Esos Límites De Confianza Que Es Mejor NO Traspasar Con Tu Pareja

Tengo una amiga que es capaz de contarte sus secretos más profundos mientras caga. Es una especie de metáfora de "voy a sacar contigo todo lo que llevo dentro". Hablar con ella por teléfono es garantía de escuchar la cadena de water en algún momento. Como si mi voz ejerciera en ella un efecto laxante inmediato. Cuento esto porque una vez llegó a defecar conmigo y su novio delante mientras nos hablaba. Yo no entendí muy bien la situación, pero él parecía bastante cómodo. Esa escena me hizo pensar: ¿Cuál es el límite en la confianza con tu pareja?

Resulta fascinante observar la evolución de la intimidad de una relación. Por ejemplo, en las primeras citas pasas por la típica fase de ayuno. A saber: quedas a tomar unas cañas y no comes NADA hasta que no vuelves a casa. Y allí te inflas. Si la cita es una cena, optas por el típico rollo de: "no si yo no como mucho". Meses después, si la cosa prospera, te verás comiendo un big mac tamaño XXL y unos nuggets con la salsa barbacoa decorando la comisura de tus labios. Muy sexy todo. Así que está claro que los olores bucales pierden importancia con el paso del tiempo.

Luego está el asunto estético. Por llamarlo de alguna manera. Aquí encuadramos la fijación de algunas de nosotras por reventar granos. Cuanto más blancos y gordos mejor. Como resultaría un poco extraño ejercer esta obsesión con desconocidos, nuestra pareja se convierte en el campo de pruebas ideal. Si al principio te esfuerzas por disimular que no has visto ese apetecible forúnculo en su barbilla, con el paso del tiempo le harás quitarse la camiseta para rastrear toda su espalda.

Quitar los mocos del otro también se puede considerar una gran prueba de amor incondicional. Por concretar. ¿Sabéis ese típico momento en el que vuestras caras están muy cerca y tú le miras en plan “oh es el hombre de mi vida”? Pues ese es el momento en el que él aprovechará para empezar a pellizcarte la nariz para eliminar esa mucosidad que te asoma. ¿Asqueroso? No, solo prefiere quitártelo a fingir que no lo ve. Práctico.

Lo del baño es el tema más peliagudo. Como decía al principio están los que no dejan nada a la imaginación, los del término medio (pipí sí, caca no) y los herméticos. Y esto es un mundo lleno de posibilidades. Yo por ejemplo pongo música deliberadamente cuando voy a hacer aguas mayores en su casa. Sé que puede parecer absurdo pasado un tiempo, pero lo siento, yo paso de estar ahí concentrada y que fuera se esté escuchando el “plop plop”. Soy de las que considera que ese es un momento muy privado, yo tampoco tengo necesidad de andar oliendo la defecación de nadie solo para que me demuestre toda su confianza.

Y ya que estamos, hablemos del tema pedos. Aquí, creo que la virtud está en el término medio, como todo. Cuando estás empezando con alguien y pasas alguna que otra noche con él, todos solemos reprimir los gases hasta lo enfermizo. Hasta el punto de que te quedarías todo el día con esa persona pero necesitas separarte de su lado si no quieres morir lentamente por dentro. Ya cuando la cosa se relaja un poco, es normal que se escape alguno de vez en cuando, pero el horno holandés de Leticia Dolera a mí no me hace ninguna gracia.

Momento de irse a dormir. Calcetines, ¿sí o no? Depende. Si es puro invierno y se los acaba de poner, pase, pero hombre, si han vestido tu pie durante todo el puto día, no me los hagas tragar bajo el edredón. En cuanto al sexo, he de decir que he leido ultimamente varios artículos defendiendo los polvos con calcetines con argumentos pseudocientíficos. En principio estoy en contra, aunque he de decir que alguna vez, después de alcanzar el clímax me he dado cuenta de que mi compañero de faenas no se había molestado en quitárselos y aun así el resultado había sido más que satisfactorio. Eso es algo que te puedes permitir cuando la confianza es tal como para que sepa exactamente dónde tocar para que tu entres en éxtasis, pero no recomiendo tentar a la suerte de dejártelos puestos en el primer revolcón.

La convivencia da para mucho. Se podía hablar de muchos más asuntos como el olor de pies y el sexo después de un día entero sin ducharte, entre otros. No hay unas reglas universales de la confianza, igual que mi amiga y su novio eran felices cagando en pareja, yo lo soy creando mi microclima para ese momento.

Crédito de la imagen: Ibai Acevedo