El motivo por el que algunos jugadores de fútbol americano acaban suicidándose

Basta con fijarse en la Super Bowl para caer en la cuenta de que todo lo que rodea al fútbol americano tiene unas dimensiones mareantes. La última edición de la gran final del deporte rey en los USA, movió la friolera de 4.700 millones de dólares. Los Patriots se enfrentaron a los Falcons ante más de 120 millones de telespectadores que, durante el partido, consumieron aproximadamente 14,5 toneladas de patatas fritas, 10 millones de costillas de cerdo, 1.300 millones de alitas de pollo y 1.200 millones de litros de cerveza. Casi nada.

Cifras con muchos ceros que reflejan un sentimiento, una pasión que trasciende y que está impresa a fuego en el alma de los estadounidenses. Por eso es fácil de entender que el patólogo forense Bennet Omalu recibiera tantas presiones de la NLF –la liga oficial de fútbol americano– cuando se decidió a hacer públicas sus demoledoras conclusiones. Tras realizar la autopsia al jugador Mike Webster, Omalu constató que los jugadores profesionales corren un serio riesgo de padecer Encefalopatía Traumática Crónica.

Esta enfermedad neurodegenerativa es el producto de haber recibido, durante años y de forma sostenida, fuertes golpes en la cabeza, y que deriva en discapacidades intelectuales, tendencias autodestructivas, abuso de drogas y, a la postre, una muerte prematura.

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Pero el bueno de Omalu era solo un médico nigeriano y la NFL, una industria multimillonaria. ¿Cómo hacer masiva una alerta tan perturbadora en un país en el que todos los niños sueñan con convertirse en ases del touchdown? De esa lucha trata precisamente la película Concussion La verdad duele, en español–, estrenada en 2015 y con Will Smith como alter ego de Bennet Omalu. Un film no exento de polémica y que, según cuentan, la NFL trató de censurar. Porque la amenaza es clara: si los jóvenes llegan a tomar conciencia de los peligros a los que se enfrentan, tal vez el fútbol americano se quede sin vocaciones en unos cuantos años.

Pero, ¿cuáles son exactamente esos peligros? “Los jugadores de élite presentan con mayor frecuencia problemas en el desarrollo de sus funciones ejecutivas, en su memoria y en su concentración”, explica el doctor Carlos Tejero, de la Sociedad Española de Neurología, que añade: “Cuando una persona recibe un golpe fuerte, pudiendo llegar incluso a perder la conciencia, su cerebro se mueve dentro del cráneo, y es ese desplazamiento el que daña determinadas estructuras internas, propiciando un envejecimiento prematuro y trayendo consigo problemas neurodegenerativos”.

Los estudios de Omalu determinaron que la depresión, la caída en el consumo de drogas y los intentos de suicidio son también consecuencias de la Encefalopatía Traumática Crónica. Comenzó con el jugador Mike Webster, muerto a los 50 años tras unos últimos años sumido en la demencia. Tras este caso llegaron más: Terry Long se suicidó bebiendo anticongelante a los 45 años; Andre Waters lo hizo pegándose un tiro con 44; Justin Strzelczyk perdió la cabeza y estrelló su camioneta con tan solo 36, y la lista continúa.

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“Además de las lesiones por actividad repetida o entrenamiento excesivo, se han descrito otras relacionadas con traumatismos craneoencefálicos que producen alteraciones de conducta temporales”, asegura el traumatólogo del Hospital Vithas Nuestra Señora de América Agustín Garabito. El especialista afirma también que “esta realidad ha propiciado intensos debates sobre cómo incrementar la seguridad de los jugadores” porque, aunque se utilicen muchas protecciones y sistemas de seguridad, “este deporte, al ser de alto contacto y de velocidad, es un juego que puede traer consigo multitud de lesiones traumáticas en la mayoría de huesos y articulaciones”, concluye.

Para el jugador de la selección española de fútbol americano Sergi Bellmunt, el sentido común es una buena manera de prevenir cualquier posible problema: “Si lo practicas con sensatez no tiene por qué pasarte nada. Invirtiendo en un material de calidad y entendiendo el riesgo que existe, se puede practicar el fútbol americano disfrutando de él al máximo”. Sergi, que juega de cornerback en los Barcelona Bufals, lleva muchos años enamorado de este deporte y, a pesar de haber probado otros, fue este el que más le enganchó: “El papel de la táctica y la estrategia es lo más atrayente; todos tenemos un rol muy marcado y dependemos del grupo para poder realizar jugadas muy complejas”, comenta.

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Sergi Bellmunt practica fútbol americano desde hace 13 años y, actualmente, juega de cornerback con los Barcelona Bufals.

Y, ¿qué opina de las conclusiones de los especialistas que ponen el foco sobre los peligros del fútbol americano? “Soy consciente de ello, pero también sabemos que, desde que se han detectado, la forma de jugar y placar y se ha regulado mucho para evitar accidentes. Algunas jugadas están ahora prohibidas y la técnica se ha modificado para que los golpes se realicen con el cuerpo y no tanto con la cabeza”, afirma Sergi. Del lado de la ciencia, las alarmas también se rebajan; Carlos Tejero asegura que “es peligroso mezclar demasiado: una cosa es que haya reacción en el tiempo y otra cosa es que se pueda atribuir a estos golpes repetidos toda la responsabilidad de las patologías y otras tendencias autodestructivas”.

Por eso, no se puede establecer una ley categórica aunque, a tenor de las investigaciones de Omalu, algo hay. Casos como los de Webster, Long, Wasters o Strzcelczyk son incontestables. También el hecho de que la NFL trate de silenciarlos resulta bastante sintomático. Y claro que todos los deportes entrañan riesgos pero, como dice Sergi, “jugar con cabeza, y no con la cabeza, es la mejor forma de evitar los problemas y de poder disfrutar del fútbol americano”.