Cómo Jonah Lomu Se Convirtió En Leyenda Del Deporte

El Mundial de Rugby de 1995 será recordado por tres razones: por ser el primero de este deporte, por suponer un momento clave en el fin del Apartheid y por dar a conocer a uno de los deportistas más superdotados que ha dado la historia. Jonah Lomu acababa de cumplir 20 años cuando puso al mundo del rugby a sus pies con una mezcla de agilidad, velocidad y fuerza. Un talento natural al que solo pudo parar una enfermedad renal que en 2002 le obligó a retirarse de la selección neozelandesa y, dos años después, a someterse a un trasplante de riñón.

Pero antes de eso, a Lomu le dio tiempo a maravillar al mundo del rugby en innumerables ocasiones, convirtiéndose en la cara de un deporte que apenas empezaba su andadura profesional. Los 15 ensayos que logró en dos Mundiales con los All Blacks supusieron un récord que no se ha visto igualado hasta que el sudafricano Bryan Habana llegase a esa cifra en 2015, eso sí, habiendo necesitado siete partidos más que el neozelandés. Pero los números no son más que anécdotas en la carrera de un hombre que destacó tanto dentro como fuera de los terrenos de juego.

Vestido con la elástica negra, era de esos deportistas que convierten lo que hacen en puro arte. Solo así se puede definir la imagen de un tío de 195 centímetros y 112 kilos abriéndose paso hacia la zona de marca, apartando a rivales tan grandes como él como si fuesen plumas. Una facilidad pasmosa para moverse con el oval que a día de hoy nadie ha sido capaz de imitar. El '11' es y será siempre el dorsal de Lomu.

Además, su personalidad cercana y humilde le convirtió en un ejemplo que seguir, transmitiendo todos los valores del rugby en un momento clave para la expansión de "un deporte de hooligans jugado por caballeros", como dirían los ingleses.

Pero más allá de su impacto en el mundo del rugby, lo que destacó de su vida fue su espíritu de superación ante su dolencia, el síndrome nefrótico, una extraña enfermedad genética que le obligó a retirarse a los 29 años. Tras ser trasplantado del riñón, los médicos le comunicaron que seguramente tendría que ir en silla de ruedas. Lejos de aceptarlo, se sobrepuso a las 8 horas diarias de diálisis durante seis días a la semana, se entrenó y logró volver a caminar. Y no solo eso, sino que regresó a la práctica del rugby profesional durante una temporada.

Finalmente, tras rechazar su cuerpo el trasplante en 2011, recayó gravemente, y después de cuatro duros años, falleció el pasado martes. Un gran deportista y un ejemplo humano que vivirá para siempre en las memorias de los amantes del rugby, y del deporte en general, como la leyenda que es.