Dollface: a dejarlo con tu novio también se aprende

La serie Dollface redefine la narrativa de Hollywood sobre las rupturas amorosas y la instala dentro del ecosistema femenino

“Cuando una pareja se rompe se muere todo un idioma” puede ser de las frases sin autoría de Pinterest más sobadas de la historia, haciendo referencia al universo compartido de gestos y palabras que tienen la mayoría de las relaciones. Hay mil tópicos, mil reflexiones y poemas sobre las rupturas, un peso de 65 puntos en la escala de estrés de Holmes y Rahe: romper es una movida. En las relaciones largas, cuando una pareja se rompe la parte dejada se sumerge a menudo en un sentimiento de orfandad. Muchos años, muchos días y muchas horas con una persona hacen de la dependencia algo casi inevitable y, en cuanto esto pasa, invaden los instintos de huir de la ciudad, de irse a vivir a algún pueblo perdido de los Alpes, de abrirse un TikTok. Y, bien pensado, ¡qué poco que tiene que ver con la otra persona en cuestión y cuánto con la reconstrucción de uno mismx!

Dollface, sobrenombre “cariñoso” más típico a que te lo griten cerca de unas obras y equivalente a “muñeca”, saca a Kat Dennings —una de las actrices más puestas en el foco de la mirada masculina y sexualizada desde su aparición en Two Broke Girls— para revertir la narrativa de la ruptura hacia el ecosistema femenino. Ella es Jules, dejada por su novio en la tercera frase de la serie, intentando (re)construir su vida partiendo de amigas con las que no se habla desde hace años por su propia dejadez. Mantener contacto antes era más fácil cuando todos estábamos en Facebook y te avisaba de los cumpleaños de la gente, ugh.

Jules tiene como guía espiritual en este viaje a una especie de hada madrina en forma de gato, que la ayuda a adentrarse en el mundo de las amistades femeninas. “Siempre puedes ser una chica de chicos” dice mientras pasan por un campo en el que cientos de chicas buscan forzadamente la aprobación masculina. ¿Otra opción? Irte con el primer loser que te encuentres, que tampoco es un plan ideal.

Dollface se separa del trato que se le ha dado en la ficción a las rupturas (por lo menos cuando las cámaras seguían a ella y no a él), en el que el que el objetivo siempre era acabar con otro mejor parada románticamente, sumando a la idea de que la pareja es el centro de la vida de las mujeres y que sin él estamos desequilibradas, y a la idea de que una relación es mejor que la otra. Dollface invierte el cliché manteniendo las estructuras que enganchan de las comedias más románticas, pero teniendo como destinatario la más platónica amistad. Y a pesar de que nos han enseñado que sin romance los relojes no giran y las cosas no funcionan: Dollface funciona. 

Rompiendo con la tendencia de la corriente de series que dan el pasito para adelante diciendo que la valía de las mujeres no está en su relación con los hombres para dar el pasito para atrás diciendo que está en triunfar en nuestras carreras profesionales (The Bold Type o Younger),  Dollface nos muestra a chicas intentando entablar amistades, ser buena gente y pasarlo bien. Con este “Girls just wanna have fun” deja en un segundo plano el superar a un ex con remedios mágicos (quién no ha intentado quitar un clavo con otro clavo para quedarse con dos clavos) para centrarse en llenar el interior algo desamueblado de una.

La serie está producida por Margot Robbie (y también tiene alguna aparición estelar suya), la que parece que después de las películas Yo, Tonya y Aves de Presa está centrada en usar sus fondos y contactos en llevar a las mujeres al foco principal de las historias. Para Dollface se ha dado un paseo por el outlet de Hollywood, con superestrellas que estaban de oferta como Brenda Song (conocida por su papel en Hotel Dulce Hotel) o Macaulay Culkin (no hay que aclarar de dónde te suena este), y con actores encasillados que acababan de poner punto y final a las serie que les lanzó al estrellato como Shay Mitchell (Pequeñas Mentirosas), Matthew Gray Gubler (Mentes Criminales), o parte del reparto de Crazy Ex Girlfriend (de la cual Dollface podría ser secuela espiritual). 

A pesar de no traer nada nuevo en lo formal, con su humor sitcomiano y un toque de realismo mágico que recuerda a un reverso digestivo de la maravillosa Man Seeking Woman (con gags como el del profesor en la Facultad de Cruzarte Con Tu Ex, que analiza como invitado en el telediario local el área de la ciudad con más peligro para encontrarte con él), la frescura de lo poco que las tramas están relacionadas con los hombres se siente innovador. A la serie aún le hace falta soltarse un poco y dejarse llevar, imagino que por el campo de minas que resulta hacer una comedia feminista en 2020, pero la renovación para una segunda temporada que ya ha sido confirmada seguro que ayuda. Tenemos plena confianza en ella.

CN