Diario de una adolescente, el libro más arriesgado sobre la vida de las mujeres jóvenes

Es 1976 y Minnie Goetze tiene solo 15 años. Es la hija mayor de una joven madre divorciada y solo se siente querida por su abuelo y su padrastro. Aparentemente es una adolescente ordinaria: dibuja, escribe y se droga. Sin embargo, Minnie nos atrapa desde el primer momento con sus dudas, inseguridades y energía sexual. Está perdida y se dirige hacia el mundo adulto. Está asustada y se coloca hasta perder el conocimiento. Está cachonda y se folla a Monroe Ruterford, el novio de su madre. Así es ella, una mezcla perfecta entre lo voraz y lo ingenuo, en plena revolución hormonal y al borde de la hecatombe sentimental.

Tal crudeza sale de la pluma de Phoebe Gloeckner y posee también su adaptación en el cine. Diario de una adolescente se publica en 2002 y bajo el formato de novela gráfica narra los excesos de la juventud sin remordimientos ni censura. Es tan explícito que hay quien, como ya hizo con otra de sus obras, Vida de una niña, lo acusa de apología de la pederastia. Pero no, se equivocan. Si de algo hace apología Diario de una adolescente es de cómo condenamos los adultos al vacío existencial que sufren los adolescentes, ya sea desde actitudes extremadamente permisivas (como es el caso de Minnie) o a través de una educación sumamente estricta.

Sin duda, este es el libro que cualquier padre no quiere que leas y que, a la vez, debería ser obligatorio para toda una familia. Hay una moraleja colectiva. Ya lo advierte la autora en el prólogo: “No es mi historia. Es nuestra historia. Después de partirme el pecho con lo de la autobiografía, me gustaría responder a quienes a menudo describen este libro como un trauma o como la sexualidad de una adolescente. De nuevo, y dejando a un lado la timidez, debo decir que no va de nada. Y, al mismo tiempo, va de todo”. Así, Diario de una adolescente es un híbrido entre la ficción y lo autobiográfico donde Phoebe y Minnie juegan a reventar la mirada con la que juzgamos la historia.

Es por ello que nos relaja creer que cada encuentro sexual entre Minnie y Monroe solo está en nuestra imaginación. Y, sin embargo, nos perturba pensar que todas esas mamadas, polvos y lágrimas con las que Minnie disfruta y con las que posteriormente se frustra tuvieron lugar en alguna parte de California. Además, no podemos negar la excitación que atraviesa el cuerpo de Minnie, pero tampoco ignorar cómo sufre y se va destruyendo, entre poemas de Sylvia Plath, cómics de Crumbs, coca, Quaaludes y polvo de ángel.

 La relación de poder que Monroe ejerce sobre Minnie es evidente: a ratos la ignora y la infravalora, a ratos la cuida y la adora. Este comportamiento hace que sea muy difícil no odiarle. Queremos salvar a Minnie de Monroe, pero, ¿cómo hacerlo sin que ella, que está profundamente enamorada,nos aborrezca? Porque también es obvio el deseo sexual que Minnie siente hacia él. Como lectores esto nos coloca en un lugar incómodo y nos obliga a preguntarnos, página a página, si estamos ante las meras experiencias sexuales de una decidida adolescente o por el contrario, si detrás de cada orgasmo hay un abuso.

No sabemos si hay redención para Minnie: “Me encantan las drogas. Me encantan las anfetas. Me encanta esnifarlas, chutarlas, beberlas, inyectármelas sin aguja… crack, metadona cristalizada, cruces blancas. Dexedrina, cualquier cosa”, confiesa. También le apasiona el sexo.  Su obsesión es tal que unos chicos hasta la confunden con una joven prostituta. A veces folla porque quiere, con una ansiedad que en ciertos capítulos resulta enfermiza y que parece encaminada al autocontrol cuando su psiquiatra le regala un vibrador. Otras, en cambio, lo hace para evitar que el chico se enfade o porque es lo que se espera de ella.

Diary of a Teenage Girl: Phoebe Gloeckner on whether her novel is autobiographical from UM Stamps School of Art & Design on Vimeo.

No es audaz: solo está perdida, como lo están muchas adolescentes a estas edades que sin educación sexual se entregan a una sexualidad culpable e irresponsable. Es cierto que sentimos cierta tranquilidad cuando aparece Tabatha y se pregunta cómo es el sexo con una chica, pero llegados casi al final de la novela, ésta nos da más asco que incluso el propio Monroe. El estilo de Gloeckner nos recuerda a esa maravilla de J.D Salinger que conocemos como El guardián entre el centeno. Pero hay más, mucho más talento en Diario de una adolescente. Aquí asistimos al derrumbe y al renacimiento del amor, del amor propio y todas sus contradicciones.