Katie Luchaba Contra La Epilepsia Y Correr Le Devolvió Su Fuerza

Katie prefiere entrenar sola. Una de las canciones que nunca falta cuando lo hace es I’m yours, de Jason Mraz, "feliz" es la palabra que relaciona con esta canción. Y felicidad es lo que siente cuando corre, nos cuenta, aunque no sea fácil para ella. A sus diecinueve años, sufre epilepsia de lóbulo frontal desde hace diez años, en una variante agresiva resistente a la medicación. 

Debido a esto, Katie Cooke tiene entre doce y quince convulsiones por día y, cuando corre, su estado tiende a empeorar. Ella lo sabe, pero no le importa demasiado. Se ha convertido en una autentica heroína y líder de maratones, por su esfuerzo y por su valentía. Aunque sufra este tipo de episodios durante sus carreras, también suele ser capaz de recuperarse, ponerse de nuevo en pie y continuar.

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Es más, para ella, el problema al que se enfrentó en su primer gran reto de diez kilómetros no fueron las convulsiones, sino que, tras sufrirlas, los paramédicos que atendían la carrera no le dejaron terminarla. Eso le frustró y así se lo contó a su médico, uno de los pilares principales en su vida.

Una pareja imbatible

Colin Doherty es el neurólogo del Hospital St. James de Dublin que atiende a Katie. Convencido del beneficio que supone para su paciente correr, una actividad que, como ella misma dice, la hace más fuerte, Colin le propuso que podrían correr juntos. Desde entonces, han formado equipo y él está pendiente de ella cuando lo necesita, durante sus caídas o, simplemente, estando a su lado en cada carrera, codo con codo.

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El radio-documental No time to lose, producido por Jason Murphy y Tim Desmond para la RTE,  siguió durante meses a Katie, grabando su día a día y descubriendo a esta chica fuerte, física y mentalmente, con un gran sentido del humor, como nos dice Jason, que con el running consigue desconectar de su enfermedad. Gracias a este seguimiento podemos oír cómo el doctor Doherty tranquiliza a los corredores que se preocupan por el estado de Katie durante una de sus convulsiones.

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Pero Katie ha demostrado ser una persona difícil de tumbar y su vida está llena de objetivos. Nos cuenta que, cuando en 2015 terminó por primera vez el maratón de Dublín, en 4 horas y 11 minutos, se sintió realmente poderosa y realizada, alguien que podía conseguir cualquier cosa. Por eso, junto a su médico, ahora recauda fondos para crear un centro de enfermedades cerebrales en el hospital que la atiende. Además, estudia para ser profesora de gimnasia y fitness. Y, por supuesto, también se ha fijado su próximo reto deportivo: correr un ultramaratón de 80 kilómetros.

El orgullo de una madre

Al principio, quien no encontraba el modo de desconectar de la epilepsia era Nicola, la madre de Katie. Cuando su hija empezó a correr siempre estaba pendiente de la hora, para comprobar si necesitaba salir de casa y seguir sus pasos. Poco a poco, se acostumbró y empezó a ver el efecto positivo que este deporte ejercía en su hija: “hubo un tiempo en que no estaba segura de que Katie pudiera caminar de nuevo –en 2012 pasó por un momento crítico que la dejó en una silla de ruedas- y ahora se ha transformado en una atleta llena de pasión y esperanza. Sé qué correr le ha dado eso y estoy muy orgullosa de ella”, nos cuenta.

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En su lista de música para correr When will I see you again, de Shakka, es la canción que le transmite motivación. A Katie no le falta. La epilepsia forma parte de su vida, pero ella ha encontrado la manera de levantarse y seguir corriendo.