todos los capítulos están grabados en plano secuencia. Se puede encontrar en Filmin.

La magia del plano secuencia es que todo debe estar calculado para que en cuanto la cámara pase por delante todxs estén haciendo lo que deben hacer. Otra de las formas en las que este movimiento de cámara impulsa la acción es que parece que, realmente, estás sumergidx en ese caos. Cuando empecé a ver la serie sentí esa primera incomodidad que iba de la mano con la curiosidad por lo que va a pasar. El primer capítulo ocurre en un supermercado y hay algo que desde el primer segundo llama la atención. Este episodio se presenta como ‘el día 2’ tras el colapso. Nuestra mente directamente se pregunta: ¿y el día uno? 

No es esta la cuestión primordial. El eje central de la serie es ¿qué pasaría si el mundo se frenara y dejara de funcionar como ahora mismo lo hace? Imagina que las tarjetas de crédito ya no funcionan, que hay apagones cada dos por tres, que la gasolina se acaba, que los supermercados sufren un desabastecimiento brutal de sus productos, que el sistema colapsa… Seguramente recordarás cómo al principio de ser declarado el estado de alarma los supermercados se llenaban de personas llevándoselo todo, las estanterías de papel higiénico completamente vacías. Antes de que aquí llegara este primer aviso de un mundo que se cae a trocitos, en noviembre del 2019 en Francia se estrenaba el primer capítulo de esta serie. Los jóvenes creadores ya habían imaginado qué pasaría si el sistema económico basado en el consumo se frenara de repente.

El ser humano en la lucha desesperada por sobrevivir, por conseguir lo que necesita, puede ser un arma destructiva infalible. Es magistral la manera en la que los episodios muestran cómo reaccionaríamos si tuviéramos que enfrentarnos a esta situación. Aun así es paradójico cómo desde la comodidad de nuestras camas o sofás observamos estos ejemplos de ficción con escándalo y asombro, como si se tratara de un caos que nos queda lejano e imposible, como si nosotrxs no fuéramos a reaccionar como quienes representan y viven del desastre dentro de la serie. Es ahí donde más terror podría haber al ver la serie porque es tan cercana la forma de contarlo, tan realista, que podría ser una premonición de lo que podría ocurrir en cualquier momento. 

Los tonos grises con acabados fríos de cada uno de los momentos te trasladan a un espacio que parece inhóspito, cada uno de los espacios y las situaciones dan escalofríos porque, además, en todos los episodios el ser humano no vela ni un solo segundo por los demás. Si hay que elegir, en un contexto como tal, la elección es más clara que nunca. El sistema de consumo se presenta tan destrozado que ni siquiera valen los billetes, el dinero no sirve para nada. En la serie, con cada uno de los capítulos en un contexto diferente pero también dentro de un mismo colapso, para conseguir algo que quieres tienes que tener algo de valor como, por ejemplo, comida. Si quieres cargar gasolina y no tienes comida, no puedes pagarla.

La tensión de lo que está ocurriendo junto a la emoción de los personajes consigue que se trate de una experiencia en la que te sumerges y la vives como si estuvieras dentro de la pantalla. Es tan natural la forma de contarlo que no cuesta ningún esfuerzo imaginar que una situación igual podría ocurrir ahora mismo, mientras lees esto y yo me bebo el segundo café del día. Como si nada.

CN