La historia de la psicópata Olga Hepnarová, la última mujer ejecutada en la República Checa

Olga Hepnarová fue la última mujer condenada a muerte en la República Checa. El 10 de julio de 1973, una perturbada y hastiada Olga de veinte años embestía un camión alquilado contra una para de tranvía para asesinar a ocho personas y herir gravemente a otras doce. Lo hizo queriendo, sin arrepentimiento y considerando su decisión una condena hacia una sociedad y una familia que la habían destrozado por dentro.

Por aquello, Hepnarová fue sentenciada y ahorcada dos años después. "Yo, Olga Hepnarová" es el film que Tomás Weinreb y Petr Kazda han creado y dirigido sobre cómo su terrible vida la empujó a tomar esa decisión, gracias al testimonio de la verdugo que apagó la vida de Olga hace ya más de 30 años y a las cartas que dejó antes de cometer su crimen.

"Este es mi veredicto: Yo, Olga Hepnarová, víctima de su brutalidad, los sentencio a morir atropellados y declaro que unas vidas son un precio muy barato por mi vida. Gracias. Praga, 1973". Estas fueron las palabras que escribió la joven asesina en masa y que pueden oírse hoy en boca de la protagonista de esta película, la actriz Michalina Olszanska, que recoge de forma magistral y en blanco y negro el testimonio de alguien perturbado por unos padres torturadores y maltratadores física y psicológicamente desde la niñez.

A pesar de la insistencia de su madre por provocarla destrozándole el alma y la moral –“para quitarse de enmedio, hija mía, hay que tener una voluntad fuerte, y a ti te falta. Acéptalo”, llegó a decirle–, Olga sí intentó suicidarse una vez y pasó por un psiquiátrico. Pese a todo ello, fue declarada en pleno uso de sus facultades por el tribunal que la sentenció a una horca de caída corta, que le procuró una muerte lenta y agónica.

Un final al que Hepnarová no se opuso hasta que no se vio caminando hacia su destino y, entonces, descubrió que ese profundo odio que la había movido toda su vida no era más que la frustración por no haber sido querida. Su película, programada el año pasado en los festivales de Berlín y Sevilla, plantea el sufrimiento interno que lleva a jóvenes a tomar las riendas de un vehículo y acabar con otras vidas para redimir la suya. Casi siempre, sin éxito.