Los Insultos No Le Impidieron Convertirse En Uno De Los Grandes Bailarines De Nueva York

Tiene sólo 20 años y es consciente de que le queda mucho por hacer, pero su dedicación, su esfuerzo y la dura formación se han visto recompensado en forma de papel principal. Ha equilibrado, así, una balanza muy desigual, en la que todavía pesan los años de acoso escolar que sufrió en su colegio de Vallecas. Carlos Alonso va a debutar como solista con el Ballet de Nueva York este viernes, representando El Cascanueces en el Winter Garden del World Financial CenterY todavía quedan muchos aplausos por recibir y un largo camino por recorrer, porque las aspiraciones de Carlos, lejos de terminar en las tablas de este teatro, no han hecho más que seguir creciendo. Le hemos pillado, entre ensayo y ensayo, para que nos contagie de la magia que supone estar haciendo realidad un sueño.

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Código Nuevo: ¿Cómo fue esa llamada? ¿Cómo llegas a ser bailarín solista en Nueva York?

Carlos Alonso: Por entonces, hace poco más de un año, yo estudiaba en la Joffrey Ballet School de Nueva York. Un día recibimos la visita de Diana Byer, la directora del New York Theatre Ballet, que asistió a una de nuestras clases. Hasta ahí, nada sorprendente. Pero más tarde, mi director me dijo que Diana había pedido mi currículum y que eso era algo muy importante. Al no tener visado, tuve que volver a España pero, pocos días después de volver a casa, mi director me escribió para decirme que los trámites se habían reactivado porque Diana quería que actuase como solista en una de sus representaciones. Tuve que leer el mensaje varias veces, pensando que estaba entendiéndolo mal, pero, cuando me di cuenta de lo que estaba pasando realmente, me eché a llorar como un niño.

CN: ¿Cómo es trabajar en Nueva York? ¿Es todo tan competitivo como lo pintan en las películas?

CA: Mi compañía no es demasiado grande, así que somos como una pequeña familia. Yo llegué a la ciudad teniendo que buscar un piso y un trabajo para poder mantenerme, y todos se volcaron conmigo y me ayudaron a instalarme. Por lo general, los americanos son muy integradores. Se pirran por los acentos, por compartir otras culturas… al fin y al cabo, siendo bailarines asumimos que vamos a viajar por todo el mundo y que nuestra mente debe estar abierta para aprovechar al máximo la oportunidad de conocer a gente de todas partes.

CN: ¿Cómo es un día de trabajo en el teatro?

CA: Ahora mismo estoy a tope. Mi bautismo fue la participación en La Cenicienta este mes de noviembre como parte del elenco, pero ahora que soy solista en El Cascanueces, no paro. Voy a estar bailando en el escenario del Winter Garden durante toda la representación, y he pasado los últimos meses sin parar de ensayar y ensayar, levantándome todos los días a las 6 de la mañana para ir una hora antes a calentar. Para mí, esto es una rutina diaria; casi me da igual estar en Nueva York, porque yo me entrego esté donde esté. La diferencia es que cuando salgo a la calle me encuentro con los rascacielos, que tengo que coger el metro para ir al barrio del Bronx, donde tengo mi casa y que, si quiero, me puedo ir a pasear por Central Park en lugar de por El Retiro.

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CN: Pero echemos la vista atrás: ¿en qué momento decidiste que lo tuyo era el baile?

CA: Fue a los 9 años cuando caí en la cuenta. Siempre me ha gustado bailar, pintar… todo lo relacionado con el arte, en cualquiera de sus expresiones. Mi madre solía preguntarme si me apetecía bailar, apuntarme a una academia, a alguna clase extraescolar, aunque yo siempre lo negaba en rotundo. Pensaba que eso no era para mí, que yo era un chico y que eso del ballet era cosa de chicas. Pero, un día, me cansé.  

CN: Creo que tus compañeros en el colegio no te lo pusieron muy fácil…

CA: En absoluto. Sobre todo, los chicos de mi clase. Y desde siempre, desde que tenía sólo 6 años. Lo típico: que si no juegas al fútbol, que si no te pegas con nadie, que si sólo vas con chicas… La verdad es que me lo hicieron pasar bastante mal, a mí y a mi familia. A ellos, a mis padres y a mi hermano, les estaré eternamente agradecido por apoyarme en todo momento.

CN: De eso hace más de 10 años… ¿crees que esa percepción homófoba ha cambiado?

CA: Qué va. De hecho, creo que vamos a peor. Con lo que veo por la tele o por las redes, me parece que la gente es cada día menos tolerante, tanto con el colectivo LGTB como con los inmigrantes. No sé qué está pasando... Estoy seguro de que muchas vocaciones como la mía se pierden por el ‘qué dirán’, y eso me da muchísima pena.

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CN: Pronto saliste de España para continuar formándote. ¿Cuáles han sido tus pasos?

CA: Primero disfruté de una beca en el Finnish National Ballet de Helsinki y después salté a Estados Unidos, a la Joffrey Ballet School. No ha sido nada fácil, sobre todo por el tema del papeleo, del visado y también por el dinero. Mantenerse fuera de España es muy complicado si no tienes los suficientes recursos económicos. Esa ha sido una gran traba, desde luego.

CN: ¿Te planteas volver a España? 

CA: Me encantaría porque echo mucho de menos España, su ambiente, que la gente se ría, que haga ruido, saber que hay alguien en casa, la comida... Lo que ocurre es que no hay tantas oportunidades. Hay compañías en España pero la más importante, la nacional, es limitada y de muy difícil el acceso. Ahora, de momento, quiero conocer la cultura americana y el país que me ha brindado la primera oportunidad importante. Creo que se lo debo.

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CN: ¿Cuáles son tus sueños? Después de haber cumplido este, ¿qué retos te planteas?

CA: Esta compañía es el primer paso. Después, querría ir a la de Los Ángeles a conocer cómo se trabaja en la otra costa, en una compañía diferente. Y, a largo plazo, me encantaría abrir mi propia academia y convertirme en profesor. El papel de los formadores es fundamental para la carrera de bailarín, y ya no sólo por poder enseñar lo que sabes, sino porque sobre ti recae también la posibilidad de apoyar y aupar a quienes sienten pasión por el arte y la danza.

CN: Pero, por el momento, te queda tiempo en Nueva York. Hasta el 18 de diciembre, vas a ser el protagonista del musical navideño por excelencia, El Cascanueces.

CA: Sí, y además en un espacio mágico, porque el teatro es alucinante. Después de esto, quién sabe. Pero, y esto sí te lo aseguro, seguiré haciendo todo lo posible para conquistar mis sueños.