Era una 'hater' hasta que me di cuenta de que eso me estaba destruyendo

La monologuista Hannah Gadsby explora en sus monólogos de Netflix cómo ha vivido siempre odiándolo todo. Ahora quiere dejarlo: se dio cuenta que no odiaba el exterior, sino que proyectaba la irritación que sentía dentro de sí misma

Todo el mundo conoce a esa persona que siempre tiene una opinión negativa del tema que sea. ¿Que estáis hablando de un amigx en común? “Me cae fatal”, responderá, acompañado de una mueca. Y no solo con gente, cualquier cosa les parece mal. ¿Élite? “Menuda basura”. ¿Bad Gyal? “Eso no es música, es ruido”. ¿Rosalía? “Sobrevalorada”. ¿Esther Expósito? “Más fea de lo que se cree”. ¿Operación Triunfo? “¿Pero alguien sigue viendo ese bodrio?”. Son lxs haters autoproclamados, esxs que nunca sabes qué les gusta, pero oye, todo el mundo sabe lo que no.

Pues Hannah Gadsby, comediante y monologuista, autora de los shows de Netflix Nanette (2018) y Douglas (2020, recién estrenado), tiene unas palabras que dedicarles: deja de odiarlo todo. “Yo lo hice, y ahora me siento mejor. Ahora me quiero más”. Gadsby reflexiona en sus monólogos (entre muchas cosas) sobre el odio con el que ha vivido rodeada toda su vida, recibiéndolo “por ser mujer en una sociedad patriarcal y lesbiana en una sociedad heterocéntrica”, como decía en su monólogo, pero también escampándolo, porque ella estaba tan resentida con todo el mundo que no dudaba en soltar las mismas dosis de odio que recibía.

“Es fácil odiar, se puede odiar todo. El hecho de que podamos odiarnos a nosotros mismos es la prueba de que todo puede ser odiado. Y es muy triste”, añade en una entrevista con el portal americano Bustle, en la que sobre por qué quiere dejar de ser una hater de manual, una decisión que ha tomado porque, según asegura en el artículo, son "lamentablemente comunes" las personas que, como ella, dan más importancia a lo que odian y no a lo que les gusta de la vida, todo aquello que merece ser disfrutado. 

Se dio cuenta de esto un día cuando le preguntaron “¿por qué odias a Tom Hanks?”. Ella lo detestaba, muchísimo, pero cuando se lo preguntaron se quedó en blanco. “¿Por qué lo odiaba? Llegué a buscar en Google ‘por qué odio a Tom Hanks’. No se podía odiar a Tom Hanks, es un ser benigno. Y luego me di cuenta de que simplemente estaba irritada porque siempre era el protagonista en todo, siempre se le daba espacio a él como hombre blanco heterosexual por encima de otros actores. Y eso no era su culpa, pero yo estaba enfadada y lo pagaba siendo una hater”, recuerda.

Ahora está trabajando su odio. Aunque ha labrado una carrera como comediante riéndose de todo, insultando y burlándose de lo que odia, ya no quiere ser más hater. Ya lo ha dejado claro en sus monólogos: ha vivido rodeada de odio y odiándolo todo, nada se escapaba de su crítica mordaz. Pero ya no quiere seguir así fuera de los escenarios, en su vida privada, porque la estaba consumiendo. “El odio es destructivo. Es igual de autodestructivo como externamente destructivo. El odio parece una emoción que proyectas hacia algo externo, pero realmente es un impulso autocorrosivo”, advierte.

Para dejar de ser una hater, está siguiendo un método: “cada día me permito odiar una cosa y ya está, paso página. Ahora mi mantra es que, si tengo un buen día, tengo que hacer todo lo posible para compartirlo. Y si tengo un mal día, tengo que hacer lo posible por no contagiarlo”, así de simple. Si sus amigos hablan de algo que odia, ella ya no dice: “menuda basura”, ahora se muerde la lengua y escucha lo que tengan que decir.

Odiarlo todo no es una personalidad, es una manifestación de un montón de cosas internas. Es un mecanismo de defensa. Te sientes irritado por dentro y lo proyectas con todos, hacia todo”, asegura, aconsejando que, si como ella, tú también eres un hater, probablemente tienes algo que trabajar dentro de ti, algo que no te gusta y que no te satisface. “Es difícil, pero es muy necesario darse cuenta. Ahora estoy intentando que no me caiga mal Taylor Swift”, concluye la exhater.

CN