Entrevista en exclusiva a Cobi: 'Ser mascota olímpica en pleno 2017 es una mierda'

Barcelona, miércoles por la mañana,

Se acaban de celebrar los 25 años del evento que marcó un antes y un después para la Ciudad Condal, los Juegos Olímpicos de 1992, aquellos que abrieron la ciudad al mar, los de la flecha ardiente volando en la noche, los juegos que hicieron vibrar a España y al mundo entero, aquellos que nos hicieron amigos para siempre. En la resaca de la celebración, este humilde reportero afronta un día especial; voy de camino a entrevistar a uno de los iconos más legendarios y universales de esa cita olímpica. Alguien que fue querido por todo el mundo, y que hoy va cayendo poco a poco en el olvido colectivo, tanto que ni siquiera le invitaron a los actos de celebración organizados por el Ayuntamiento de Barcelona.

Me desplazo hasta el Moll de la Fusta, donde encuentro su actual hogar: un barco hinchable que flota en el agua como puede, atracado entre yates de lujo y embarcaciones de alta alcurnia. El entrevistado asoma su cabeza por la proa y nos saluda efusivamente. Nos invita a subir con él, y aparecemos en una cubierta que, a falta de muebles, está llena de recuerdos de merchandising, pósters, juguetes, pegatinas y peluches de Barcelona 92. Es todo lo que queda en este mundo de aquel que fue en su día el símbolo de esta ciudad. Se le ve un poco demacrado y cansado, pero parece que Cobi siga siendo la flamante mascota olímpica que fue hace 25 años.

Código Nuevo: Muchas gracias de antemano, señor Cobi, por concedernos esta entrevista.

Cobi: Hombre no, gracias a ustedes por llamarme, no me pedían una entrevista en los medios desde la candidatura olímpica de Madrid 2022.

CN: ¿Cómo es ser mascota olímpica del pasado en pleno 2017 y a qué se dedica actualmente?

C: Una mierda. Una soberana mierda. Desde que me quedé en el paro de lo mío he hecho de entrenador de jóvenes, profe de educación física, vendedor de Herbalife, etc. Ahora mismo... pues voy a donde me llamen. Esta semana he ido a Madrid a una entrevista de trabajo para hacer de comentarista deportivo en un programa de televisión muy pepino.

CN: Ah, ¿sí? ¿En cuál?

C: El Chiringuito de Jugones, cuando se fue Irene Junquera necesitaban cubrir la plaza de tertuliano catalán al que dar de hostias. Yo creo que me llamarán, Alfredo Duro me chocó la mano.

CN: ¿No ha vuelto a encontrar trabajo de lo suyo, de… mascota?

C: Buf… ser mascota olímpica hoy en día es muy exigente, debes estar cuadrao, ser abstracto, adorable, o peor aún, formar una pandilla con clones tuyos que representen nosequé del planeta y de la gente. Lo intenté pero dicen que no sirvo, que soy posmoderno pero no tanto, que estoy pasado de moda. Ellos se lo pierden… además que a la mascota ya no se le da la importancia de hace veinte años, cuando los niños se metían en la cama con peluches de las del mundial, o los juegos, o las expos… mira si no Fluvi, cómo acabó el pobre.

CN: Ya… encontraron su cadáver flotando en el Ebro, ¿no?

C: La crisis, mira. Cada uno sobrevive a ella como puede.

E: Siendo una figura tan influyente y querida como usted, símbolo de los grandes logros, ¿se ha planteado entrar en política?

C: Bueno, reconozco que en 2014 me llamaron de Junts pel sí por si quería cerrar la lista de diputados al parlamento. “Es que es algo simbólico, solo sentarse en un sillón, estamos entre Pep Guardiola y tú”. Rechacé la propuesta porque no le vi futuro ninguno.

E: ¿Pero uno de sus colegas de profesión, por ejemplo, ha triunfado como community manager de Ciudadanos, no?

C: Ya, bueno, Naranjito es Naranjito y yo soy un perro de altura posmoderno.

Los dos nos tomamos unas cervezas del Día mientras terminamos la entrevista, es entonces cuando dice de salir de paseo. Yo le acompaño y me lleva por la villa olímpica hasta llegar a una plaza que apenas conoce nadie. Ahí, en grande y en bronce, hay un Cobi que se erige triunfante como una Venus de Botticcelli sobre una fuente. Aprovechamos para rememorar su vida hace 25 años.

CN: ¿Qué supuso para usted 1992?

C: La vida, el zénit, mi nacimiento, mi cara por todas partes y esos gramitos de coca que me pasaban de escondidas en la villa olímpica para sobrevivir a tanta disciplina. Claro que todo lo que vino antes de eso fue horrible, como cuando me presentaron a los barceloneses y todo el mundo decía que quién cojones era ese bicho o que yo era más feo que pegarle a una embarazada. Javier Mariscal y yo bebíamos en el bar mientras él me consolaba diciéndome que “me iban a amar, me iban a querer”.

CN: Y al final lo amaron, lo quisieron.

C: Muchísimo. Siempre que me pongo triste, me veo en bucle en Youtube la ceremonia de clausura de los juegos, cuando lo del barco... Me emocioné muchísimo mientras la gente me veía sobrevolar Montjuïc, y me aplaudía y me coreaba. Fue de esas cosas que se te quedan grabadas en el corazón.

CN: Comprensible… llegó muy lejos con el barco?

C: Me estampé en Malgrat de Mar, a unos 30 kilómetros. Pero estuvo guay, me dejaron quedarme con el barco.

Cobi se queda pensativo al final del muelle mirando al mar y pensando en todo lo que ha pasado en estos 25 años. Me acuerdo del final de El gran Gatsby, cuando recitaban la frase que cerraba el libro: “Y así seguimos, navegando, barcos a contracorriente, empujados incesablemente, hacia el pasado”.