Formas De Callarles La Boca A Los Que Preguntan: "¿Cuándo Os Vais A Vivir Juntos?"

Mia Farrow y Woody Allen fueron una de las parejas top de Hollywood en los ochenta. Pero 12 años juntos y tres hijos en común no les convencieron para compartir techo. Él no abandonó su apartamento de la quinta avenida de Nueva York y ella no se movió de su casoplón en Central Park. Lo de las acusaciones de abuso a su hija Dylan y el hecho de que Allen acabara casándose con otra de las hijas de Farrow ya lo comentamos otro día, si eso. El caso que hoy nos ocupa es el de esas parejas que, como los Allen-Farrow, eligen compartir vida, pero no casa. Rompiendo esquemas sociales desde hace más de 30 años.

La pregunta "¿cuándo os vais a vivir juntos?" es una de esas cuestiones incómodas que la gente te plantea sin pudor ninguno. Si alguna vez das el paso y compartís llave y cama, prepárate para el "¿cuándo os casáis?" y los "¿para cuándo el bebé?". Si quieres tener una lista de argumentos sólida y completa para dar con la respuesta en las narices a los impertinentes, he aquí algunos de los motivos por los que una pareja decide no convivir (o, al menos, lo retrasa).

1. No tienes que disimular los pedos

Todos sabemos que por la mañana, tu estómago se despierta igual que el resto del organismo y es el momento en el que expulsa lo que no quiere. Si hay alguien más bajo el edredón, dicha expulsión, se complica mucho. Los hay que creen que tirarse pedos termina con la relación, otros que la afianza. No te culpamos por querer alargar el momento de "comprometerte".


2. Cuando lleváis dos días sin veros, os hace ilusión dormir juntos

Aunque pases tiempo con tu pareja y conviváis, más o menos, el hecho de volver del curro y saber que no te lo vas a encontrar sí o sí aumenta la emoción cuando es así. Otra forma de mantener la magia.


3. Cuando sus padres vienen de visita, puedes escoger si estás o no

Si vivís juntos es muy complicado fingir que tienes tantas cosas que hacer como para alegar que no vas a pisar el piso por el que pagas religiosamente el aquiler en 24 horas. Además, te ves obligado a pasar todo el día fuera de casa e igual no te apetece.


4. No discutes por lo que quieres que suene en el Spotify

¿Limpieza general matutina o domingo de sofá con música de fondo? Tú eliges qué es lo que quieres que suene sin tener que llegar a un consenso ni tener que aguantar lo que le gusta al otro durante 2 horas seguidas. ¿Que te apetece un reggaeton del bueno? Dale rienda suelta a Don Omar.


5. Sí, dejo la puta tapa del water levantada ¿Y qué?

El mundo se divide entre aquellos que consideran una máxima en su vida bajar la tapa y los que pasan soberanamente de si está arriba, abajo o a remojo en la bañera. Si alguna vez decides convivir con alguien, espero que estéis en el mismo bando.


6. Te evitas eso de: "Esa chuchilla que lleva 6 meses en la ducha, ¿puedo tirarla?"

Y también tener que responder algo como: "No, creo que aún la puedo usar una vez más. El óxido en las hojas es bueno para apurar el rasurado, estoy segura". Todos tenemos manías guarras, permítete alargar las tuyas un tiempo más.


7. No tienes que lavar tu ropa interior con la ajena

Que sí, que puedes llegar al trato de que cada uno ponga su lavadora, pero al final acabas juntando ropa (porque es absurdo tener que esperar dos semanas para tener bragas limpias porque no tienes ropa suiciente), y hay gente a la que eso no le mola ni un pelo.


8. Puedes llegar borracho a casa siempre que quieras

Vas a hacer ruido al entrar, inevitablemente. A lo mejor tienes que echar la pota o te apetece comerte el tupper de macarrones que lleva en la nevera una semana. O simplemente, llegar a la hora que te de la gana. Todo esto, sin tener que dar explicaciones ni que te echen en cara el follón que armaste anoche ni el aliento mañanero que dejan las cervezas del principio, los cubatas de después y los chupitos del momento cumbre.


9. Evitas discusiones por la pasta

Que si nos hacemos cuenta común, que si tú pagas estas facturas y yo las otras, que si yo llevo tres semanas pagando la compra. Las cuentas claras y separadas, la mejor manera de no discutir por el dinero, un tema que ha separado a las mejores familias.