‘El Diario de Noa’ Es La Moñada Que Nos Ha Jodido La Concepción Del Amor

Por lo que viene ahora, me llamarás spoiler y hasta un pelín hater, pero las cosas claras. Si en feria un pavo brinca al carricoche de la noria en el que estás montada y hace que se suicida si no aceptas su cita, NO es amor. Es la temeridad de un zumbado muy peligroso. Pero a la protagonista del Diario de Noa, Allie, el culo se le hace pepsicola y, con cara de ‘te follo vivo’, le dice sí a todo. Entonces, ya sabemos lo idiotas que son los de esta historia. Él, Noa, el típico que, de bueno, es tonto y ella, la típica arpía que se hace la boba y se le ve el plumero desde lejos. Así, los roles de hombres y mujeres representados. El padre de ella comprensivo y su madre, malísima en esta historia, poniéndoles barreras.

Este cúmulo de tópicos de pareja made in Hollywood, da ganas de hasta cortarte las venas y que todo acabe. Pero no, no termina. Dos horas de sopor sabor melaza, algodón de azúcar y chuches de colores. Dramatización del mundo MyLittlePony, pero en la polvareda de la Norteamérica profunda de los años ’40. Ella rica hasta las trancas, él pobre como las ratas. Ella, exitosa en cosas de chicas -piano, pintar, sacar sobresalientes-, él, ignorante carpintero destinado al fracaso total. Ella disfrutará de sus brillos dorados hasta que, vieja, padece Alzheimer –lo que veo una suerte para olvidarse del ñoñerío que es su vida– mientras, él sufrirá.

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Tras su cita, los tórtolos están a punto de aparearse en todas las esquinas. Si el calentón no acaba, no hay drama. Y para eso ya está la madre que, en cuanto se pispa de lo limitadito que es él, manda a la niñata a estudiar lejísimos. Pero ahora mismo y sin despedidas. Entre sollozos, pasa un año durante el que él escribe una carta diaria sin respuesta. Wait !!! ¿365 cartas sin respuesta? Pues sí, él es así. La mala las iba recogiendo porque madre no hay más que una. Aunque, si te tocó esta, estás jodida.

Él, patriota, se alista en el ejército por aquello de la II Guerra Mundial. Ilusión de todo joven estadounidense de la época. Allí, entre muerte y destrucción, sigue con sus cartas. Ella, desconocedora y también muy patriota, se hace enfermera. Poco tiempo necesitará para liarse con otro patriota escayolado hasta los párpados. Guapo, rico, exitoso y aprobado por la madre. En la típica fiesta de graduación deciden casarse.

Ahora quieres que todo explote ahorrándote terminar esto, porque -a estas alturas- Allie y Noa te caen muy mal. Pero la vida sigue y la película también... Probándose el velo de novia, Allie ve en el periódico el careto de Noamás hipster que nunca – vendiendo la casa blanca de puertas azules que le había prometido en un desliz. Sí, el pagafantas le prometió un caserón de quitar el hipo que terminó después de la guerra por si ella volvía. ¿Peeeeerdoooona? ¿La pava se fue sin decirte nada, no contestó una mísera carta y tú le terminas la casa? Pues sí, así es Noa.

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Confusa, Allie deja el velo y corre al reencuentro. La cara del prometido es un poema, pero da igual. Que se busque otra... La cosa no puede ir mejor. Le encanta la casa –tonta no es– y se enrolla en una manta para pintar sobre el lienzo que él le regala. Sueño del que la despierta su madre. Pero espera, la señora ahora tiene el rictus de Manuela Carmena. Compasiva, inteligente, tierna. Viene a explicarle que ella se vio igual, aunque tomó el camino del dinero y el éxito arrepintiéndose toda la vida. Le entrega la montaña de cartas y hasta luego Mari Carmen.

Resumiendo, Allie se queda con Noa. En los albores del Alzheimer, ella le entrega un diario en el que narra toda esta historia para que el otro se lo vaya leyendo. Por si escucharla le hiciera superar lo suyo. ¿Te crees que diariamente el viejo lee este truño frente a ella totalmente zumbada? Pues sí, Noa es así. FIN.

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Cuidado. Hagámonoslo mirar. Así no evolucionamos nada y continuaremos sufriendo para alcanzar ese mito del amor romántico. La historia, comparada con tu realidad, te hace sentir un merde. Pero no, no somos tan desastre. Simplemente, dejemos de desear esas relaciones de amor de literatura y cine de éxito porque, siento ser yo quien lo diga, pero no existen.

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