Lugares En Los Que Perderte Para Poder Encontrarte

Estar perdido no es ningún delito. Todos lo hemos estado alguna vez y muchos lo seguiremos estando. Para encontrarse hay que tener el valor de mirar hacia dentro y no salir corriendo, pero con la vida que llevamos, es muy fácil dejar que pasen los días e ir arrastrando esa sensación de desasosiego. En cambio cuando estamos en otra punta del mundo, cuesta menos desconectar de todo, parar y mirarnos de verdad. Hay lugares que te ponen especialmente fácil sentir esa sinergia con todo lo que te rodea y a la vez contigo mismo.

Los Templos de Angkor, Camboya

Después de miles de años ocultos en la selva, los templos de Angkor son un remanso de paz. Aunque más que “una experiencia religiosa” – que diría Enrique Iglesias-, estar allí supone una experiencia vital. Es el lugar donde Angelina Jolie se metió en el papel de la despampanante Lara Croft en Tomb Raider, pero el lugar inspira más serenidad que la acción de la película. Y para magia la de Ta Prohm, un templo que literalmente ha sido engullido por las raíces de árboles milenarios. Estarás en la antigua capital del Imperio Jemer. No tiene precio. No porque estuviera allí la Jolie, sino por lo que significa para la Humanidad un hallazgo de estas características.


Mitad del Mundo, Ecuador

Es el lugar mágico que no se encuentra ni allí ni aquí. Que no es ni norte ni sur. Ni arriba ni abajoLatitud 0º0'0". Está al norte de la ciudad de Quito, en Ecuador. El monumento de Mitad del Mundo es un poco kitsch pero puedes vivir la experiencia de tener un pie en cada hemisferio o hacer equilibrio sobre la línea y decir que no estás en ninguno de los dos. Ah! Y en el ecuador pesarás un kilo menos que en el resto del mundo. Más allá de la curiosidad, es un lugar poderoso en el que meditar sobre lo divino y lo humano en un punto clave para el planeta en el que vives.


Finisterre, España

Hoy ya sabemos que la Tierra no es plana, sino redonda. Pero hubo una época en la que se pensaba que Finisterre (Galicia) era el fin de todo. Plantarte en el risco y ver lo que antes se consideraba el final de la Tierra, te hará sentir pequeño y a la vez muy grande. Estando allí -in situ- se consigue entender cómo nuestros antepasados tenían esa creencia. Da vértigo y a la vez tranquilidad saber que hay algo más allá del horizonte. 


Unamuno decía que “se viaja, no para buscar el destino, sino para huir de donde se parte”. Y claro que para encontrarse no hay que irse a ningún lado, muchas veces al llegar nos damos cuenta de que las respuestas que buscamos están precisamente en el punto de partida pero, ¿y lo bien que lo pasamos viajando?