Por qué estamos contando los días para la nueva temporada de The Handmaid's Tale

La continuación de la serie arranca en el punto en el que finaliza la novela de Margaret Atwood.

Un método infalible para comprobar si un viaje, un amor o una serie han merecido la pena es medir el nivel de vacío existencial que nos envuelve cuando termina. Y, atendiendo a este criterio, la primera temporada de The Handsmaid’s Tale es una obra maestra. No en vano, nos dejó a miles de personas con un nudo en el estómago y los ojos clavados a la pantalla mucho después de que apareciesen los créditos finales. Es comprensible. La cultura audiovisual de nuestra generación está basada en series con desenlaces tan tragicómicos como 'Los Serrano' o tan random como el de 'Lost'. No estábamos preparados para los niveles de ansiedad que nos provocó la última escena emitida de The Handsmaid’s Tale, una serie que se ha transformado en un fenómeno de masas.

La adaptación televisiva de la novela de Margaret Atwood engancha a pesar de parte de una premisa aparentemente inverosímil: en la teocracia de Gilead las mujeres han sido despojadas de sus derechos básicos. Tener una cuenta bancaria, un trabajo o sexo satisfactorio son lujos inaccesibles para todas. Para las mujeres fértiles la vida se complica más si cabe: están condenadas a servir como vientres de alquiler para los líderes del régimen, que buscan apuntalar su control en mitad de una crisis de natalidad sin precedentes.

La realidad supera a la ficción

A pesar de ser un producto distópico, parte de su éxito radica precisamente en la maestría con la que traza paralelismos con la actualidad.  "No nos despertamos cuando masacraron el Congreso. Tampoco cuando culparon a los terroristas y suspendieron la Constitución", dice Defred, la criada protagonista de la serie, para explicar cómo han llegado a esa situación. El discurso, que recuerda al famoso poema atribuido a Bertolt Brecht, resulta siniestramente familiar. “Políticamente es muy verosímil, conecta muy bien con la era de Donald Trump”, apunta María Castejón, doctora en Historia y especialista en representaciones de género en el mundo audiovisual.

De hecho, aunque la novela fue escrita en 1985, la adaptación emitida por HBO llegó poco después de que el presidente estadounidense afirmase que las mujeres que abortan merecen ser castigadas penalmente. "Esta serie ha trascendido la ficción y se ha convertido en un símbolo. En Washington hay mujeres que se han vestido con los trajes de las criadas para protestar contra las políticas de Trump", argumenta Castejón. The Handsmaid's Tale es más que una ficción televisiva, es el reflejo de un momento histórico convulso en el que temas como el fanatismo religioso, la gestación subrogada o los derechos de las mujeres copan los telediarios.

Mensaje feminista

En Gilead las mujeres batallan por subsistir, organizadas en una pirámide social opresiva. En la base están las criadas, que una vez al mes deben someterse al infame ritual de ser violadas por el amo de sus casas para tratar de engendrar niños. Las 'Marthas', estériles, quedan relegadas a tareas del hogar y trabajan como sirvientes domésticas. Las 'Tías' son las guardianas encargadas de adoctrinar a las criadas y mantener intacto el régimen patriarcal. Incluso las esposas de los comandantes, aparentemente privilegiadas, asumen con docilidad las infidelidades de sus maridos para mantener su estatus. El sistema se mantiene como un engranaje perfecto porque todas están atomizadas. No existen redes de solidaridad entre ellas, sino que se vigilan las unas a las otras.

Imagen relacionada

"[Las criadas] siempre vamos en parejas. Se supone que es para protegernos, aunque se trata de una idea absurda: ya estamos bien protegidas. La realidad es que ella es mi espía y yo la suya. Si una de las dos comete un desliz en el paseo diario, la otra carga con la responsabilidad", reflexiona Defred en la novela. Como en cualquier régimen dictatorial, el miedo es el cemento que mantiene unida la sociedad. Y, sin embargo, se resquebraja cuando las protagonistas cooperan entre sí. Ocurre una única vez, al final de la primera temporada, pero marca un punto de inflexión en la serie. Las criadas se rebelan contra su destino y se niegan a lapidar a Janine, una compañera que ha intentado suicidarse. Y descubren que juntas no se sienten temerosas, sino invencibles.

Despejar las incógnitas

¿Qué ocurrirá tras este acto de rebelión colectiva? En la última escena emitida, un furgón oscuro se presenta en la puerta de la casa de Defred, para llevársela. “No tengo forma de saber si esto es mi fin o un nuevo comienzo. Me he puesto en manos de desconocidos", narra el personaje magistralmente interpretado por Elisabeth Moss. Lo que pasará a partir de ahí no podemos saberlo hasta el día 26, porque el libro de Atwood acaba exactamente en el mismo punto en el que lo hace la temporada anterior. Ahora los creadores de la serie se enfrentan al reto de expandir el universo literario de la novela y de estar a la altura del hype creado.

De momento, por el tráiler de la segunda temporada podemos intuir algunas líneas narrativas. Defred sobrevive, aunque ignoramos si logrará reunirse con el resto de su familia. Según las especulaciones, en la nueva temporada el personaje de la madre de la protagonista tendrá un peso importante, tal y como ocurren en el libro. De momento lo único que sabemos con certeza es que los díscolos personajes de Deglen y Janine han sido deportadas a las Colonias, los campos de trabajo de Gilead.

La maestría técnica pervive

Lo que sí adelanta el tráiler es que la impecable factura formal de la serie persiste. Cada escena parece extraída de un cuadro de la escuela flamenca. Los planos simétricos harán las delicias de los amantes de la pulcritud escénica y el uso del color seguirá cargado de simbolismo religioso. Túnicas rojas para las pecadoras criadas, vestidos azules para las esposas de las comandantes, que visten del mismo color que la Virgen María en la iconografía tradicional católica. Cada detalle está mimado en una serie que empatiza estéticamente con una sociedad a la que denuncia moralmente. En esta encrucijada entre el horror y la fascinación se mueven unos personajes femeninos contradictorios y profundamente humanos, con los que resulta sencillo identificarse.

"No hay una heroína pura. En un contexto tan jodido, con tanta vigilancia, cada personaje reacciona de una manera. Unas se vuelven locas, otras resisten", explica Castejón. Cuesta imaginar cómo actuaríamos nosotras. Pero si algo nos ha enseñado The Handmaid's Tale es que ante las injusticias la rabia es mucho más poderosa que la tristeza. Como reza el famoso mantra de la serie, Nolite Te Bastardes Carborundorum. No podemos dejar que esos cabrones nos hagan polvo.

Resultado de imagen de moira gif handmaids tale