Carta al cerdo de mi compañero de piso

Querido cerdo,

Soy tu compañera de piso, esa que sobrevive entre toda esa mierda que generas sin control y te escribo para decirte un par de cositas. En primer lugar, me gustaría que quedara claro que el síndrome de Diógenes comparado con tu capacidad de acumulación de porquería es una bendición y estoy segura de que incluso Blancanieves, esa mujer que llega a una cabaña en el bosque y lo primero que hace es coger la fregona, a ti directamente te la haría tragar.

Siento informarte de que no eres Harry Potter y no haces desaparecer los cacharros del fregadero con la mente. Lo hago yo cuando siento que en cualquier momento esa sartén que lleva semanas acumulando moho va a cobrar vida. Sé que tienes una técnica: cuando algo se queda más de tres días en la pila, deja de ser tuyo, ¿no?: “Mmmm, no esa cacerola no es mía”. Te he pillado. La próxima vez pienso hacer fotos mientras cocinas, comes y dejas la olla en el fregadero. Así tendré pruebas.

Tampoco eres Hansel y Gretel  para tener que ir dejando tu rastro por toda la casa. Así que el vaso encima de la mesa del salón, el sobrecito de poleo en la encimera y el rollo de papel higiénico acabado son innecesarios para facilitar tu búsqueda. El olor de tu habitación te acompaña siempre. Sí, esa habitación en la que no entra aire puro desde que llegaste.

¿Cuál es tu objetivo, estás tratando de crear una particular y asquerosa biosfera? ¿Eres feliz en tu planeta llamado caca? Mira, te aprecio. O te apreciaba cuando no había tenido el placer de conocer tus cochinas costumbres. Pero desde que llegaste me has estado jurando y perjurando que limpiabas cuando era tu turno, pero en realidad no sabes ni a qué huele el fregasuelos. Así que no me extraña que te hayas inmunizado al hedor de la carne podrida, ese que emerge desde tu estante de la nevera cada vez que la abres.

Estoy empezando a pensar que eres de los que le das la vuelta a los calzoncillos, porque ya he visto que consideras las sábanas bajeras un estorbo, y que esparcir las migas mientras cenas en el sofá es una de tus aficiones favoritas. Creo que incluso consideras que los pelos en el baño son un bonito elemento decorativo.

Por último me gustaría decirte que no, tampoco eres Superman, y no te has inmunizado ante las bacterias y los ácaros entre los que vives y con los que a mí también me ha tocado convivir. Estoy segura de que un día se pondrán todos de acuerdo para atacarte y morirás atragantado con tu propia mierda. Pero yo no estaré ahí para verlo, porque he llamado al casero y hemos decidido mandarte a un centro de desintoxicación de cerdos en el que te puedas poner en tratamiento e intentar salir de ahí. En el peor de los casos seguirás siendo como eres, pero al menos convivirás con los de tu especie y no nos obligarás a los demás a retozar en tu cloaca.

Con rencor,

Tu excompañera de piso