'Booksmart': a las chicas no solo nos preocupan los chicos

Si las películas no estuvieran solo escritas por hombres no nos representarían como nos representan, como demuestra la opera prima de Olivia Wilde

La primera vez que vi a Lizzie McGuire diciendo que Kate Sanders había sido su amiga hasta que se compró un sujetador, me sorprendió la jerarquización que podía generar una simple prenda de ropa. Mis amigas con más pecho que yo nunca me dejaron de lado. Si fuera un extraterrestre sin experiencia humana en una escuela, habría pensado que aquel ritual era algo real, cuando en realidad no era más que una fantasía escrita por gente que no tiene ni idea de los códigos de las chicas adolescentes.

Si eres mujer y naciste en los 70, 80 o 90, esta historia te sonará familiar: pasé una adolescencia sin referentes, o por lo menos sin los adecuados. Disney Channel, MTV o los programas de la tele en abierto eran totalmente incapaces de satisfacer las inquietudes y dudas que yo tenía. La vida siempre se abre paso de forma forzosa, y gracias a amigas que eran hijas únicas y siempre se salían con la suya, siempre conseguíamos comprar la Loka clandestinamente. Ahora entiendo que sus problemáticas nos desinformaban más que aportar gran cosa.

Veía Gossip Girl esperando que aquellos chavales millonarios que se emborrachaban con champán y mantenían relaciones en la parte de atrás de limusinas me enseñasen algo sobre mi propia vida, aunque sus preocupaciones eran las bufandas de Burberry, liarse con sus profesores o que sus parejas le hayan puesto los cuernos durante el viaje a la Toscana italiana del último verano. Las mías, por otro lado, eran: mi madre me corta el tiempo para chatear con mis amigos, no saber si “ser emo” es la personalidad que busco, el chico que me gusta este mes no me hace caso. Cuando lo que vemos no se adapta a nuestras inquietudes acabamos añadiendo los problemas de otra gente a los nuestros. Y las chicas hemos crecido preocupándonos demasiado por cosas que hombres —siempre hombres— han escrito pensando que eso es lo que nos debería importar: los propios hombres.

Booksmart, por y para mujeres

En Booksmart, Amy y Molly nacen en nuestro mismo universo: un mundo en el que tienes que construir tu propia historia en función de las "categorías" que te imponen los medios. Es decir, tienes la necesidad de ponerte etiquetas para encontrar tu lugar. En este bufet libre de personalidades, ellas han escogido el menú de ser las empollonas de  la clase. El día antes de graduarse descubren el significado del acrónimo que se ha puesto de moda en los últimos años a través de Urban Dictionary: FOMO (Fear of Missing Out), esa sensación que hace que vayas a todos los conciertos, a todos los eventos y a todas las fiestas, aquella vocecita que te dice que si te quedas en casa vas a perder la oportunidad a estar conectada a aquello que todos los demás están haciendo.

La película pasa durante la noche previa a la graduación escolar, justo antes de ir a la universidad, un momento cargado de simbolismo (la entrada a la vida adulta). Amy y Molly comienzan una odisea por la ciudad con el objetivo de llegar a una fiesta en la que se encuentran sus compañeros de clase, dispuestas a pasarlo bien por primera vez antes de entrar en esta nueva fase de sus vidas. Durante este coming-of-age van conociendo a diferentes personajes que les ayudan en su aventura porque, siendo realistas, lo de Ulises no es nada comparado con intentar encontrar a tus amigos borrachos de fiesta.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La película está dirigida por Olivia Wilde y esto es importante por dos razones. Primero, porque ha pasado de ser la mujer florero en House a llevar a cabo historias que importan. Segundo, por la representación que es capaz de hacer, de mujer a mujeres, de todos sus personajes femeninos. Wilde ha conseguido en su primer film lo que muchos directores hombres llevan intentando años: que sus personajes femeninos no sean unos pegotes planos y clichés con patas y que además caigan simpáticas.

Me pregunto por qué será. En su universo hay espacio para relaciones entre mujeres, de amistad y románticas. Compañeras LBT estarán de acuerdo con que estar ahí esperando cuatro años a saludar a la crush incómodamente mientras esperas a que por arte de la telepatía se dé cuenta de que te gusta es la representación más acertada de una relación lésbica que han visto nunca.

Además, Wilde impuso la política de “No assholes” en el rodaje. Por esto, la película transmite la energía de que aquello que estamos viendo es simplemente un montón de gente pasándoselo muy bien, abrazando sus inseguridades y dando espacio al desarrollo de personajes memorables como Gigi (Billie Lourd).

Booksmart representa lo que decía la gran filósofa de nuestra época Sharpay Evans en High School Musical. En 2006, la película inculcaba a los adolescentes millennials que uno podía amar el baloncesto y también amar el teatro. Y a pesar de que el mensaje se quedó un poco perdido entre temazos y fangirls que se centraban en lo sexy que era su peinado cazuela en ese entonces, nos han dejado la idea de que los personajes tienen que ser profundos. Aquí, las diferentes facetas de los personajes secundarios se van mostrando a medida que avanza la noche desmontando la imagen de “típica película de institutos” que parece dar al principio.

Es también imposible ignorar las similitudes con el hit del 2007 Supersalidos, desde la trama, al parecido al título en español (Superempollonas). Como guiño y guinda recordamos que Beanie Feldstein, actriz que hace de Molly, es la propia hermana de Jonah Hill. Partiendo de ello, es muy inteligente cómo se consigue que un género tan propiamente masculino se lleve al terreno femenino sin hacer así una peli de hombres para mujeres

Historias para las niñas del futuro

A poco de salir Star Wars: The Force Awakens (la primera de la última trilogía, para los que no nos aclaramos por los nombres) leía en Twitter a una madre de dos (niño y niña) que contaba que cada vez que iban al cine a ver películas de acción su hijo salía absolutamente empoderado con lo que acababa de ver. Esta vez sin embargo, con Rey (Daisy Ridley) al mando, era ella la que estaba entusiasmada y probablemente planeando el disfraz de Halloween para los siguientes 4 años.

Habiendo encontrado mis heroínas y protagonistas en los recovecos más inhóspitos de la cultura pop, se me calienta el corazón cuando me encuentro con películas como Booksmart. Por suerte, no es la única: 8th Grade, Mujercitas o Lady Bird marcan la diferencia y con su éxito promueven que se sigan haciendo más historias así. Historias que digan a las chicas de 16 años de todo tipo que cuando sean mayores su primer beso o su primer novio les dará absolutamente igual, que a veces “girls just wanna have fun”.