Así es el cine rumano que está triunfando por todas partes

Lleva ya unos años pasando de forma periódica, y hace poco volvía a ocurrir. Tan solo unas semanas atrás, la Berlinale —el festival de cine que acoge la capital alemana— otorgaba su mayor premio a una película rumana. Se titula Touch me not, sigue a unas personas mientras exploran la intimidad de sus cuerpos y se suma a la larga lista de films que vienen de Rumanía y que lo están petando.

Encaramado a la espalda de los Cárpatos, este país de Europa del Este lleva unos años pisando fuerte, hasta el punto de que los cinéfilos han creado un término para hablar del cine que llega de ahí últimamente: la Nueva Ola Rumana —o, si quieres sentirte un auténtico esnob y usar la expresión en su idioma original, Noul val românesc—. Suele considerarse que el movimiento despegó en 2004, cuando el corto Traffic ganó la Palma de Oro en el festival de Cannes:

Traffic (2004) from Maria Dinulescu on Vimeo.

A partir de ahí, apellidos como Puiu, Porimboiu o Mungiu comenzaron a acumular trofeos y medallas para un tipo de cine que ha conquistado a la crítica y a los espectadores festival a festival, certamen tras certamen. “La Nueva Ola de cineastas rumanos es la novedad más apasionante en el cine europeo de los últimos treinta años”. La frase es del crítico del The New York Times Tony Scott, y nos da alguna pista de por qué este cine triunfa allá donde va.

Ofrece algo nuevo, algo atrevido, pero anclado en la realidad. En estas películas se tira hacia el minimalismo narrativo -otra forma de decir que la mayoría de fotogramas avanzan uno tras otro sin que en apariencia esté pasando nada- y se riega todo con humor negro. Cristian Puiu, uno de los principales directores de este movimiento espontáneo, transmite este espíritu descarado, pero humilde. “Cuando realmente eres un experto en algo, tus dudas son enormes... no sabes por qué las cosas salen bien”, dice en un discurso donde explica su arte.

Hasta aquí todo muy bien, muy teórico... pero podrías pensar “¿y si quiero lanzarme a la piscina del cine rumano? ¿Y si quiero experimentar en mi propia piel todas estas sensaciones de las que habláis?” Ningún problema: a continuación, acompáñanos a un tour por lo mejor de esta filmografía. Cinco películas que al principio te pueden parecer extrañas o lentas, pero que te van enamorando plano a plano.

La muerte del señor Lazarescu (Cristi Puiu, 2005)

Después del corto Trafic, esta fue la película que lo empezó todo. Ganadora del premio a Mejor Película en la sección Un Certain Regard de Cannes, se trata de una ¿comedia? negrísima sobre un anciano que se muere. Sí, ese es básicamente el argumento. Un señor mayor moribundo -el Lazarescu del título- que es zarandeado por la burocracia arriba y abajo, por hospitales incompetentes y trabajadores de la Salud que, más que curarle, desean que deje de ser su problema.

4 meses, 3 semanas, 2 días (Cristian Mungiu, 2007)

Una cuenta atrás escalofriante y una angustia que crece a medida que pasa el tiempo. En 4 meses, 3 semanas y 2 días se cuenta la tenebrosa, pero realista historia de dos amigas: Gabita, que está embarazada y quiere abortar, y Otilia, que quiere ayudarle a hacerlo. Como todo esto ocurre en los últimos años del comunismo en Rumanía, no será tan fácil: la búsqueda de las dos jóvenes las llevará a vivir una pesadilla durísima y desoladora.

12:08 Al este de Bucarest (Corneliu Porumboiu, 2006)

A las 12:08 del 22 de diciembre de 1989, terminó el comunismo en Rumanía. Esa fue la hora en que el director Nicolae Ceauşescu salió huyendo, y en esta película se trata este tema -uno recurrente en el nuevo cine rumano- con sarcasmo y -de nuevo- humor negro.  Alejado de los relatos épicos y de las grandes palabras, aquí el director pone el foco en una pequeña ciudad -Vaslui- donde un grupo de personajes rememoran esa fecha histórica.

Los exámenes (Cristian Mungiu, 2016)

Otra vez Mungiu, y otra vez una joven víctima de un drama. En esta ocasión, la hija de un médico obsesionado con que ella pueda marcharse a estudiar en Inglaterra. Justo antes del último examen, sin embargo, la chica es violada en plena calle. Todo parece desmoronarse entre la joven que sufre y el padre que hace lo posible por que ella siga el camino trazado por él: todo ello dibuja, como decía el crítico de El Mundo, Luis Martínez, “una delicada pieza de relojería muy cerca del desasosiego”.

Crulic, camino al más allá (Anca Damian, 2011)

Terminamos este repaso al nuevo cine rumano con una película única: es un documental, sí, y también es el primer film de animación rumano en 20 años. Crulic se construye con dibujos, pero no puede estar más lejos de ser un cuento infantil. Narra el caso real de Claudiu Crulic, un ciudadano rumano detenido injustamente en Polonia que murió tras declararse en huelga de hambre. No es raro que Jordi Costa la describiera en El País como “inquietante y poderosa”. Un broche perfecto al repaso de un cine que, por su naturaleza única y su humanidad, se ha hecho un hueco en el corazón de los cinéfilos. ¿Es tiempo de darle una oportunidad?