El documental de la princesa Leonor es la nueva obra de culto gay

Nada nos gusta más a los maricones que una mujer poderosa y problemática. De forma irónica, claro. Pero mira, fue la única forma entretenida de ver tal panfleto propagandístico

Llego a casa de mi novio, cenamos, nos tumbamos en el sofá, mantita y peli. Bueno, peli no. Documental. En concreto, el de Leonor, recién estrenado en Amazon Prime Video. En cuanto lo anunciaron por sorpresa, mi novio me abrió por WhatsApp con el link. “Este finde, no acepto un no”. Se me llenó la cara de alegría: “¡¡obvio!!”, le respondí. No es que seamos monárquicos, la verdad. Más bien lo contrario. La Corona nos da grima y creemos que España debería ser republicana. Pero, eso sí, nada le gusta más a un gay que una mujer poderosa y ligeramente problemática (de forma irónica: no os echéis a mi cuello). Así que la reacción ante un documental protagonizado por Letizia y sus hijas fue: “¿perdona? Click”, que diría la Pringada.

Mientras mi novio ponía el docu, yo encendí una vela de iglesia (comprada en el Mercadona, no robada). Por si un caso el espíritu de Lady Di nos acompañaba en esa noche de mujeres monárquicas (y homenajeándola ahora que se acerca su "resurrección" en The Crown). No sabíamos qué esperar, realmente. “¿Cómo de semado será este lavado de imagen de la Monarquía?”, me pregunta mi novio. A mí me da igual eso. Solo quiero saber si Leonor destronará a Leticia como diva gay problemática.

Mi novio tumbado sobre mí, disfrutando el docu

Empieza el opening. “Parece que vayan a matar a alguien”, dice mi novio. Tiene razón: es una recopilación de los retratos borbones que precedieron a Leonor a través de un árbol y con una música de stock incómoda, una intro muy true crime o docuserie de secta, pero nos engancha desde el minuto uno. El documental consiste en una recopilación de entrevistas a periodistas cuyo único requisito para aparecer es, o que quieran más a la monarquía que a su familia, o que se hayan recauchutado con bótox de forma mensual en los últimos cinco años (sí, Ana Rosa Quintana entra en ambas categorías).

Sus testimonios abordan diferentes temas de la relación con la familia y la institución: la comparación con su padre, los vínculos familiares, la necesidad de modernizar la Corona, la educación recibida, su personalidad, su adecuación al cargo, etcétera. Mientras lo veo, destacan varios temas, pero hay uno específicamente que me llama la atención: cómo hablan de ella. La tratan como un objeto político, una pieza de una institución, un producto político. Nunca como una persona. “Seguramente es ecologista”, “le tocará ser feminista”, cada periodista proyecta en ella valores diferentes para crear una Greta Thunberg borbónica que modernice la institución. Una imagen que no es real porque, como ellos mismos la describen, es una adolescente sobreprotegida, tímida y con un cargo heredado sin opción de escoger, de la cual sabemos más bien poco.

De hecho, también hablan de la sobreprotección, y lo tratan con total naturalidad, como si fuera lo que le toca. Como dice mi novio: “me da un poco de pena porque nunca sabrá lo que es comerse un kebab guarro borracha en la calle”. Por poner un ejemplo, enseñan cuando una niña preguntó a Leonor qué quería ser de mayor y Letizia respondió por ella: “lo que quiere no, lo que debe ser”, y les parece normal. Y Letizia, por supuesto, es otra de las protagonistas del docu. A mí lo que más sorprende es: cómo debe ser de mala en la vida real como para que, en un programa hecho para blanquear su imagen, acabe pareciendo la villana. Es increíble. Más que nada que el nivel de blanqueamiento es de decir que Juan Carlos I cometió “algunos errores”, ¡y aun así acaba cayéndote mal la reina! Obviamente, viendo esto, Leonor no podría arrebatarle el título (irónico) de diva gay a una reina tan problemática.

Por último, el tema que da más juego (a mi parecer, y al de Twitter): la relación con sus primos. Destaco el papel de Victoria Federica de Marichalar y Borbón, que últimamente está dando muchísimo de que hablar por sus constantes polémicas (de fiesta en plena pandemia o, la última, su yegua se compró con tarjetas black), pero también por sus looks. De hecho, las pocas veces que sale en el docu es con un estilazo icónico (mi novio, en ese momento gritó: “olé, mi niña”). Y nada nos gusta más a los gays que celebrar de forma irónica una tía que parece mala persona, pasa de todo y siempre con estilazo. Di que sí, que le den a la prole.

En resumen, nos pasamos la noche viendo un documental diseñado para blanquear una institución caduca que solo podría convencerte si ya estabas convencido. De otra forma, o lo miras de forma irónica o te pondrás de mala hostia, porque para que Ana Rosa parezca una de las periodistas más moderadas y neutrales del docu… imagínate cómo son el resto. 10/10, un planazo lo mires por donde lo mires.