Hogwarts: Desmontando La Gran Estafa

Muchos de nosotros hemos pasado parte de la niñez, la adolescencia e incluso gran parte de la vida adulta esperando la llegada de una lechuza portadora de una carta que te comunica que el año que viene estudiarás en Hogwarts.

Pues bien, no solo no nos ha llegado dicha carta a la mayoría de nosotros, sino que encima se nos ha mentido acerca de la escuela y la vida de sus alumnos. En este artículo desgranaremos los motivos por los cuales esta escuela de brujería es una farsa educativa tan grande como la ‘Ley Wert’.


Copa de las Casas

Esta competición esconde una de las tupinadas más escandalosas de la historia moderna, coincidiendo con el mandato de Dumbledore como director de la institución y, curiosamente, coincidió con el primer año de Harry Potter en la escuela.

Slytherin había ganado con contundencia y una diferencia de puntos humillante respecto al resto de casas, pero Dumbledore decidió dar los puntos necesarios a Gryffindor para empatar a la casa de la serpiente y sumar 10 puntos extra para el lento de la clase (Neville Longbottom) con argumentos mucho más que discutibles. Suponemos que le daría pena.

Todo un año haciendo los deberes cuando tocaba, llegando a clase temprano para no perder ni un minuto, soportando las imbecilidades del profesor Quirrel, limpiando la mierda que deja tu lechuza y riéndole las gracias a los fantasmas para que lleguen tres niñatos y un director corrupto y te quiten la Copa de las Casas en tu cara. Obviamente, a partir de ese año la copa pierde toda su importancia sabiendo que pase lo que pase la ganará Gryffindor cada año.


Intimidad

No mucha gente se ha percatado de esto pero, amigos, estar solo en Hogwarts es más difícil que escuchar a Abraham Mateo sin que te sangren los oídos.

Para empezar, duermes en un pequeño habitáculo compartido con otros (aproximadamente) 17 estudiantes, cosa que destroza cualquier esperanza de tener intimidad para uno mismo. Podríamos decir que el dormitorio de un estudiante de Hogwarts es lo más parecido a un piso patera que encontraríamos.

Por si fuera poco, los baños son estilo aeropuerto (abiertos a todo el público por debajo y por encima) y suelen estar siempre ocupados, si no es por alumnos es por algún troll despistado. Si piensas que puedes ir al lavabo abandonado para hacer tus necesidades en paz: error. Te encontrarás a la niña muerta que no tiene otro objetivo antes de ir al más allá que el de tocarte las narices cuando quieres cagar.


Seguridad

Hogwarts se jacta de ser la escuela más segura del mundo. Así lo hace saber Albus Dumbledore anualmente. A medida que pasan los años, cada vez que dice esa frase de “Hogwarts es la escuela más segura de todas” se le escapa más la risa.

Todos recordamos con cierto cariño el grito de “¡TROLL EN LAS MAZMORRAS!”, cuando realmente es un mero ejemplo del precario sistema de seguridad de la escuela. Recordad que el troll es derrotado por tres alumnos de primer año que apenas saben hacer desaparecer una moneda ante la ineptitud del profesorado ante estas situaciones.

Una escuela rodeada por un bosque prohibido en el que hasta los árboles te quieren matar, en la que el paradigma de seguridad son unos seres que si te despistas te roban el alma y en el que los alumnos van armados es menos segura que pasear por Damasco con una bandera americana.


Dedocracia

Como casi todo en este país, las cosas en Hogwarts funcionan por dedocracia. No importan tus méritos, si estás más o menos preparado o si estás de agente infiltrado en la cuadrilla de Voldemort, la secta de Dumbledore siempre escogerá a un profesor más mediocre que Snape para la clase de Defensa contra las artes oscuras.

Un hombre lobo, un impostor, una señora que parece la loca de los gatos de Los Simpson o hasta el mismísimo Señor de las Fuerzas del Mal pegado al cogote de un calvo han impartido esa clase, mientras al pobre de Severus lo relegaban a la sala de las pociones.


Quidditch

Un deporte en el que puedes pasarte la tarde dándote de hostias para meter la pelota entre los tres aros o humillar en el marcador a tu rival, que si el cazador atrapa la snitch dorada consigue infinitos puntos y todo tu esfuerzo es absolutamente inútil.

A tener en cuenta también el peligro que supone para los alumnos que haya un balón con vida propia cuyo objetivo sea tirarte de la escoba a treinta metros de altura o que hasta los profesores quieran tirar de la escoba a sus alumnos para matarlos.


Puede que después de leer este artículo se os hayan pasado las ganas de apuntaros a esa Hogwarts o de ir a visitarla. Ya os digo que al menos a mis hijos no los encontraréis allí dando clase. A mí no me engañan.