La Chica Del Tren O Cuando Observar La Vida De Los Demás Se Convierte En Obsesión

Aunque a veces cueste reconocerlo, las vidas ajenas tienen un componente fascinante y a muchos les gusta observarlas. Hay situaciones embaucadoras a nuestro alrededor que  llaman nuestra atención y la retienen, en parte por un componente voyeurista y por querer conocer algo más sobre el momento para satisfacer nuestros propios deseos.

En La Chica del Tren nos encontramos con este tipo de situaciones hipnóticas, con unos ingredientes a modo ‘thriller’ que van a traer muchos recuerdos cinematográficos a nuestra cabeza, además de imágenes cercanas como la de ese vecino nuestro que nunca baja la persiana o esas sombras que siempre se mueven en la finca de al lado.

El libro

Un best-seller como La Chica del Tren suele triunfar por una lectura ligera y una historia que engancha, ya sea un posible asesinato o una protagonista cuya vida es tan interesante como previsiblemente desdichada. Estos elementos los veremos también en la película que dirige Tate Taylor, un cineasta que ya nos cautivó con Criadas y Señoras, pero que se aleja mucho de ese registro para contar el thriller de Rachel a través de una ventanilla. Ella es una mujer recién divorciada y con problemas con la bebida que recupera cierto interés por la vida observando (y creando) una historia desde su tren, ese coge cada día a las 8:04 para ir al trabajo.

Referentes y Voyeurismo

Esta obsesión por la vida de un desconocido nos ha recordado a La Ventana Indiscreta de Alfred Hitchcock. Aunque el filme del director inglés se estrenó en 1954, su historia no caduca y en La Chica del tren veremos cómo Emily Blunt es nuestra James Stewart del siglo XXI. Hay que salvar las distancias porque este genio del suspense es inalcanzable, pero la pasión hipnótica por observar a otras personas también la hemos vivido en Open Windows, El fotógrafo del pánico o Sexo, mentiras y cintas de vídeo, películas que funcionan como referentes y que recomendamos para todos aquellos que se hayan cansado de espiar a los vecinos de enfrente por las noches.

Emily Blunt Codigo Nuevo

Entretenimiento y empatía

Si la novela La Chica del Tren ha sido un éxito mundial es en gran parte por la manera de relatar de Paula Hawkins y por hacer del entretenimiento su método para engancharnos. La película, por su parte, mezcla la acción con una buena dosis de sexo y tensión para los morbosos.

El personaje de Rachel puede producirte desde sentimientos de cercanía hasta un rechazo máximo, como ha dicho la autora en una entrevista: “¡No todo el mundo siente empatía por Rachel! Es un personaje que provoca bastantes divisiones, hay quien la encuentra frustrante. Sin embargo, para mí es simplemente una persona normal cuya vida ha ido terriblemente mal, y creo que mucha gente puede reconocer lo fácil y repentinamente que se puede caer en desgracia”.

Giros en el guión

Como en todo buen thriller, la historia sacude el pensamiento del espectador e intenta sorprenderle cuando menos se lo espera. Hitchcock defendía el suspense frente a la sorpresa, elementos entremezclados en La Chica del Tren con una trama enrevesada y que se va tensando por momentos, siempre con la idea de ir lanzando pistas para elucubrar sobre lo que pasa junto a las vías. Es posible que algunos fans del libro se sientan decepcionados, porque como en muchas adaptaciones cinematográficas el guión no puede tener la estructura ni la profundidad de la novela. Aun así y como le pasa a Rachel, va a ser difícil dejar de mirar por las ventanillas de un tren buscando esa historia que nos salve de la rutina.