El Misterioso Tren Con El Que Recorres Diez Países En Una Hora... Sin Moverte

Siempre me habían dicho que se podía viajar con los sentidos, pero nunca me imaginé hasta qué punto la experiencia The Grand Journey se tomaba esto en serio. Entré un lunes en la Estación de Francia de Barcelona para encontrarme en medio del vestíbulo con un elegante vagón azul llamado Laverstoke Express. En una ambientación de lo más retro, mientras salía vapor de entre sus ruedas, una voz iba anunciando la salida del tren por el megáfono. Todo parecía listo para el gran viaje.

Personajes caracterizados del siglo pasado se mezclaban entre los asistentes, cuyos gintonics tintineaban entre maletas y baúles de piel decorativos. El vigilante de la estación nos dio la bienvenida y un risueño englishman nos contó que a él nunca le dejan entrar en el Laverstoke Express. "¿A dónde nos lleva este tren?" le pregunté a una dama sentada en un banco con parasol y atuendo de los años 20. "A vivir unas experiencias maravillosas que todavía no te puedo revelar", me sonrió. Sonaba bien, y sabría mejor.

Al entrar nos sentamos alrededor de las mesas y la fantasía cobró vida cuando las ventanas del vagón se convirtieron en imágenes en movimiento: estábamos en marcha. La primera parada fue la Toscana, donde nos sirvieron un Tuscan Collins, cóctel creado pensando en Italia y que se nutre de los productos que ahí se cultivan como enebro, cítricos, bergamota, zanahorias... No sé como se lo montan, pero los sabores hicieron que me olvidase de que existía un mundo fuera de ese tren.

Y la comida tampoco se quedó corta. La tapa que seguía a este cóctel fue un paté de limón servido en hojas de limón en rebozado ligero y un sorbete espumoso que cambia de color. Nos lo detalló el revisor del tren, que fue el ingenioso anfitrión que nos acompañó durante esta experiencia gastrosensorial, contando historias y cualidades de los ingredientes que probábamos y sus orígenesSolo os digo que en aquel momento el vagón se empezó a llenar de burbujas, y... ¡eran comestibles!

Cuando ya teníamos la mente embelesada y los sentidos estimulados a tope, el tren se ponía "en marcha" de nuevo llevándote a otro descubrimiento sorprendente. Nuestra aventura sensorial pasó por Marruecos, Sajonia, Florencia, Indochina y otros destinos relacionados con los botánicos que conforman la ginebra Bombay Sapphire. Y entre parada y parada no faltó el espectáculo: la dama que había visto en el andén se convirtió en una sensual bailarina, el señor inglés entró en una de las paradas haciendo trucos de magia y arrancando risas y aplausos. Cuando paramos en Indochina, nos ofrecieron un espectáculo de sombras chinescas con música oriental mientras nos explicaban la importancia de la corteza de casia.

El tiempo se escurre entre sensaciones y cuando se ha terminado el viaje te das cuenta de que te habrías ido hasta el fin del mundo en ese tren. The Grand Journey estuvo en Barcelona durante tres días, y ya han tenido la ocasión de subirse a este vagón pasajeros en Londres, Amberes y Berlín. El próximo 28 de noviembre llega a Madrid antes de acabar su gira en Ámsterdam. Hay trenes que solo (te) pasan una vez, así que no te pierdas esta travesía creada por The House of Bombay y The Robin Collective que fusiona arte, gastronomía y diseño visual.