'Brillo', la novela que retrata nuestra juventud y que le encanta a Obama

El debut de Raven Leilani es retrata con un humor crudo los ejes de raza, género y clase que atraviesan a la juventud actual

Los 20 seguramente son una de las épocas más confusas de la vida, si no que se lo pregunten a Edie, una joven negra de 23 años, que acabada enrollada con Eric, un hombre que roza los 40 y que está casado y tiene una hija. Antes de que cierres la ventana y vuelvas a mirar vídeos de Tiktok, te aviso que esta no es la típica historia que ya hemos visto (cuanto daño hizo Federico Moccia). Ni novela romántica ni relato victimista: Raven Leilani utiliza el affair, y la posterior relación que Edie tendrá con la esposa de Eric, Rebecca, y también su hija, Akila, como las coordenadas desde donde plasmar con una ironía descarnada las desigualdades de poder de género, raza y clase de nuestra actualidad.

A pesar de ser publicado en el 2020 y convertirse en uno de los libros favoritos de Barack Obama, Brillo (Luster) no ha llegado a España hasta ahora y lo ha hecho gracias a Blackie Books. A pesar de la particularidad de la historia de Edie, no es difícil verse reflejadx en muchas de las situaciones que vive en su día a día, especialmente por lo que respecta a expectativas generacionales frustradas y gestión emocional. Como muchos jóvenes, Edie ha acabado en un curro que no le gusta, que no tiene nada que ver con su pasión -que es pintar-, y cobrando un sueldo mísero que solo le da para una paupérrima habitación en un barrio periférico de Nueva York que comparte con otra chica y con un montón de cucarachas. ¿Nos va sonando algo esto, no?

Con una narrativa ágil y un humor ácido, Leilani va mostrando el suelo pegajoso del que es difícil escapar siendo mujer, pobre y negra. Las diferencias de poder se hacen palpables des de la primera página, cuando Edie y Eric están chateando y él le indica como mejorar determinados apartados de su Linkedin. Y esto a ella le encanta, igual que su seguridad y su experiencia. Ay, la experiencia. Cuando empieza con Eric (después de meses chateando y sin haberse visto en persona) nuestra protagonista ya carga con un buen puñado de malas decisiones sexuales, la mayoría con compañeros del curro y que al parecer, le han valido algún aviso.

En un inesperado giro de guión, Edie acaba conviviendo bajo el mismo techo que Eric y su familia. De hecho es la propia esposa de Edie, Rebecca, es quien la acoge de un modo extraño cuando esta pierde el trabajo y la habitación donde vivía. Es ahí cuando Edie pasa a vislumbrar la cotidianidad de la familia y conoce a la “esposa” ese ente muchas veces flotante y olvidado en este tipo de historias. Con Rebecca, establece una especie de relación de simpatía, incluso sorora. De la misma manera, con Akila, la hija negra adoptada, consigue conectar y mostrar lo que es ser negra a través de problemas aparentemente cuotidianos, pero que trascienden su identidad, como es el cuidado del cabello. 

Así pasan los días, mientras Edie pinta por las noches, rememora su complicado pasado con su difunta madre exadicta, lidia con la relación tensa-agradable con Rebecca, se acerca a Akila y, en un remate final que casi se podría considerar un giro copernicano, desmitifica Eric. Con un solo martillazo hace añicos esa imagen con la que a veces se entroniza a los hombres blancos adultos, con un trabajo estable y una casa bonita, una especie de institución que impresiona y hace que muchxs nos sintamos pequeñas en su comparación. De este modo, afirma Edie (o Leilani) lo que es una puta maravilla no es un hombre que lleva 38 años pagando la factura del gas, sino tener 23 años, ser precaria, negra, mujer, aguantar a los “neonazis de nuevo cuño” y seguir viva.