Conversaciones locas que siempre salen cuando vais muy ciegos

Una noche cualquiera se te va un poquito la mano con las copas y, cuando te das cuenta, vas más ciego que un murciélago con gafas de sol. Por suerte, sabes que no estás solo porque tus colegas también se gastan una borrachera rica y con fundamento. La euforia del momento, el alcohol pero sobre todo la compañía, son la excusa perfecta para asegurarte una noche memorable. Y ya está, en un abrir y cerrar de ojos estás hablando de cualquier chorrada que con tus colegas, y en ese momento, cobra un sentido especial. Son las míticas conversaciones cargadas de montañas de sinceridad. Charlas épicas dignas de quien entiende y practica la verdadera amistad en la que la noche más tonta puede ponerse muy interesante.

Sexo y Mierda

El alcohol te roba la vergüenza y sacas el cachondo que llevas dentro y, aunque sea un tópico recurrente, el sexo es el tema estrella y siempre, siempre sale. Desátate y confiesa tus andanzas sexuales, que estamos en familia y vais todos más salidos que un balcón a tres calles.

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Te creces desinhibido mientras tu imaginación y la de tus colegas da vida a historias muy cerdas. Hablas con total libertad y te das cuenta de que tus fantasías dichas en voz alta, suenan demasiado bien. Cuenta la leyenda que más de un grupo de amigos se vino arriba y terminó en orgía por lo interesante que se puso la cosa.


Planes

Basta que alguno tenga un plan y se vaya corriendo la voz entre los allí presentes para que todos os comprometáis a ir súper convencidos. Se os va la pinza a lo loco y ya da igual dormir, el tiempo o el dinero, porque tenéis un montón de todo y podéis hacer lo que os apetezca, cuando os apetezca, donde os apetezca. Sois los putos amos. El más fantasma se ha atrevido a acostarse a las 8 de la mañana y prometer que a las 11 se levantaba para ir a pasar el día a la montaña.

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Vamos a ser colegas siempre, pase lo que pase

– Nunca no vamos a separar.

Nada ni nadie podrá destruir esto jamás.

Y aunque la probabilidad de que eso suceda es igual a que lo vuestro se vaya a la mierda, nunca se sabe cuando ni por qué; la verdad absoluta es que el amor le puede a la razón.

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Te pones intenso, melosón y le repites una y otra vez "te quiero" a la vez que te abrazas a tu amigo (o a cualquiera) mientras empiezas a recordar anécdotas de cuando estabais en el instituto y os pelabais las clases para ir al parque con los mayores. De cuando os fumasteis el primer porro, de cuando os conocisteis y os caísteis mal a primera vista, pero os convertisteis en inseparables. Y qué coño, llegáis a la conclusión de que con amigos así no puedes pedirle más a la vida. 


No hay huevos

De repente estás tan seguro de algo que te apuestas la vida, 100 pavos, a tu madre y lo que haga falta porque tu verdad es la verdad universal y estás segurísimo de vas a ganar. Por el poder que el alcohol te ha concedido eres capaz de hacer cualquier cosa con la condición de que la polémica que se ha generado termine en victoria. Porque es muy importante que se demuestre el don o habilidad que hayas dicho tener y más si tus sentidos están alterados por los efectos de la bebida; tiene más mérito.

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Predisposición absoluta a continuar la fiesta

Inocente y sin saber que en breve empezarán las bombas de humo, les dices a tus colegas que si cuando cierren vais a otro garito. Todos te siguen el rollo y te imaginas desayunando en el horno de los borrachos o en la casa de alguno de after. 

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La realidad es que, por muchas ganas que tenías de continuar la fiesta hasta el infinito, tu sistema motriz está fallando y terminarás en un taxi porque algún alma caritativa tuvo el detalle de no dejarte tirado en el bordillo de la calle.

Crédito de la imagen: Christopher Brown