Carta A Los Fabricantes De Ropa: "¿Os Ponéis De Acuerdo Con Las Tallas O Qué Pasa?"

Queridos fabricantes de ropa,

Hasta el remolino me tenéis. Osea, que yo adoro salir de compras y disfruto mucho cuando me permito el lujo de darme un garbeo por vuestras tiendas en busca de algo que le quede bien a mi body pero, permitidme esta pregunta: ¿por qué todas mis visitas acaban convirtiéndose en una yinkana de humor amarillo?

¿POR QUE?

Cada vez que salgo a comprar me hacéis pasar por dos procesos físicos y emocionales. Uno, el conseguir dinero suficiente como para permitirme al menos, entrar en una tienda y la otra, una vez dentro, intentando averiguar qué talla de ropa me toca ESTA VEZ. 

Amigos fabricantes de ropa, me hundís. No entiendo por qué entrar al probador tiene que ser como un concurso de televisión en el que la pregunta es "¿CUAL SERÁ MI TALLA?" Porque vivo con miedo, ¿sabéis? Miedo a no saber qué me espera cada vez. Miedo a equivocarme. Miedo a no salir de ahí igual que entré. ¿Será la 36 la que mejor me venga? ¿Será la 40? ¿Será la 42? ¿Será que me estoy volviendo loca o será que lleváis un puto lío del que ni vosotros os aclaráis?

Al final, claro, imaginaos. Ya me veis a mi correteando por toda la tienda de ropa mirando de reojo cada prenda y pensando: ¿señor, estaré yo cogiendo la talla correcta? Y muy valiente y muy digna levanto la cabeza con orgullo y me arriesgo mientras pienso que estoy haciendo lo correcto al coger la que creo que es mi talla de toda la vida.

Pero no. Fallo. Entro en el probador y miro mi reflejo en ese espejo tan de mentira que me hace parecer más delgada y aunque por un momento veo la luz, me desnudo, me pruebo lo que he cogido y de nueva esa sensación: MIERDA.

¿Por qué en algunas tiendas queréis que sea Barbie y en otras que parezca que me he comido varias de ellas?

¿Por qué vais a dónde más duele?

¿Por qué nos torturáis?

Yo entiendo que es complicado atinar, que somos muchas, y que si las prendas salen deformes, pues ya alguien se las llevará pero, ¿por qué no jugáis limpio? ¿Qué tiene de malo hacer las 34 como las 34 y las 42 como las 42 sin tener que apelar a tu madre y su ojo de águila?

Porque esa es otra. Ellas sí que son las únicas que pueden decirte desde lejos que eso "no te da la talla". No como vuestras dependientas que aunque son muy majas yo me sé todos sus trucos y nos engañan diciendo: "eso te está muy bien, cari". ¿Pero tú me has visto alma de mi vida? Si parezco una albóndiga apretada (pero sexy, ¿eh?) a la que le acaban de arrancar las ganas de todo mientras piensa: ¡JAMÁS ENCONTRARÉ MI TALLA! JAMÁS TE PODRÉ COMPRAR ¡SOY DEFORME!

Algún día os daréis cuenta de todo lo que tenemos que hacer y este es el primer paso. Mi forma de reivindicar que queremos y necesitamos tallajes normales sin que cada una de mis salidas impliquen cien viajes al probador que convalidan 10 sesiones de gimnasio por la sesión de gota gorda que nos echamos.

Porque os gusta jugar con nuestro tiempo y confundirnos, recordándonos que no somos pudientes pero sí somos como Hulk, que el volumen de nuestro cuerpo cambia en función de vuestro estado de ánimo. Así que por esto y por mucho más...

¿Sabéis qué? Que os den. En xs, en s, en m, en l, en xl y en xxl.