Los motivos por los que te estás matando a hacer deporte pero no ves ningún resultado

Te lo estás tomando en serio. Sí, estuviste un tiempo pagando la cuota del gimnasio sin pisarlo ni por casualidad, pero ahora has tomado la determinación de integrar el ejercicio en tus rutinas. Sales a correr por las tardes, vas a clases al menos dos veces por semana, intentas comer un poco más sano... Pero no ves ningún resultado. Y te enfadas. Y te frustras. Y quieres dejarlo todo y comerte una hamburguesa. Pero tal vez estés cometiendo algún fallo sin darte cuenta. Quizás estés haciendo algo de forma inadecuada y estés, sin saberlo, tirando piedras sobre tu propio tejado. Estos son los cinco motivos más usuales por los que, a pesar de estar matándote, no logras ver recompensados tus esfuerzos.

No bebes el agua suficiente

Mantenerse hidratado es fundamental en cualquier momento, pero lo es todavía más cuando haces ejercicio. Los expertos recomiendan empezar a beber agua incluso dos horas antes de empezar el ejercicio, y seguir durante todo el entrenamiento. El mejor truco es hacer caso a tu cuerpo: si notas la boca seca, bebe, y ajusta ese aporte hasta que no vuelvas a tener la sensación de estar deshidratándote.


Estás bebiendo demasiado agua

Porque, en este caso, tan negativo es el exceso como el defecto. Practicar deporte con la sensación de estar lleno de agua es igual de perjudicial que hacerlo sin el aporte suficiente de líquidos así que, de nuevo, escúchate y trata de regular el aporte que tu cuerpo necesita. 


No estás comiendo lo suficiente

Ya no a lo largo del día, sino antes de entrenar. Todo el mundo siente la sensación de hambre una vez terminado el ejercicio, pero comenzarlo habiendo comido lo suficiente es igual de importante. El aporte de energía que supone un almuerzo contundente, bien elaborado y sustentado en una dieta adecuada, será el motor que te permita exprimir al máximo tus movimientos sin desfallecer.


No estás calentando lo suficiente

Otro punto fundamental. Las prisas, el ánimo por empezar y por liberarte cuanto antes de la rutina del deporte llevarte a comenzar sin haber calentado tus músculos y articulaciones debidamente, exponiéndote a docenas de lesiones. Por eso, y porque tampoco lleva demasiado tiempo, dedica al menos 10 minutos a calentar antes de ponerte a correr o a hacer bicicleta.


Estás calentando mal

Porque también hay que saber hacerlo. No vale con unos cuantos estiramientos hechos sin más: conviene que te documentes y que aprendas las mejores técnicas para hacerlo, adaptadas a los movimientos que vayas a hacer después. No es lo mismo correr que levantar pesas; por eso, asesórate bien antes de calentar.

Son trucos sencillos, hábitos fáciles de implementar y fundamentales para poder exprimir cualquier actividad de la mejor forma. Si no estás atento a ellos, tu cuerpo debe prestarles atención durante el ejercicio y no puede concentrarse lo suficiente en reducir grasa o marcar esa tableta que tanto buscas. Y también son prácticas que, de no ser valoradas, pueden traducirse en tu vuelta a la vida sedentaria.