Por qué nadie está hablando de los emoticonos rubios negros del WhatsApp

El otro día estaba de paliqueo en el grupo de WhatsApp de la redacción de Código Nuevo alguien soltó una bomba atómica. Unos emoticonos que nos dejaron el culo torcido y que nos hicieron replantearnos todos nuestros conocimientos sobre antropología, fisionomía, etnología y todos los ‘-ías’ que aprendimos en la universidad (no, no se incluyen clases de resaca del ‘Orgasmus’). Porque una cosa es sacar un emoji a lo Dennis Rodman (obviamente hay mogollón de afrodescendientes que se tiñen el pelete de rubio platino)...

... y otra cosa es un pavo con aspecto de llamarse Günter, peinado de primera comunión y color de piel de Stevie Wonder.

O su versión femenina como una combinación de Taylor Swift con el tono de la modelo negra a la que llaman sucesora de Naomi Campbell.

El caso es que tras un arduo debate, un análisis meticuloso de sus rasgos y un brainstorming de los miembros más creativos de la plantilla de Código Nuevo dimos con el original nombre de: "los rubios negros del WhatsApp" y decidimos compartir contigo (con un titular clickbait) nuestras teorías sobre la historia que puede haber detrás de estos expedientes X.

El ‘pepero’ que se fundió el vale del Solmanía

Dice la leyenda que una de las primeras ventajas que tiene afiliarse a las juventudes del mayor partido de la derecha española es un pase ilimitado a un centro de rayos UVA. Solamente con un tono tostadete de piel y la melenita rubia de Borja Mari se puede lucir con orgullo el carnet de afiliado por el paseo de la Castellana de Madrid. Esta teoría defiende que el emoji ha sido infiltrado en WhatsApp por elementos afines al partido de la gaviota para que subliminalmente aceptes unirte a ellos. Otra cosa es que sin el correspondiente verano en un yate (documentado en Instagram of course) el moreno quedará bastante falso y más de uno se dará cuenta de tu FAKE. El caso es que te lo van metiendo ahí, como quien no quiere la cosa.

El día que Helfride se perdió en el Caribe

Tenía que ser un veranito de mojitos, salsa y sabrosura. Tras fundirse la mitad de los veranos de su vida destrozando su hígado en el paseo marítimo de Magaluf, Helfride Schwarzeneggerhoff, se marchó a Cuba a emular las experiencias de Ernest Hemingway. La liada comenzó cuando tras llegar a Varadero la colega comenzó a pillar las botellas de ron con el mismo gusto con el que se bebía las litronas de Mahou a pleno solazo de las Baleares. Pero no, Helfride, chata, el Caribe no es el Mediterráneo y el garrafón comunista no tiene nada que ver con las birras ibéricas. El resultado fue que un buen día la pobre se despertó resacosa en la playa a las 3 de la tarde, con la boca más seca que una bolsa de Ruffles caducada y un cáncer de piel esperándole en Alemania. Siguiendo esta lógica, el emoji es una amenaza encriptada al turismo de borrachera de Mallorca.

Günter el 6 de enero

Ahora hablamos del marido de Helfride que hacía años que el señor Schwarzeneggerhoff se había instalado en Mallorca. Unas Navidades a Günter se le ocurrió demostrar que su adaptación a la cultura ibérica estaba al 99% de completarse y que en breves ya podrían llamarle Juanito, Manolo o Pepe. El rollo es que el vecino senegalés que iba a hacer de Baltasar en la cabalgata de Reyes se puso enfermo a última hora y Günter se ofreció voluntario para sustituirle. Como la cosa fue de lo más improvisada se le ocurrió echar mano de las pinturas del chino de su hijo y el resultado se manifestó el 6 de enero, el 7, el 8... etc.

Jenny, la choni que quería ser Beyoncé

Sí, también hay un icono femenino y el cachondeo fue el mismo o más. Jennyfer nació en un barrio de las afueras de Barcelona. Desde bien pequeñita siempre había demostrado sus dotes para la música. Memorizaba las letras de Camela y fue de las primeras en estrujar su melena (y su cerebro) hasta el límite con multitud ganchitos de metal de todos los colores imaginables. La primera vez que ‘la Jenny’ observó a Beyoncé en Youtube su vida cambió para siempre. Tras cantar el I'm a single Lady en bucle durante meses, decidió dar un empujoncito a su aspecto beyoncesco y adquirió un tinte espectacular en el Mercadona que la encumbraría a los cielos. El resultado fue más o menos el que sale en el icono: aunque la choni se vista de diva, emoji se queda.