Hipsterland, La Locura De Hacer Una Serie Con Los Colegas Y Llevarla A La Tele

Los últimos dos años han sido tan intensos que seguramente valdrían mejor cómo serie que la propia serie que hemos hecho. El principio de la locura de Hipsterland fue en marzo de 2014 y como toda buena película de Scorsesse, empezó con dos chavalillos de 23 años (Ivan y yo, Marc) que, ante la 'hijoputez' de la crisis, decidimos no tener que depender de nadie y enzarzarnos en un proyecto de dimensiones épicas. "Vamos a hacer una serie por Internet con una calidad televisiva. ¿Y quién paga? nuestros ahorros. ¡No os preocupéis, saldrá bien!".

Bendita inconsciencia juvenil que nos tapó los ojos para que no viéramos las diapositivas del incesante frenesí y descontrol que nos deparaba el futuro. Pero hoy, dos años más tarde y a punto de estrenar Hipsterland en televisión, la montaña rusa que hemos vivido parece tener final feliz.


1. Éramos pocos y parió la burra

En realidad os he timado, al principio lo que quisimos hacer era una webserie modesta, grabada con un móbil y con nuestros colegas. Pero ahí entran en escena nuestros ángeles de la guarda, Anna, Marta, Adriana, Lorena y Lia; producción en estado puro que nos dijeron: "¿Por qué no hacer esto a lo grande?" Es entonces cuando convencemos a más de 70 personas para que aporten cada uno su especialidad y nos ayuden a levantar el barco.

Se piden favores, se tiene la cara muy dura, se rueda, se está muchas horas sin dormir, muchas semanas sin finde, muchas birras, más favores, fiestas, edición, tabaco, estrés, discusiones, préstamos, móviles fundiéndose a 24/7 por la vibración, las amenazas... De repente tenemos 4 episodios bajo el brazo, un trailer con 17.000 visualizaciones en facebook en 24h, un estreno de los dos primeros capítulos en una fiesta a la que asisten 400 personas, 3.000 seguidores en facebook y un Verkami con el que ganamos más de 5.000 euros. Somos los putos amos.


2. La gran hostia

Estamos cansados. El globo del estreno se desincha a velocidad de crucero y cada capítulo lo ve menos gente. Ya hemos rodado 6 episodios y las consecuencias del agotamiento son que la gente va abandonando el barco, a las buenas y a las malas. Nuestras cuentas personales están a cero y, salvo un puñadito de fans, nadie ha oído hablar de nuestro proyecto.

Nos hemos vaciado las entrañas encima de una mesa pero no hemos encendido las luces, así que nadie se ha dado cuenta. El verano pasa rápido, con una gira por localidades de Cataluña en las que recibimos alguna palmadita en la espalda pero poco más. La gente del equipo ya te va hablando de otros proyectos en los que empiezan, porque, eso sí, hemos creado una pequeña gran familia, y ahora tenemos muchos amigos.

Nos invitan a un festival de webseries de Sevilla al que vamos para levantar nuestro animal muerto como el estandarte de algo que ya no existe. Y lo pasamos bien, y a la gente del mundillo le gusta, pero nuestros ojos ya están mirando trabajos decentes, renuncias, y poco a poco vamos cavando un agujero para enterrar nuestro hacha de guerra. Es septiembre de 2015 la mierda nos llega al cuello.


3. Y entonces llegó ella

Recuerdo que bajaba a comprar unos periódicos para un posible curro en la radio, que al final no me dieron, cuando mi teléfono suena: "Hemos visto la serie en internet y nos ha gustado. ¿Podéis venir y hablamos?" Era la tele. La jefa de contenidos de La Xarxa, que es la red de televisiones locales de Cataluña.

Nos proponen emitir nuestra serie, los 12 capítulos. "Tenemos 6" les decimos. Así que nos volvemos a liar la manta a la cabeza para la aventura final: Hacer lo mismo que hemos hecho durante un año en un mes y medio, hacerlo mejor, con mejor equipo, y que la gente cobre.

¿Y sabéis qué? Lo hicimos. Más tensiones, negociaciones, contratos, dinero, amenazas de la policía, cristales rotos, días seguidos sin dormir, contaminación acústica, y sobretodo curro, mucho curro para terminar nuestra primera temporada con 12 capitulazos.


4. Ni se crea ni se destruye

Y es que dos años después, a unos días de que la serie se estrene en televisión, os juro que me acabo de dar cuenta ahora mismo, escuchando David Bowie y escribiendo esto, de todo lo que hemos currado. De que a nuestra generación no le van a regalar nada y solamente los proyectos kamikazes nos pueden llevar a alguna parte. Porque cuando pones toda tu energía en algo, ese algo adquiere energía propia, y esta no se puede destruir, solo transformar. Os esperamos en Hipsterland.