Dieter Wiedemann, el ciclista perseguido por la stasi que se fugó por amor

La fascinación de Dieter Wiedemann por el ciclismo nació en su casa, con un padre devoto de las bicis. Esa pasión iría convirtiéndose en resultados deportivos, un camino que en Alemania Oriental, sin embargo, suponía también enfrentarse a ciertos peajes, algunos terribles. Su historia es una de tantas de su época y su país, pero con el ciclismo a un lado del relato y un amor al otro lado del muro. El Muro de Berlín, claro.

Pronto, ese joven ciclista que empezaba a destacar en carreras menores se convirtió en una verdadera promesa. Y al mismo tiempo, como cualquier joven, también se enamoró. Mientras pasaba unos días en su ciudad se cruzó con una chica de la Alemania Occidental, Sylvia, que había ido a visitar a sus familiares del este. La impresión de ambos fue tal que, tras ese encuentro, empezó entre ellos una correspondencia que les acercaría aún más, justo cuando la distancia entre las dos Alemanias aumentaba tras la construcción del Muro en 1961.

En sus cartas ninguno mencionaba nada relacionado con la política, porque ambos temían que la Stasi, el Ministerio para la Seguridad del Estado de la Alemania Oriental, pudiera leerlas. Mientras tanto, el joven ciclista pasó de promesa a realidad y logró el tercer puesto en la Carrera de la Paz de 1964. Esta carrera, que se disputaba entre Polonia, Checoslovaquia y Alemania Oriental, trataba de ser la respuesta comunista al Tour de Francia. Para Wiedemann, disputar ambas competiciones era su gran sueño. Ya había cumplido uno, pero sabía que, como alemán del este, correr la carrera francesa no estaba a su alcance.

Con la popularidad también llegaron las presiones y poco a poco Dieter comprobaba que su negativa a formar parte del Partido (el Partido Comunista) le restaba posibilidades y su evolución como ciclista peligraba. Además, el amor por Sylvia crecía. Lograron verse de nuevo con motivo de una carrera y ambos se reafirmaron en lo que sentían. Sin tan siquiera darse un beso, porque temían que los vigilaran. Entonces, llegó el momento.

La escapada de su vida

Mientras formaba parte de la delegación de su país que disputaba la clasificación para las Olimpiadas de Tokio en Giessen, una ciudad de la República Federal Alemana, Wiedemann desertó. Se montó en su bicicleta y empezó a pedalear, alejándose del hotel donde se concentraba. Su decisión tuvo consecuencias para su familia, su hermano, otro joven ciclista que destacaba, fue apartado del equipo que formaba parte en la RDA. Sus padres poco a poco se distaciaron de él, con un supuesto intento de suicidio por parte de su madre, y no asistieron a su boda con Sylvia, mientras que su adaptación a su vida occidental se hacía difícil.

Eso sí, su dedicación y valía le sirvió para alcanzar el sueño de participar en el Tour de Francia, aquel año en el que Tom Simpson fallecería en el Mont Ventoux. A pesar de ello, su carrera de profesional no era suficiente para mantener a su incipiente familia, decidió renunciar a su pasión y retirarse del ciclismo a los 26 años.

Dieter nunca apareció en las portadas de los diarios, pese a que le ofrecieran dinero por ello. Nunca quiso, por temor y prudencia, agrandar la brecha que había abierto entre la vida que había abandonado y la que eligió. Solo años después, muchos después de caer el Muro, cuando el periodista Herbie Sykes descubrió su historia, comprobaría que los archivos de la Stasi recogían el seguimiento y las sospechas que pesaban sobre él, y las presiones que ejercieron tras su huída.

Crédito de las imágenes, Dieter Wiedemann The Race Against The Stasi.