Daniel Johnston, El Músico Y Artista Que Combatía El Diablo Con Su Creatividad

“Hola. Hola. Hola. Soy el fantasma de Daniel Johnston. Hace muchos años viví en Austin, Texas. Trabajaba en McDonald’s. Es un honor y un privilegio dirigirme a ustedes para hablarles de mi enfermedad y del otro mundo”. Cuando dice esto, Daniel Johnston todavía es un chaval delgado que viste corbata. Luego sale al escenario en chándal, con un barrigón y el pelo canoso. Parece que ha envejecido tan rápido que no le ha dado tiempo a cambiar la voz. Es un maníaco depresivo con delirios de grandeza, como dice él, pero también es músico, cantautor y artista.

Durante un tiempo creyó que su misión en la Tierra era combatir al diablo. Su convicción era tal que forzó a una anciana a tirarse por la ventana y a romperse los dos tobillos cuando entró en su casa para exorcizarla. Pero también compuso canciones de amor preciosas que Tom Waits, Beck y Spiritualized versionaron. Jeff Feuerzeig quiso retratarlo en el documental The Devil and Daniel Johnston (2005).

https://www.youtube.com/watch?v=Ma7lyfYzIw8

La idea de que todos los genios están chalados es demasiado romántica para que alguien que no sea del XIX todavía se la crea. Destrozar habitaciones de hotel, hacerse un vestido de filetes o enlatar mierda no significa ser un enfermo mental. Pero Daniel Johnston sí que lo es. Él oye voces en su cabeza. Y, sin embargo, Jeff Feuerzeig consiguió retratarlo sin hacer una hagiografía. Se tiró cinco años para ordenar y montar la ingente cantidad de material que el artista había creado. Tenía canciones, dibujos, monólogos grabados en casete y películas caseras en las que imitaba a su madre amonestándole.

Aquella fundamentalista cristiana se exasperaba viendo a su hijo encerrarse en el sótano para dibujar y colorear compulsivamente mientras se olvidaba de hacer sus tareas. También tocaba el piano y componía canciones. Pero a su madre le seguía pareciendo un siervo inútil del Señor. Sus dibujos inspirados en los cómics de superhéroes le hicieron famoso en el colegio. Se tomaba muy en serio lo de ser artista y la fama le dio alas. En la universidad conoció a su musa.

Jeff Feuerzeig le da la palabra a Daniel Johnston. Lo hace cada vez que sucede algo importante en su vida, y casi todo lo que sucede en su vida es importante. Su voz alaba a la chica de sus sueños y describe los primeros síntomas de su enfermedad. Las entrevistas a familiares, amigos y conocidos completan el cuadro. Después de que su musa se casara, Daniel Johnston se escapó de casa, viajó con unos feriantes y se instaló en Austin, Texas. Allí repartió casetes con sus canciones y la rana Jeremiah en la caratula. El autor de aquellas letras conmovedoras que rememoraban a los Beatles con sonido lo-fi estaba en boca de todos.

Se hizo un nombre en la escena underground de Austin y salió en MTV. En McDonald’s le doblaron las horas para atraer clientela. Entonces probó el LSD y se obsesionó con el Diablo. Sus delirios le obligaron a medicarse, pero cada vez que no tomaba la medicación se metía en problemas hasta que tuvo que ingresar en un hospital psiquiátrico. Fuera, el mito crecía: Kurt Cobain se paseaba con una camiseta con la rana Jeremiah estampada. Daniel Johnston rechazó una oferta de 100.000 dólares con Elektra porque el sello trabajaba con Metallica, un grupo que él consideraba satánico, y firmó un contrato con Atlantic que no llegó a los dos años.

Daniel Johnston vive en una casa adyacente a la de su padre en Virginia Occidental, donde sigue dibujando y coloreando y grabando canciones para ahuyentar al fantasma de Daniel Johnston.