Las lecciones de sororidad que nos dan Aitana y Amaia en Operación Triunfo

Haber nacido mujer en la España de finales del siglo XX implica haber crecido con referentes audiovisuales como la serie Patito Feo, donde las divinas cantaban "mira una fea, allí hay otra fea, aquí no pueden pasar" y se quedaban tan anchas. Y sí, nos flipaba Rebelde Way, pero debíamos elegir entre Marizza o Mía, porque las dos protagonistas no se podían ni ver. Desde pequeñas nos han enseñado a ver a las otras mujeres como una amenaza a nuestro propio éxito, no fuera a ser que nos diera por cuestionar juntas el machismo dominante.

Pero no todo está perdido. La nueva edición de Operación Triunfo nos está dando una gran lección de feminismo gracias a la relación de amistad entre Amaia y Aitana. Son las dos grandes favoritas para ganar el concurso, pero en lugar de competir entre ellas se miman, se apoyan, se respetan. Tanto que cuando Manu Guix les preguntó a los concursantes qué es lo que más iban a echar de menos al salir de la academia, Aitana miró a Amaia y respondió sin dudar: "Tener hermanas". La frase es un claro ejemplo de sororidad, un término que viene del latín 'soror' (hermana) y precisamente hace referencia a los vínculos de hermandad entre mujeres para combatir los estereotipos de género.

Unos roles que Amaia y Aitana conocen bien, pues gala tras gala son ellas las que deben mantener el equilibrio sobre tacones imposibles y vestidos ajustados mientras sus compañeros lo tienen mucho más fácil para moverse sobre el escenario. A modo de venganza poética contra ese sexismo tan sutil y normalizado, el lunes pasado Amaia le confesó a Aitana que iría sin depilar a la gala "porque las mujeres también tenemos pelo. Yo tengo muchísimo pelo, pero me la suda, me la sopla", comentó resuelta mientras se miraba al espejo. Twitter explotó en mensajes de apoyo. Y su amiga, lejos de juzgarla, la respaldó con un "yo tampoco me he depilado las axilas".

Su ejemplo es valiente, porque todas sabemos lo difícil que es superar el miedo al escrutinio social al salirnos de lo que se presupone estético. Y a sus 18 años ellas lo hicieron delante de miles de personas. Con naturalidad y sin complejos. Como cuando Aitana se lamentaba por tener poco pecho y Amaia le dijo "a mí me encantan tus tetas Aitana, son súper bonitas. Nuestras tetas son preciosas, para qué mentir". Son frases así, dichas por gente a la que admiramos, las que nos enseñan a querernos un poco más a todas las que alguna vez nos hemos metido calcetines en el sujetador por miedo a no resultar lo suficientemente atractivas. Porque la naturalidad es belleza y ellas son unas diosas hasta interpretando rock duro con voz de moribundo resacoso.

Aunque ahora son inseparables, su amistad se consolidó cuando les tocó interpretar juntas Con las ganas de Zahara. Por entonces, todos especulábamos con el posible romance entre Aitana y Cepeda y shippeabamos con fuerza la relación entre Alfred y Amaia tras su interpretación de City of stars. Nos empeñamos en que debían dedicarle la canción a sus supuestos amados. Y volvieron a cerrarnos la boca. "Podríamos hacerla rollo bollo", propusieron desenfadadas, demostrando que el vínculo que las une está por encima de los fanfics de la audiencia.

Por gestos así se han convertido en las reinas de un feminismo espontáneo, que se aleja de la abstracción teórica y conquista el prime time cada gala. En la última, Aitana estaba hecha polvo por la marcha de Cepeda, uno de sus principales apoyos dentro de la casa, y Mónica Naranjo le espetó "yo a tu edad me fui sola a México y no lloré, Aitana, no lloré". Un comentario que ha sido parodiado hasta el infinito y resume a la perfección esa forma de relación entre mujeres tan caduca y nociva basada en la eterna comparación. Menos se habla de que unas horas antes Amaia se acercó a su amiga al verla triste y le dijo "llora todo lo que tengas que llorar. No te sientas mal por estar mal". La sororidad se impone y nos demuestra que tienen razón quienes afirman que lo único que necesitas para empezar una revolución feminista es una amiga.