Eh, que no me cuentes tu vida

Sabes que necesitas ayuda cuando eres tú el que comienza la conversación con el taxista. Porque el español medio, una vez que ha pagado la tarifa premium de Spotify, lo único que le pide a la vida es poder escuchar música sin que nadie le moleste.

Pero no, siempre hay alguno que considera, que el tener los cascos puestos es sinónimo de “pero tú en realidad quieres hablar” y al final te encuentras con un casco puesto y el otro colgando, escuchando la epifanía del señor que conduce. Diciendo “sí a todo” porque como encima des tu opinión… la has liado.

El número de cosas que tienes que hacer es equivalente a la de personas que te hablarán cuando no quieras hacerlo. Al igual que, el grado de ganas que tengas de ir a currar, será el equivalente al número de personas que se acerquen a tu mesa a pedirte cosas o a contarte su vida.

Y te encuentras en la mesa de trabajo, lunes 9 de la mañana, pidiendo que llegue el viernes, mientras una de tu oficina te cuenta lo mucho que el Hot Yoga está cambiando su vida y la importancia de saber en qué tipo de dietas te metes, mientras se toma un donut mañanero.

Y tú, queriendo quitarte todos los marrones que te han caído sin llevar ni media hora en la oficina, pero en silencio con tus cosas en la cabeza y tus ganas de llorar, PERO EN SILENCIO.

Cuanto menos ganas tengas de hablar, más absurdo será lo que la otra persona te quiera decir. Porque la vida es así. Y claro, ¿cómo decirle a esa persona que lo que te está contando no te interesa y que estabas muy a gusto pensando qué te vas a hacer mañana para comer? O pensando en nada, sencillamente haciendo que trabajas.

Parece una tontería, pero la acción de darte cuenta de que otra persona te intenta hablar, pausar la música, quitarte los cascos  y escuchar cosas como que "lo mismo me tomo otro café" crean un sentimiento homicida bastante preocupante. ¿Por qué hacéis esas cosas? ¿POR QUÉ? Pues ve a por el café, no me informes de todo lo que haces, que yo estaba estupendamente mirando a la nada.

Querer el silencio no significa ser asocial, significa estar en tú momento. Cada uno tiene sus tiempos y sus necesidades. Y si nos veis poco habladores, no significa que nos caigáis mal (o bueno, a veces sí), ni que estemos tristes ni nada. Significa que lo único que pedimos en ese momento es no hablar, porque no apetece. Es como el momento de la ducha, que es personal y único porque es el momento más creativo del día. Pues el rato silencioso del día, es el momento All Bran espiritual. Y no es malo, es maravilloso.