La genial metáfora sobre relaciones tóxicas y monstruos internos de 'Colossal' 

¡Ah, la resaca...! Esa sensación tan maravillosa que llega cuando la fiesta ya ha terminado hace horas, pero el dolor de cabeza –tan cierrabares él- no se ha enterado. Son momentos de boca pastosa en los que te levantas hecho un calamar y te sincronizas con un monstruo gigante que aparece de repente en Seúl. Vaya, al menos eso es lo que se deduce de Colossal, la última película protagonizada por Anne Hathaway y que se estrenó en España el viernes.

Su director, Nacho Vigalondo, no se lleva demasiado bien con la sutileza, y se toma la premisa anterior totalmente en serio: Gloria es una chica derrotada por la vida y obligada por las circunstancias a volver a su pueblucho natal que, tras emborracharse, descubre que si pisa un determinado parque infantil a determinada hora de la madrugada hace aparecer un bicho de varias decenas de metros de altura en la capital de Corea del Sur.

La gracia es que todo este frikismo del argumento se juega a un nivel muy humano. Vigalondo coge el concepto con el que Guillermo del Toro se divirtió en la exagerada Pacific Rim y lo utiliza para hablar de las luchas cotidianas. La trama gira en torno a las malas experiencias de Gloria y de la gente con la que se encuentra en el pueblo, y trata el cómo la monotonía y el tedio se te pueden comer si te descuidas. Por suerte, el director cántabro no es Paulo Coelho, y la película no se resuelve con frases pretendidamente profundas, sino con tortas como panes.

Colossal, la bella y el bestia

Otro elemento que anda por ahí en Colossal es una cierta metáfora de la violencia machista. Sin entrar en spoilers innecesarios, simplemente cabe apuntar a la actitud de Oscar (Jason Sudeikis), el dueño del bar del pueblo, amigo de la infancia de la protagonista y secretamente enamorado de ella. O al menos, eso es lo que él cree, porque lo suyo es más la envidia posesiva, y de esa concepción tóxica del amor sale todo el meollo.

Aun así, que estos últimos párrafos no lleven a engaños: Colossal tiene su carga de reflexión, pero no es una película seria ni sesuda. ¿Cómo podría serlo con una sinopsis que incluye bestias reptilianas y engendros metálicos gigantes? La sensación que uno tiene después de ver la película es la de estar contemplando una travesura secreta puesta a la vista de todo el mundo.

Colossal es el trabajo de un director que siempre ha tenido una visión muy personal —por usar el eufemismo que mejor describe una trayectoria que combina los viajes en el tiempo de Los cronocrímenes con el gigantesco OVNI que paraliza la ciudad en Extraterrestre— y que ahora ha conseguido suficientes medios para hacer realidad sus juegos. En la película hay chistes con memes y soldados coreanos, pero es una idea loca que funciona, en última instancia, por su apego a lo humano.

Y es que, como decíamos, Colossal no va de los monstruos. Va del viaje interior de una protagonista que es un desastre y que lucha como puede por no dejarse hundir. Que no se deja pisotear por un abusón y que se levanta por muy resacosa que se encuentre. Vaya, que está bastante claro: mucho mejor que cualquier manual de autoayuda.