Entrevista: “Para ser feliz deberías consumir menos y disfrutar más con lo que haces”

¿Y si la verdadera felicidad estuviera en encontrar un bar con wi-fi cuando se te han acabado los datos, en apoyar la cabeza en el lado fresquito de la almohada o en comerte un buen plato de cocido? Igual estamos empeñados en encontrarla en sitios equivocados… De todo ello reflexiona el periodista Toño Fraguas en su nuevo libro ¿Existe la felicidad? (Plaza & Janés), una reivindicación de la Filosofía hecha con ironía y humor que ataca a la corriente ‘felicista’. Porque la felicidad es como la opinión y como el culo: cada uno tenemos la nuestra.

 Empiezas fuerte. En la primera página del libro te atreves a dar la ecuación de la felicidad: “Felicidad = fertilidad + felación”.

Los libros de autoayuda son muy aficionados a este tipo de sentencias. “La triple F del éxito”, “Las 10 medidas para ser feliz”… Yo me río de todo eso porque, además, estos manuales te obligan a seguir todos los pasos y, sólo al final, el autor hace un ejercicio de extrema generosidad descubriéndote la verdad de todo. Pues mira, no, yo lo digo ya en la página 3.

Y digo que felicidad es igual a fertilidad, refiriéndome al hecho de crear cosas que no existían, como un libro, un cuadro o una canción, y felación, que tiene que ver con el disfrute corporal y físico, con el hedonismo.

¿Nos han engañado con la definición de felicidad? Parece que para ser feliz hace falta tener muchas cosas…

O nos han engañado o nosotros la hemos dado por sabida sin tener ni idea. Es un concepto como el del amor, el de Dios… nadie puede explicar qué es en realidad. El hombre lleva milenios haciéndose las mismas preguntas. Porque alguien te dirá que la felicidad son las pequeñas cosas, otro que son momentos puntuales de plenitud… pero incluso en esos momentos tienes miedo a perder ese bienestar, así que tampoco eres plenamente feliz… Quién sabe.

Y, ¿por qué hay tantos jóvenes infelices, insatisfechos?

La sociedad occidental está dominada por un sistema de turbo-capitalismo consumista. Hasta hace poco, cuando comprabas una manzana, únicamente querías una pieza de fruta. Ahora quieres que sea ecológica, de comercio justo, que no lleve pesticidas… quieres un estilo de vida asociado a la manzana. Y, ¿qué pasa con los mileniales? Que viven imbuidos en un estilo de vida y de imagen que les afecta hasta a ellos mismos como productos. Ahora ya no hay personas, hay “marcas personales”. Periodistas, bloggers, emprendedores… y siempre hay una distancia entre cómo somos y cómo nos gustaría ser. Por eso hay insatisfacción, porque nadie puede llegar a ser 100% como le gustaría.

Esa es otra: ¿hay tanta felicidad en la vida real como en las redes sociales? Porque hay mucha gente que vive obsesionada por mostrar a los demás que es feliz.

Es una especie de sucedáneo. Tú compras, o publicitas una actividad, un evento al que asistes y, durante un momento, creas la ilusión de que eres como te gustaría ser. Pero luego ese producto pasa de moda y la máquina del turbo-capitalismo te crea otra necesidad distinta. Además, ahora ya no hay intimidad sino ‘extimidad’; estás casi obligado a publicitar todo lo que haces en tu vida y, paradójicamente, eso es precisamente lo que no te deja vivir en paz. Hay que intentar consumir menos y ser menos intensivo con lo que haces. Disfrutar.

También hay gente que deposita su felicidad en cosas como adelgazar. Tú perdiste 15 kilos y cuentas la experiencia en el libro. ¿Eres ahora más feliz?

Mucha gente piensa que un defecto, un trauma de la vida o algo por el estilo es lo único que se interpone entre ellos y la felicidad. Que si me dejan todos los chicos, que si estoy más gordito… Y, en realidad, no. La felicidad son muchas más cosas.

A los que sí das cera es a los que hacen de la felicidad un negocio. Los coach y los charlatanes que te ofrecen las claves para ser feliz en 5 sencillos pasos, soltando 150 pavos. Vamos, que nos sacan el dinero contándonos chorradas.

Todas las conferencias, los oradores que te muestran el camino a la felicidad, se presentan como un sistema novedoso. Y no es verdad. Esto existe desde la Grecia Clásica. Fíjate: hay por ahí algunos cachondos que utilizan imanes de nevera para eliminar bloqueos en las personas y permitirles alcanzar la felicidad. ¡Imanes de nevera! Me molesta profundamente que la gente haga negocio con esto, que nos cobren, porque juegan con los sentimientos y las insatisfacciones de los demás.

¿Y qué opinas de la gente que tiene a Paulo Coelho como su gurú?

Es un poco lo mismo: algunos son oradores inspiracionales y este es un modelo de escritor inspiracional. No he leído nada de él, pero creo que es muy peligroso el modelo de frases bonitas y pseudo-profundas. Claro, muchos las toman como su patrón de vida, no ven más allá y dan palos de ciego en el resto de cosas. De hecho, se ha publicado un estudio que dice que la gente que organiza su existencia en torno a estas sentencias molonas son un poquito… limitadas. Vamos, que no son los más brillantes de la clase. Si ves a uno que sólo publica estas frases, que las cuelga en sus redes, que las tiene como timón… algo le pasa.

Y también hay que tener claro que, para que exista la felicidad, también tiene que existir la infelicidad. No pasa nada por estar jodido de vez en cuanto

¡Hasta ahí podíamos llegar! Claro que no. Para que haya ventanas tienen que existir las paredes. Te diría miles de frases hechas: “del Diablo vive Dios”… La insatisfacción es la base del deseo: hay que luchar por sobreponerse a una carencia, a un contrario, a un oponente… Y en eso consiste estar vivo.

¿Te atreves a dar un consejo a los mileniales?

En general, creo que saben hacer muy bien las cosas importantes de la vida. Poca gente hay tan curiosa e inquieta, y eso es fundamental. Yo les diría que nunca abandonasen la capacidad de asombro. De todo, aunque nos parezca evidente: que se asombren de que amanezca cada día, de que seamos una especie de monos sin pelo y con Smartphone… Y que no pierdan el tiempo, que no les pueda el miedo, que sean valientes y curiosos.