Por qué deberías ver esta temporada de Girls aunque no seas chica, hipster o hayas visto las anteriores

Durante los últimos cinco años, Girls ha sido la serie milenial por excelencia. Insoportable para unos, fascinante para otros (¿qué es un milenial, si no?), los que la veían como una versión hipster de Sexo en Nueva York no siempre andaban desencaminados, pues al igual que la mítica serie de la HBO, Girls ha dado varios pasos adelante en materia televisiva respecto a temas como el sexo explícito en pantalla, la desnudez sin tapujos en horario de máxima audiencia y nos ha abierto los ojos sobre lo poco acostumbrados que estamos mediáticamente a ver cuerpos imperfectos en series y películas.

A medida que pasaban las temporadas, aquella pátina de serie ligera que desprendía se ha ido destruyendo poco a poco, y ha ganado profundidad capítulo a capítulo, consiguiendo pasar de anecdótica a empática. Y eso tenemos claro que no lo consiguen muchos.

Los que hemos ido cumpliendo años a la vez que Hannah, Marnie, Shoshanna y Jessa hemos pasado con ellas por los trabajos de mierda que no tienen nada que ver con lo que estudiamos, las crisis vitales, personales y profesionales, la infidelidad, la primer vez que te vas a vivir con tu pareja, la primera vez que dejas a tu pareja con la que convives, la amistad de mierda y la amistad de la buena.

Ahora sus protagonistas se acercan a la treintena, y sus problemas también. Empatizar es el punto fuerte de esta serie, pero lo bueno de ella es que lo consiguen con situaciones tan reales como cuando Hannah deja de lado su carrera como escritora para intentar descubrir si no sería más feliz con un trabajo estable como el de profesora y escribiendo por hobby, pero también en capítulos maravillosos pero que improbablemente relacionaremos con nuestra vida como The Panic in Central Park.

En este episodio cápsula sobre Marnie, se reencuentra por casualidad con su ex novio, Charlie, y vive junto a él una noche de desconexión total de su propia vida para llegar a la conclusión final de que quiere divorciarse de Desi. Pues sí, es improbable que a los 25 ninguno de nosotros nos planteemos el divorcio (o, la boda, dicho sea de paso). Pero eso en Girls no importa, porque lo vives con la misma intensidad.

Precisamente es el capítulo cápsula de esta temporada el que más evidencia lo mucho que Girls ha ganado en las últimas dos temporadas. El capítulo 3, titulado American Bitch en honor a todas las estudiantes que alguna vez fueron manoseadas por su profesor y se sintieron culpables por ello, explora durante 25 minutos el acoso sexual como pocas veces hemos visto en pantalla. Hannah acude a entrevistar a un escritor de mediana edad de cierta fama que ha sido denunciado en varios blogs por acosar sexualmente a varias chicas aprovechando su condición de estrella de la literatura.

El episodio nos da una compleja radiografía de todos los puntos de vista de la situación: vemos como Hannah le juzga y acusa sin en realidad tener más pruebas que un artículo leído en internet sobre ello, y partir de aquí se desarrollan todo tipo de emociones que nos hacen dudar de todo: pasa de odiarle a arrepentirse por haberle acusado sin pruebas. De aquí nos vamos a la empatía, la fascinación, la atracción, la duda y la vergüenza al verse finalmente expuesta a la misma situación que las chicas de las que hablaba en su artículo. Y todo esto, sin acabar de tener claro si finalmente el escritor la ha acosado o la situación ha sido consentida.

El episodio ha llamado la atención de muchos medios internaciones y, como era de esperar, ha hecho arder los foros de internet. Y es precisamente por esto por lo que merece la pena ver esta temporada. Pocas series nos enseñan tan bien las aristas de cualquier situación, sea algo tan cotidiano como una ruptura o algo tan complejo como el acosos sexual.

Ahora ya no es un placer culpable, y por eso nos da tanta pena que se acabe, porque sus personajes muestran nuestras mil caras, porque todos tenemos una parte de la madurez mezclada con inmadurez de Hannah, el egoísmo de Marnie, la venda en los ojos de Jessa, el buen corazón de Shoshanna, la poca autoestima de Ray y la intensidad de Adam.