La nueva obra de Tamara García Iglesias, seleccionada para la shortlists de los próximos premios Goya, revisa críticamente la representación histórica de la locura femenina a través de archivos cinematográficos y fotográficos del siglo XX.
La voz de Marguerite Duras, interpretada por Manuelle Rippert, opera como un contrapunto literario, íntimo y crítico que sostiene la reflexión de la película. De fondo, las imágenes del cine mudo y de los documentos gráficos permiten entender mejor cómo se consolidaron esos estereotipos que marcaron durante décadas el imaginario cultural de la ‘loca’.
Una pieza audiovisual única, valiente en su experimentalismo y muy necesaria en su análisis, de la que hemos podido hablar largo y tendido con la propia Tamara:
- Antes de nada, el orden de los factores: ¿accediste a la historia de Duras y a las imágenes de los psiquiátricos y ello te inspiró para Locas del Ático o era una idea que ya tenías en mente y buscaste la información a conciencia?
Accedí a través de las imágenes de el estudio de Charcot: unas mujeres que parecían estar haciendo de místicas. Y en esos momentos estaba leyendo El Arrebato de Lol v Stein. Me llamó la atención que ambos son métodos, uno supuestamente cientifico y otro poético.
- ”Él no ha entendido la novela. Porque solo quiere confirmar lo que piensa”. ¿Es esa la mejor manera de describir la relación del hombre con la mujer a lo largo de la historia?
Creo que sí seria una de las maneras. Los autores han tenido, bajo el amparo de la libertad creativa, la posibilidad de escribir personajes femeninos tal y como necesitaban. Por eso muchisimas veces, al mirar una peli, nosotras pensamos “esto no lo haría nunca una tía”. No me refiero solo a escenas sexuales, sino a cómo han visto el cuerpo o la maternidad en las ficciones hasta hace muy poco, cuando empezaron a existir mujeres directoras y guionistas, no como rareza, sino con continuidad, en una industria que hasta ahora no las tenía en cuenta.
- ¿Fue el mal uso del diagnóstico de histeria una consecuencia de la incomprensión de la mujer por parte del hombre o fue un intento deliberado por incapacitarla y dominarla?
Creo que fue una muestra de ego: de la necesidad de un científico de que le reconocieran el mérito de haber definido y estudiado una enfermedad. Nunca se cuestionó, Charcot me refiero, su método para llegar a esa conclusión: nunca pensó en lo que tenían que decir “las enfermas”. Simplemente seleccionó a las “mejores enfermas” como quien selecciona las actrices más “guapas” para su peli. La consecuencia es que todo ese imaginario viajó seguro y tranquilo hasta hoy a través de la imagen. No hace tanto que las “locas” eran representadas en el cine tal y como lo hace Charcot.
- En la actualidad, ¿ves algún instrumento con un uso similar a aquel diagnóstico invalidante?
Sí, por supuesto: la necesidad de ser valoradas, vistas o elegidas por un sistema industrial que no está pensando en ser un reflejo de la realidad, o un elemento crítico narrativo, sino un producto industrial o intelectual que dé dinero. No hay nada en contra de las películas que dan dinero, ni de la industria que dé trabajo, pero se sigue enmascarando con conceptos de “calidad” o “cultura”, que nada tienen que ver. Esa necesidad de que te valore algo que está pensado para usar y tirar es lo mismo que necesitar que te valore una pareja tóxica: no va a ocurrir.
- ¿Qué papel jugó el arte, y especialmente el cine, en expandir aquello de que cualquier desafío a la autoridad masculina por parte de la mujer era automáticamente un síntoma de histeria?
Aunque no soy creyente de la divinidad del cine, ni de su sacralidad, sí veo su poder: hay pelis que ponen de moda ropa, personas, lugares... Es un sistema que transporta imágenes y las asimilamos porque así funcionan las imagénes. Por eso somos capaces de conocer EEUU sin haber estado nunca. Y creo que esta forma de mostrar el castigo, el sufrimiento o el destierro de una mujer que no está dentro del pensamiento patriarcal es un método súper eficaz: muestra a una loca pobre en un manicomio y el miedo se te cuela en el cuerpo. Dile a una mujer la palabra electroshock y, aunque ignoro si se sigue usando, créeme que puede sentir cómo recorre el cuerpo esa posibilidad. Creo que el cine es uno de los métodos mas importantes de compartir el inconsciente. Por eso aunque la palabra histeria pareceriera demodé, su imaginario está completamente vigente.
6. ¿Cómo puede ayudar la reinterpretación de aquellos diagnósticos a la realidad de las mujeres hoy?
Todas hemos visto cómo los parámetros de enfermedad mental se han ido afinando. Pero esos diagnósticos no están para nada lejos: solo hace falta escuchar las experiencias del Patronato de Mujeres. Esas personas hemos sido nosotros, esos seres humanos hemos sido nosotros. Entender cómo funciona un sistema de invalidación es muy importante como protección no solo contra un estado dictarial, sino para el día a día: entender cómo un hombre puede llegar a invalidar tu criterio es vital para nuestra protección.
- ¿Qué supone la inclusión del cortometraje en una shortlist de los Goya?
Pues un alucine. Una peli con una narrativa experimental y perspectiva feminista... no es que sea descreída, he visto cómo ha ido el corto por distinto festivales, pero sería un milagro que pudiese avanzar mucho más: no es un documental al uso, no se desprende de su forma estética para documentar una realidad, y usa métodos propios de la ficción, pero para mí es claramente una No-Ficción. Así que yo lo veo como un regalo inesperado.
- ¿Qué te gustaría que la gente sintiese al ver Locas del ático?
Que se puede reescribir tu historia todas las veces que necesites. Que puedes crearte un cuerpo nuevo todas las veces que quieras. Y que en el volver a reescribirte hay un florecer. Una de las enfermas elegidas por Charcot, Justine, la más fotografiada, escapó de la Salpetierrè disfrazada de hombre y terminó trabajando de actriz en un cabaret de París. Eso es un método de liberación: disfrazarse y aprender a actuar. Me parece muy poético.
