Así debes bailar para seducir al sexo opuesto

Bailar. Un quitapenas inmediato, ya que libera dopamina y endorfinas que nos colman de placer y bienestar. Un entrenamiento físico magnífico, ya que implica a todos los músculos del cuerpo y demanda mucho del sistema cardiovascular. Un protector contra enfermedades neurológicas como el ictus o la demencia, ya que aumenta la materia gris de nuestro cerebro. Y, como podemos observar también en pavos reales o aves del paraíso, un poderoso ritual de seducción sexual.

Así, cuando nos contoneamos al ritmo del último hit electrolatino, enviamos señales al resto de individuos de la discoteca sobre nuestras condiciones reproductivas y la calidad de nuestros genes. ¿Pero cuáles son exactamente los movimientos que consiguen ataer la atención del sexo opuesto?

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Un grupo de psicólogos de las universidades de Northumbria y Gottingen parecen haber aislado, a través de dos estudios diferentes, los pasos que convierten a hombres y mujeres en máquinas de atracción y foco de miradas pasionales a la hora de bailar. En ambos siguieron la misma dinámica experimental: poner a bailar a los individuos e individuas al compás de un ritmo sencillo, grabar sus movimientos en motion capture, generar modelos 3D que reprodujesen sus movimientos y someterlos al escrutinio del sexo opuesto. De este modo, con los avatares, evitaron cualquier tipo de influencia del aspecto en la valoración de los movimientos. Y estos fueron los resultados:

Lo que deben hacer ellos

1. Prestar especial atención al tronco superior: la clave está en una extensión natural del cuello, en una inclinación rítmica de la cabeza hacia los lados, en un movimiento fluido del hombro izquierdo y en una mirada atenta a su alrededor. Nada debe permanecer rígido y, por el bien de su vida sexual y la salud de quienes le rodean, nada de mantener la mirada al suelo.

2. Moverse con seguridad y amplitud, abarcando todo el espacio que permite su cuerpo cuando se menea. Aunque, sobra decirlo, evitando la invasión del espacio personal de los demás. Una cosa es la confianza y otra muy distinta ser el tiracopas o el sueltacodazos de la pista.

3. Evitar los movimientos excesivamente repetitivos, ya que le hacen parecer un robot cortocircuitado. En su lugar, deben variar con creatividad y dinamismo, aunque tratando de no convertirse en un payasete. Nada de pasos tipo zambullida, por favor.

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4. Mover su muñeca izquierda, punto que sorprendentemente atrae la atención femenina, aunque probablemente de manera inconsciente. ¿O acaso alguien ha suspirado alguna vez por una muñeca?

5. Imprimir velocidad y variación al movimiento de su rodilla derecha, ya que la izquierda es utilizada generalmente como punto de apoyo por más de un 80% de varones diestros.

Lo que deben hacer ellas

1. Prestar especial atención a la cadera, que debe oscilarse levemente, no en movimientos exagerados que puedan acabar en fractura. No es necesario terminar pareciendo una bailarina de twerking.

2. Realizar un desplazamiento de los muslos desigual pero delicado. Esto es, que se muevan de manera independiente pero conservando cierta armonía. Gran parte de la atención masculina se dirige ahí.

3. Realizar ondulaciones asimétricas de los brazos. De lo contrario podría parecer que está compitiendo en el 200 metros mariposa.

En conjunto, formarían una dinámica más o menos así:

Según Nick Neave, psicólogo evolucionista y líder del estudio, "a través de estos movimientos emitimos señales muy honestas sobre nuestro estado físico y emocional al sexo opuesto y a los posibles competidores". Es decir, que durante el baile del fin de semana, consciente o inconscientemente, no solo tratamos de agradar a nuestros objetivos sino que también tratamos de espantar a quienes pueden suponer un obstáculo.

Cuanto mejor bailamos, más impresión proyectamos de estar sanos y preparados para el combate. En el hombre, la salud física y reproductiva se deduce de sus hombros y cuello. En la mujer, se desprende principalmente de las caderas, simbólicamente ligadas a la fertilidad.

Sin embargo, cabe recordar que el baile es una práctica fuertemente influenciada por la cultura. Mientras que estos movimientos pueden hacerte mojar el sábado en cualquier discoteca de Occidente, también podrían resultar ridículos y estériles en un sarao en Burundi. Por eso y al fin y al cabo, quizá lo más importante no sea cómo te muevas, sino por qué te estás moviendo. Lo explica muy bien Ben Weston, el famoso coreógrafo: "Cuando eres el tío que simplemente quiere divertirse y disfrutar de la música, te vuelves más atractivo. He visto mujeres que han atravesado la pista de baile para bailar conmigo solo porque yo era el tío que sonreía y se lo estaba pasando bien". Y esto, claro está, también sirve para ellas.