Así es como 'La forma del agua' te enseña a sacar lo mejor de las peores experiencias

Has tenido malas experiencias que te han hecho verlo todo negro. Has llegado a pensar que nunca te recuperarás, que nada te hará sentir como aquella chica o chico que te enamoró o ese amigo que tanto alegraba tus días. Después, te has dado cuenta de que estabas equivocado/a. Que ante las peores experiencias lo mejor no es solo volverse a levantar, sino sacar lo mejor de ellas. Y eso es justamente lo que nos ha enseñado el director mexicano, Guillermo del Toro, en su última obra: La forma del agua, basada en la película de 1954, El monstruo de la laguna negra.

Gestos de bondad entre injusticias

En plena Guerra fría, una joven llamada Zelda Hawkins (Octavia Spencer) pasa los días limpiando las instalaciones de unos laboratorios de Estados Unidos. Su monótona rutina dará un vuelco cuando los científicos traigan a una especie de anfibio con apariencia humana (Doug Jones), que será apresado y explotado con crueldad. Su objetivo era convertirlo en un arma de guerra contra Rusia, y a él le sobrarán los motivos para sentirse afligido. Al menos hasta que lleguen las visitas de Zelda.

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No intercambiarán ni una palabra, pero eso no impedirá que ella le regale momentos de paz ofreciéndole huevos hervidos y canciones que jamás había escuchado. La prueba de que cuando sufras la injusticia, cuando dejes de creer en la bondad humana, casi siempre habrá alguien que te tenderá la mano. Porque, mientras unos solo dañen a los demás para beneficiarse, hay personas que te mostrarán su apoyo sin ningún interés. No perseguirán más objetivo que ser fieles a su sentido de justicia, y esa es la mejor parte que puedes sacar de esta experiencia.

Mirar más allá de las apariencias

Siendo una joven muda de los años sesenta, Zelda vive marginada en una sociedad que le recuerda constantemente que es diferente. Se siente incomprendida y eso le lleva a pensar que no hay sitio para ella en este mundo. Lo mismo ocurre al hombre anfibio, que se encuentra preso en un entorno que es ajeno a él y que, además, no hace el mínimo esfuerzo en comprenderle. Es inevitable que ambos se sientan solos y rechazados. Pero ese mismo repudio que tanto les ha atormentado, hará que se enamoren más allá de las apariencias, que aprecien la belleza fuera de los cánones establecidos. Con ello convierten su desdicha en una virtud y nos regalan una historia que no tiene por qué ser diferente a la tuya si, en alguna ocasión, alguien también te rechaza por lo que muestras a simple vista.

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Sí, primero te sentirás mal –será una putada, vaya–, pero después de comparar con qué ojos te miran los que te dan la espalda y como lo hacen los que no, te darás cuenta de que juzgar de forma superficial solo crea falsas percepciones. Así que será muy probable que evites hacer lo mismo con los demás, que hagas todo lo posible para apreciar su inteligencia, sensibilidad o humor. Una nueva visión que te llevará a conocer a personas con las que, en principio, no tienes nada que ver. Y eso te descubrirá experiencias y puntos de vista que antes de haber sido rechazad@ difícilmente habrías apreciado.

Valorar más las cosas

En casi todos los relatos míticos, las parejas de diferentes especies se encuentran obstáculos que les impiden vivir su amor. En el caso de Zelda y el hombre anfibio, la situación es aún peor porque él está en cautiverio.  Eso hará que su relación esté llena de dificultades desde que intercambien sus primeras palabras: no podrán salir a cenar, darse un beso cuando les salga de dentro, ni alquilar juntos un pequeño piso. Aunque estos contratiempos son los que, al mismo tiempo, harán que se valoren el uno al otro como pocos hacen. O, lo que es lo mismo, que su relación sea más fuerte.

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Llevamos años aprendiéndolo: lo que más cuesta es lo que se termina amando más. Y, si no te sientes identificado con esta premisa, echa la vista atrás y recuerda el empleo que tanto te costó conseguir, al chico o a la chica "inalcanzable" que terminó siendo tu pareja y el viaje que pudiste hacer después de un año entero de trabajo. Seguro que hay pocas cosas que valoras al mismo nivel.

Algunos dicen que La forma del agua es la mejor película de Guillermo del Toro desde el Laberinto del fauno, donde también aparece Doug Jones. En la película de 2006 utilizó la fantasía para hablar de algo muy profundo: el uso de nuestra imaginación para buscar la paz en nuestro interior y escapar de la crueldad que nos rodea. Y ahora, ha vuelto a jugar con la ficción para que hagamos otra reflexión: en los mejores relatos el bien puede surgir de la misma fuente que el mal. Lo importante es diferenciar quién es quién.