La Muerte Súbita No Es Solo Cosa De Deportistas Y Hay Formas De Prevenirla

Protagonistas de hazañas al alcance de muy pocos, con capacidades físicas únicas y con un espíritu de sacrificio muy por encima de la media. Así es la inmensa mayoría de los deportistas de élite; máquinas humanas diseñadas minuciosamente para cumplir un único objetivo: ganar aquellas competiciones en las que participan. ¿Son superhéroes? No. Por tanto, son susceptibles de sufrir dolencias y enfermedades que pueden, incluso, llegar a costarles la vida. El mejor ejemplo, la muerte súbita

La imagen de un jugador desplomado en el campo es, desgraciadamente, bastante más común de lo que pudiera parecer. Según datos del Registro Nacional de Muerte Súbita en el Deporte, realizado por la Sociedad Española de Medicina del Deporte, se calcula que alrededor de 200 muertes, sucedidas en España en 2015, podrían estar relacionadas con esta causa. 

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Los casos más conocidos son los de los futbolistas españoles Antonio Puerta y Dani Jarque, fallecidos en 2007 y 2009, respectivamente. Pero hay más: Miklos Feher, futbolista húngaro del Benfica, ciclistas como el italiano Denis Zanette o el francés Fabrice Salanson, -ambos fallecidos en 2003-, o el caso del camerunés Marc-Vivien Foé, que cayó fulminado ante las cámaras durante un encuentro de la Copa Confederaciones de ese mismo año. El baloncestista Raimond Jumikis, también cayó ante la muerte súbita en 2004.

Desconcierto, nerviosismo y un ir y venir de personal sanitario, pero también impotencia ante lo ocurrido; son las primeras reacciones que suceden al desfallecimiento de un deportista. Sin embargo, todos tienen claro que debe primar la concentración: esos primeros segundos que siguen a la pérdida de conciencia son de vital importancia. La disfunción orgánica múltiple es inminente y el deportista corre peligro de sufrir una muerte súbita cardíaca si su corazón no se reactiva de forma inmediata.

El doctor Pedro Manonelles Marqueta, presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte y catedrático de Medicina del Deporte de la Universidad Católica de Murcia matiza que, para hablar de muerte súbita en deportistas, hay un límite de edad establecido en 35 años. "Por encima de esta edad, la mayoría de muertes súbitas en deportistas están causadas por una cardiopatía isquémica, es decir, por la aparición de un infarto de miocardio”.  Por debajo de los 35, la cosa cambia totalmente, dándose una gran cantidad de patologías médicas relacionadas.

Pero el deporte intensivo, como tal, no es malo: “Lo que mata al deportista no es el deporte, sino la enfermedad que ya tiene, pues el deporte solo actúa como desencadenante sobre la base de una patología existente”. Por tanto, el experto reconoce que una persona sana no tiene por qué sufrir un incidente mortal cuando hace deporte. Lo que sí es cierto es que, en un porcentaje relativamente elevado de casos, no se descubre la causa que ha provocado la muerte del deportista. “Pensamos que no ocurre porque no existiera enfermedad, sino porque no somos capaces de descubrirlo con los conocimientos actuales”.

En definitiva, no hay que temer a la práctica intensiva del deporte, salvo que se tenga una patología previa. No debemos olvidar que la muerte súbita no es una enfermedad, sino una manifestación clínica que es el resultado final de muchas enfermedades.

Gran exigencia = gran peligro

La prevalencia es mayor en hombres que en mujeres. Y los casos de muerte súbita se repiten más a menudo en deportes como el fútbol, el ciclismo o el running. Pero no solo los profesionales están en riesgo: el auge de las pruebas deportivas de gran exigencia -como trails running o maratones- ha extrapolado este problema a los aficionados. En muchos casos, los amateurs consideran más importante comprarse el último modelo de zapatillas deportivas que realizarse un chequeo médico exhaustivo antes de ponerse entrenar a un alto nivel. Craso error.

La clave de la prevención es el chequeo médico

La mejor forma de detectar posibles problemas es a través de reconocimientos médicos previos. Para el doctor Manonelles, “como mínimo hay que hacer un análisis de los antecedentes personales o familiares”. Además, se debe realizar un reconocimiento médico del aparato cardiovascular que incluya una exploración cardíaca (toma de tensión y pulso, auscultación, etc.), y es recomendable un electrocardiograma en reposo”. Si a raíz de los datos obtenidos surgen sospechas, se puede ampliar con más pruebas como un electrocardiograma de esfuerzo, un ecocardiograma o un holter.

Lamentablemente, todavía queda mucho por hacer para implantar la obligatoriedad de reconocimientos médicos para la aptitud deportiva. Campañas como “Salud, deporte, disfrútalos” están ayudando a trasmitir a la sociedad la necesidad de realizar deporte de una forma segura. O en la creación de CPR11, una aplicación para dispositivos móviles que, a través de 11 pasos básicos, te guiará para que sepas cómo actuar durante los primeros minutos de una parada cardiorrespiratoria. Lo que sea para evitar que la muerte súbita siga ocupando titulares en los periódicos.