El deportista alemán que desafió el discurso racista de Hitler

Las grandes historias del mundo del deporte siempre tienen a un protagonista oculto bajo la sombra. Hace ya casi 80 años, en pleno auge del nazismo y durante los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, el norteamericano Jesse Owens se llevó todos los titulares al conseguir cuatro medallas de oro y ridiculizar el discurso nazi de superioridad de la raza aria. Sin embargo, su victoria no hubiera sido la misma sin la aportación de su gran rival, el saltador alemán Luz Long.

El atleta del III Reich, la punta de lanza del atletismo germano, desafió a Adolf Hitler y a los altos cargos del partido nacionalsocialista presentes en el Estadio Olímpico dando consejo a Owens antes de su tercer y último intento de salto de longitud en la ronda clasificatoria. Long se acercó a este hijo de esclavos y dejó una foto para la historia: el hombre ario, de pelo rubio y ojos azules, tendido en el suelo conversando de igual a igual con el negro norteamericano para ayudarle a pasar a la final y evitar así su eliminación.

Esa imagen, anecdótica en nuestros tiempos, fue un puñal a la propaganda del régimen nazi que vio como su gran esperanza para demostrar la supremacía aria abandonaba el discurso del odio para regirse solamente por los valores del deporte. “Tuvo mucho valor para comportarse como un amigo delante de Hitler. Ni mis copas ni medallas, al fundirse, tendrían el mismo valor que la amistad de 24 quilates que sentí por Long en ese momento”, declaró Owens años más tarde a Espn.

Ambos deportistas no volvieron a coincidir jamás y nunca se sabrá con certeza si el gesto altruista de Long influyó en el destino fatal del alemán. El saltador, pese a tener el permiso de renunciar al frente por su condición de atleta, tuvo que servir a la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial y cayó en combate el 14 de julio de 1943 durante el desembarco de los Aliados en la isla de Sicilia, en Italia.

Con el paso del tiempo, el hijo de Long, Kai, dejó claro que la actitud de su padre no era premeditado ni iba contra el III Reich. “No fue un acto de reivindicación de igualdad racial, el consejo de mi padre a Owens fue un gesto deportivo de un deportista amateur, ya que para él era absolutamente normal ayudarse unos a otros”, afirmó a la AFP. Una teoría que también defendió la nieta de Owens. “Como Rosa Parks en su día, no creo que tuvieran la intención de hacer nada para pasar a la posteridad, pero su conversación fue una inspiración para muchos”, recalcó Marlene Dortch.

Un gesto humano que pasó a la historia. Una imagen que hará que el nombre de Luz Long sea siempre recordado por los que defienden los valores del deporte. Y una amistad que demostró que, ya en 1936 y en la época más oscura de la historia de la humanidad, no existían las diferencias entre personas.